QUERIDA MADRE:

Hace unos día escribí sobre los movimientos migratorios a lo largo de la historia. Independientemente de la época que haya sido, el desgarro y el dolor de romper con tu tierra, familia o costumbres siempre ha tenido que ser muy triste.

Querida madre:

Ha llegado el momento de partir y no encuentro las fuerzas para despedirme de ti. Anoche te abracé hasta casi romperte y sé que si hoy vuelvo a hacerlo, no podré marchar.

Sigo sin entender, por mucho que me lo expliques, que no quieras venir con nosotros. Tú siempre argumentas que alguien tiene que quedarse para cuidar a los enfermos y tullidos y que no quieres ser un lastre para nosotros. Tú nunca serías un lastre y en cualquier caso, prefiero tu carga que marcharme sin ti, pero no te puedo llevar a rastras y tú ya has decido.

Tengo miedo. Sabemos que el enemigo entrará en nuestra tierra y lo arrasará todo. No puedo ni pensarlo madre. El corazón lo tengo roto en mil pedazos. Sé que tengo que partir pensando en mis hijos, pero abandonarte a ti, pensar que jamás podré oír tu voz, sentir tu consuelo apoyada sobre tu regazo, escuchar tu risa…No, madre, mi mente no puede imaginar que eso pueda ocurrir.

¡Oh madre! Me duele el pecho, nunca entenderé por qué tengo que dejar todo lo que amo: mi tierra, recuerdos, costumbres y recorrer un largo camino, subiendo y bajando montañas, atravesando interminable valles, cruzando ríos y llegar a un mar que me llena de terror y hacer todo eso con mis niños, huyendo de las masacres y las guerras.

Según nos han contado llegaremos a tierras donde seremos acogidos ¿Tú crees que seremos acogido? Somos muchos y llevamos en nuestras mochilas, nuestro idioma y costumbres ¿Tú crees que nuestros hijos podrán crecer en otras tierras y podrán recordar quiénes son y de dónde vienen?

Lo siento madre, no quiero llenarte con mis miedos, pero en este momento no puedo expresar otra cosa. Estoy derrotada y casi preferiría morir. Si no fuera porque tengo la obligación por mis niños, nunca habría pasado por mi mente abandonar nuestro pueblo.

¿Sabes? No siento odio contra los que están haciendo esto con nuestra gente, pero siento tanto dolor y tanta rabia, que la cabeza parece que se va a romper de un momento a otro, para acompañar al corazón, que lleva roto mucho tiempo.

Bueno madre, ya ha llegado la hora, tengo que vivir este desagradable presente, porque me han robado mi pasado y el futuro.

Sólo espero que alguna vez nos podamos volver a ver, que esta pesadilla termine y abrazarte… y llorar contigo de alegría. No puedo decir adiós, sólo hasta luego.

Tu hija que te ama

Autora: Esperanza Varo

Mi próxima entrada será “Las brujas en Hondarribia”

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