GARUM. FRAGMENTO DE “NON PLUS ULTRA ASALTO A LAS COLUMNAS DE HÉRCULES “DE ANTONIO S. ILLESCAS

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¡Ah el gárum!, esa exquisita salsa, indispensable para el condumio de carnes y pescados y condimento de reconocido prestigio entre ciudades de tan dispar nacionalidad. La génesis de su preparación no podía ser obra más que del ingenio de las mujeres de los sacrificados remeros gadiritas a quienes ante la escasez de víveres durante sus largas travesías, sólo se les permitía gustar a bordo de los restos del pescado más ruin. Cuando a éstos añadieron los conservantes aconsejados por sus mujeres, a base de sal y vinagre de vino, del propio que una vez agriado era dado a beber a los esclavos, muchos empezaron a pasar menos hambre que sus superiores al mando. Pero lo prefirieron antes que rebajarse a probar el invento de las mujeres de unos remeros.

Sin embargo, cuando un trajinante griego con menos prejuicios observó esta mezcla en el puerto de Massilia, se le ocurrió empezar   a usar y distribuir este método de conservación entre su tripulación y, enterados en Gádir, tuvieron que liberar de la esclavitud a familias enteras para que sus mujeres empezasen a considerar libremente la mejora de su invento, a las que se les proporcionó los ingredientes más difíciles de obtener  y reunir para que, usando de su humilde sabiduría, diesen con el conservante más perfecto y exquisito.

Cuando comprendieron que no podían prescindir del vinagre, se encontraron con unas vísceras disueltas y maceradas con especias que no podían servir de otra cosa más que de salsa para condimentar. Así fue como empezó a degustarse entre las clases más pudientes y así es como el secreto de su elaboración sigue estando en manos de unos pocos herederos de aquellas familias esclavas de Gádir.

Y así es como por este motivo, su fabricación sigue dependiendo del buen hacer de unos pocos hombres y mujeres a los que se adiestra para ello, en dedicación exclusiva.

Ser fabricante de gárum en Gádir era sinónimo de una vida tranquila y cómoda. Ser comerciante de esta misma salsa, sinónimo de una vida próspera y una rica hacienda familiar. Pero tener el raro privilegio de degustar esta salsa de manjares era un inapreciable regalo para la voluptuosa sensualidad del paladar.

Mi próxima entrada será: ¿Por qué el Laocoonte  es la imagen de mi blog?

 

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