MARÍA TERESA DE AUSTRIA, ABUELA DEL PRIMER BORBÓN DE ESPAÑA

Cuando visité Hondarríbia y San Juan de Luz, pude ver los edificios donde la infanta María Teresa, hija del rey Felipe IV, se casó, por poderes primero y en presencial, tres días más tarde, con el rey Luis XIV de Francia, sentando las bases para que España acabara siendo gobernada por los Borbones.

La verdad es que imaginar a la que apenas era una niña, obligada a realizar un matrimonio de conveniencia política, siempre impresiona.

NACIMIENTO Y PRIMEROS AÑOS EN EL ESCORIALel-escorial

Nace María Teresa como infanta de España en el Real Monasterio de El Escorial el 20 de septiembre de 1638. Hija del rey Felipe IV de España y de su primera esposa la princesa Isabel de Francia era por parte de madre, la nieta del rey Enrique IV de Francia y a su vez hermana del rey Carlos II de España

DECISIÓN DE QUE SE CASARA CON LUIS XIV DE FRANCIA

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La tragedia pronto visitó a la infanta María Teresa. La muerte, primero de su madre, con apenas cuarenta y un años, y después de su hermano, víctima de una severísima viruela que le deformaría y le provocaría una agonía indescriptible.

Pero la muerte del príncipe de Asturias no sólo fue una tragedia para la familia real, sino que además significó la inestabilidad dinástica de España. El aparato del estado se puso en marcha para que el Rey volviera a contraer nupcias y engendrara un heredero varón para el trono. No tardaría mucho Felipe IV en encontrar una sustituta a la madre de María Teresa. La elegida sería la archiduquesa Mariana de Austria. María Teresa seguiría siendo Princesa de Asturias hasta el nacimiento del primer hijo varón de los reyes, el príncipe Felipe Próspero (1657-1661), quien, tras su muerte, sería sustituido en el puesto por el futuro Carlos II.

El hecho de que naciera Felipe Próspero supuso que María Teresa dejara de ser heredera directa del vasto imperio español. Así, dieron comienzo una serie de intensas negociaciones entre los gobiernos español y francés que cristalizarían en un acuerdo y, de hecho, en el fin del conflicto bélico que enfrentaba a ambas naciones desde 1618 y que ha pasado a la historia con la denominación de la Guerra de los Treinta Años. Con el fin de evitar que María Teresa ambicionara el trono español en un futuro, el acuerdo establecía la renuncia de aquella a la corona hispana, a cambio de una generosa dote –, 500.000 escudos franceses, enorme en la época, que jamás llegaría a manos de María Teresa, ya que las arcas del estado español se encontraban en una situación calamitosa tras décadas de guerra en el continente europeo.

LA PAZ DE LOS PIRINEOS

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Después de siglo y medio de continuas guerras, España y Francia iban a firmar aquí la histórica Paz de los Pirineos, así llamada porque se fijó esta cordillera como línea divisoria entre ambos reinos. El gran acontecimiento marcará el cénit de Fuenterrrabía (Hondarríbia) como plaza diplomática.

Las negociaciones se desarrollaron en un islote en medio del cauce del Bidasoa, en la llamada Isla de los Faisanes, o Isla de la Conferencia, de soberanía compartida. Los vecinos de Fuenterrabía se trasladaron hasta allí, en todo género de embarcaciones, para contemplar las impresionantes comitivas de aquellos grandes señores, con sus casacas bordadas, sus carrozas y sus pelucas empolvadas. En un acto cuya preparación contó con la participación de Velazquez.

Hicieron falta 24 conferencias para limar todos los puntos de fricción. Después de tres meses de interminables reuniones, se firmó la paz, y se cantó un solemne Te Deum en la iglesia de Fuenterrabía.

Los dos grandes tapices del salón de recepciones, en la residencia de Francia en Madrid, evocan la Paz de los Pirineos (1659), principal acontecimiento del reinado de Felipe IV que puso fin a cerca de treinta años de guerra entre Francia y España que habían agotado a ambos países.

Se buscaba sellar esta paz desde 1656 pero no podía ser porque incluía la boda de Luis XIV con María Teresa. Al ser esta la única heredera de Felipe IV hasta el nacimiento, en 1657, de su hermano Felipe Próspero (hijo de Felipe IV y de su segunda esposa, Mariana de Austria), su boda con Luis XIV antes de esa fecha habría aportado el trono de España a Francia, algo que su padre no podía aceptar en modo alguno.

Tras una tregua de dos años, en agosto de 1659, comenzaron las negociaciones entre el cardenal Mazarino y Don Luis de Haro, ministros de Francia y de España respectivamente, que terminarían tres meses más tarde, después de múltiples reuniones en las cuales se intercambiaron retratos y cartas personales entre Felipe IV y su hermana, Ana de Austria,

María Teresa había heredado la elegancia y la distinción de los Habsburgo y el talento y el carácter afable de los Borbones. El Duque de Grammont, que la conoció cuando viajó a Madrid con la embajada para pedir su mano, escribió a Luis XIV alabando su belleza, la blancura de su piel, sus vivos ojos azules, su cabello rubio y su elegancia y añadió: “en cuanto a su cuerpo, no puedo opinar porque llevaba un guardamantas de dos metros de ancho”.

BODA

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La primera boda se celebró por poderes en la iglesia de Fuenterrabía el 3 de junio de 1660. Luis XIV esperaba en San Juan de Luz, donde unos días después debía ratificarse el compromiso con una nueva ceremonia. Todo ello, como se ve, muy propio del gusto barroco, con su gran afición por lo rebuscado, sofisticado y complejo.

El 9 de junio de l660 contrajo matrimonio con Luis XIV de Francia, el llamado Rey Sol, primo-hermano suyo por doble línea.

Otro tapiz recrea la escena de la solemne boda en la iglesia de San Juan de Luz. Aquel día, María Teresa estaba peinada y vestida a la francesa y llevaba un manto de terciopelo azul y violeta con motivos de flores de lis de oro, parecidos a los que cubrían el estrado. En la iglesia se habían levantado “dos altos palios de terciopelo violeta salpicados de flores de lis de oro, y el estrado estaba cubierto de la misma forma, es decir, la alfombra, las sillas y los cojines: todo cubierto de flores de lis de oro… El rey vestía traje negro y no llevaba pedrería alguna.” (Memorias de Madame de Motteville). La reina madre vestía ropaje real y una corona cerrada. Se observa que todos los personajes representados son franceses.

Antes de iniciar la misa, Jean Dolce, obispo de Bayona, llevó al rey el anillo que este entregó a María Teresa. Este es el momento que recoge el tapiz que, al igual que los demás de la serie, se concibió a la gloria del rey Sol, está impregnado de ese aire majestuoso que tanto gustaba al soberano en cuya figura se aprecia la vestimenta ostentosa y una estatura superior a la real.

Charles Le Brun logró transformar la escena de la boda celebrada en una sencilla y pequeña iglesia de pueblo, en un espectáculo grandioso.

Después de la misa, el rey, la reina, la reina madre y el hermano del rey cenaron juntos. Seis días más tarde, la familia real y la Corte abandonaron San Juan de Luz en dirección a Burdeos para alcanzar finalmente París el 26 de agosto de 1660, donde hicieron una solemne entrada.

La inscripción que figura en la bordura del tapiz es la siguiente: Ceremonia del matrimonio de Luis XIV, Rey de Francia y de Navarra, con la serenísima infanta María Teresa de Austria, hija mayor de Felipe IV, rey de España.

A finales de agosto de ese año, los recién casados – María Teresa convertida ya en reina de Francia- llegaban a París, donde eran recibidos con algarabía por las masas enfervorecidas.

MATRIMONIO

 

 

La reina María Teresa llevó una vida de aislamiento y de tristeza durante todo su reinado. Salvo por una breve regencia en 1672, durante la campaña del rey contra Holanda, no desarrolló actividad política alguna.

Las crónicas de la época hablan, sin duda, de que los primeros años de matrimonio entre los Reyes fueron felices e incluso se acentúa el hecho de que el Rey estaba profundamente enamorado de la española, a la que no dejaba sola ni un solo instante. Asimismo, María Teresa pareció encontrar la felicidad en la corte francesa, sobre todo gracias a su suegra y al mismo tiempo tía, Ana de Austria (1601-1666), también de origen español. Este período de bonanza llega a su culminación el 1 de noviembre de 1661, cuando María Teresa da a luz al heredero, el príncipe Luis (1661-1711).

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María Teresa tuvo seis hijos pero sólo sobrevivió Luis, el Gran Delfín. Según la princesa Palatine, la reina María Teresa confesó en su lecho de muerte que solo había conocido un día de auténtica felicidad, tal vez fuera el de su boda.

Sin embargo, a partir del nacimiento de su primer hijo, el Rey comenzó a perder interés por su esposa y a tener relaciones extramatrimoniales varias. La Reina, informada de la deslealtad de su marido, aceptó con resignación y responsabilidad de estado los escarceos del rey e incluso la intensa y duradera relación que éste mantuvo con la marquesa de Montespan (1640-1707). Probablemente desilusionada y deprimida, la reina comenzó a desinteresarse por el día a día de la Corte y a  concentrarse en el juego ( María Teresa era una apasionada de los naipes). El Rey, por su parte, comenzaría una nueva relación con Madame de Maintenon.

María Teresa, completamente desplazada del centro del poder – su papel en la toma de decisiones políticas del Reino de Francia fue prácticamente nulo -, y poco menos que repudiada por su marido, que ya no ocultaba su amor por la de Maintenon, sufrió un decaimiento físico generalizado que se agravaría en julio de 1683. El 30 de julio de ese año, la reina moría en Versalles. Su marido, con quien ya apenas tenía trato, la recordaría con ternura y siempre la describiría como una mujer buena y discreta que jamás le ocasionó problema alguno. Sin embargo, ese mismo año, o según otras fuentes, en 1684, el rey contraería matrimonio secreto con Madame de Maintenon, su gran amor y con quien de hecho compartiría su vida hasta el fin de sus días en 1715.

Dio seis hijos al rey, de los cuales sólo Luis el llamado “Gran Delfín”, la sobrevivió.

ABUELA DEL PRIMER REY BORBÓN DE ESPAÑA

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Años más tarde su nieto, Felipe de Francia, segundo hijo del Gran Delfín, sería proclamado rey de España con el nombre de Felipe V como sucesor de Carlos II, medio hermano menor de María Teresa, que murió sin descendencia.

LEYENDAS

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Existe además una leyenda que dice que la reina tuvo una hija con Nabo, su paje de origen africano. La niña, de nombre Luise Marie Therese, sería oculta en un convento.

En 1695 sucedió un hecho muy extraño y que llamó la atención de toda Francia. El Rey Sol, Luis XIV, entregaba una generosa pensión de por vida a una joven monja negra. De hecho, toda la corte francesa asistió a la ceremonia donde la muchacha pronunció sus votos e ingresaba en el convento de las Hermanas Benedictinas de Moret. ¿Quién era esta joven de color?

Pese a tener su propio séquito de damas, la reina María Teresa empezó a sentirse sola, abandonada y humillada, lo que la condujo a una fuerte depresión y a despreciar ese traicionero ambiente de la corte francesa.

Luis XIV tenía un primo que era Almirante de la marina, el duque Beaufort, quien al volver de uno de sus viajes, trajo consigo un joven pigmeo negro como esclavo y lo presentó en la corte. Percatándose del sufrimiento de María Teresa y con el afán de restaurar una sonrisa en su rostro, el duque le obsequió el esclavo a la reina para su distracción y esparcimiento.

El esclavo fue cristianamente bautizado con el nombre de “Nabo”, y poco a poco fue dando a conocer su personalidad impetuosa, inteligencia y gracia, con lo cual mantenía muy entretenido al círculo de la reina. De hecho, entre la aristocracia francesa se impuso la moda de poseer un esclavo negro, la cual acabó influyendo en los artistas de la época que pintaban los retratos de sus clientes aristócratas con pajes de color.

En 1664 María Teresa estaba embarazada de su tercer hijo, y la mañana del 16 de noviembre comenzó el parto. Fue un alumbramiento difícil que puso en peligro la vida de la reina, pero tras varias horas de cuidados, ésta dio a luz a una pequeña niña negra. Los médicos y cortesanos presentes estaban estupefactos. los galenos intentaron encontrar alguna explicación al insólito suceso, y entre las hipótesis que barajaron estaban el régimen alimenticio de la reina durante su embarazo (ya que tomaba mucho chocolate), el clima, la falta de aire al nacer la niña, etc. Pero a pesar de tan extrañas teorías, todos recordaron a Nabo, el joven esclavo negro que casualmente había fallecido de “manera súbita” hacía pocos meses.

La versión oficial fue que la niña nació frágil y enfermiza y murió al mes y medio, el 26 de diciembre. El doctor Patin, médico y decano de la facultad de medicina, señala en su correspondencia: “la pequeña tuvo convulsiones y murió esta mañana; era débil y delicada, jamás tuvo salud.” Este hecho es recogido por varios cronistas de la época; sin embargo, no se han encontrado relatos de testigos directos de la muerte de la princesa negra.

La prima del rey, Ana Maria Luisa de Orléans, duquesa de Montpensier, al respecto de este incidente, relata en sus memorias:

“El hermano del rey me contó lo difícil de la enfermedad de la reina, de cómo su primer capellán se había desmayado de aflicción, y el príncipe y toda la gente junto con él se habían reído de la cara que puso la reina cuando vio que la hija que había dado a luz, se parecía a un pequeño moro que el señor de Beaufort había traído, que era muy bonito y que siempre estaba con la reina; cuando se dieron cuenta de que su hija se le podía parecer, se lo llevaron, pero ya era demasiado tarde, y le dijeron que la niñita era horrible, que no viviría y que no se lo dijera a la reina porque se moriría.”

María Teresa falleció 20 años después del polémico alumbramiento, en 1683, y 12 años después de su muerte, en 1695, una monja negra tomaba los hábitos en el convento benedictino de Moret. Toda la corte del rey estuvo presente el 15 de octubre en la ceremonia de la lectura de votos por parte de la novicia, y el mismísimo Luis XIV le concedió a la joven una pensión vitalicia de 300 libras, aparte que desde hacía ya 10 años que la Casa Real venía pagando su noviciado.

La joven monja era continuamente visitada por la Marquesa de Maintenon, quien fue la encargada de criar a los hijos bastardos del rey durante algunos años. También eran asiduos visitantes del convento el Gran Delfín Luis, hijo y heredero del Rey Sol, y sus hermanos, los príncipes Luis, duque de Borgoña, y Felipe, duque de Anjou, lo que acrecentaba más las dudas acerca de la identidad de aquella monja negra, a quien la corte le prodigaba tantas atenciones y deferencia.

Cabe destacar que la monja negra se llamaba Luisa María Teresa, es decir, llevaba los nombres de ambos soberanos. La religiosa falleció en 1732.

Historia y patrimonio San Juan de Luz

Guía de Hondarribia

https://es.ambafrance.org/350-aniversario-de-la-Paz-de-los

Memorias de Madame de Motteville

2 comentarios en “MARÍA TERESA DE AUSTRIA, ABUELA DEL PRIMER BORBÓN DE ESPAÑA

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