¿LAS MISMAS OPORTUNIDADES?

Cuando era adolescente pensaba, ilusa de mi,  que las oportunidades eran las mismas para todos, que con el esfuerzo y la determinación todo se podía conseguir. Un día, llegaron a mí estas biografías y tomé consciencia de que las personas somos como las semillas,  por muy buena que sea la semilla, si cae en mal lugar, no conseguirá florecer o lo hará con debilidad.

Sé que lugares como Estados Unidos venden esa igualdad de oportunidades y también es cierto que una minoría lo consigue, pero la realidad es que muchas personas lo tienen muy complicado.

MICHAEL

Watts---1965__element79

Michael nació en agosto de 1965, en una zona de los Ángeles llamada Watt, de ingresos bajos y predominantemente negra. Hay algo especial en el lugar y la época del nacimiento de Michael, no sólo porque nació seis meses después de que su madre comenzara a cumplir prisión, sino porque su nacimiento ocurrió días después de uno de los peores disturbios raciales de la historia de Estados Unidos (un disturbio que fue sólo el primero de unos 300 que surgieron, uno tras otro, durante 1968) Dadas estas circunstancias, tenemos una descripción bastante detallada de los primeros años de Michael, proporcionada por Richard Meyers, de los Ángeles Times.

La madre de Michael se veía forzada a librar una lucha diaria para conseguir dinero y techo para ella y para su hijo, de un año de edad y deficiente mental, cuando fue arrestada y conducida a la cárcel tras una pelea callejera. A pesar de la considerable presión en contra, la madre de Michael, Judy, no renunció a la tutela de su hijo, que había nacido mientras estaba en prisión. Michael y su hermano deficiente fueron separados en diferentes hogares de adopción hasta que Judy pudo hacerse cargo de ellos de forma adecuada. Durante esos tres años en el hogar adoptivo, Michael creció saludable y desarrolló sus gustos y aversiones como cualquier niño pequeño (detestaba los guisantes y que le cortaran el pelo; le encantaban sus juguetes, el perro y los helados; y también le gustaba jugar con las herramientas de su padre adoptivo).

Judy salió de prisión tres años después. Estaba en paro y no tenía un lugar donde vivir. Durante los siguientes diecisiete meses vivió en diez lugares distintos (incluyendo el apartamento de su madre, dos hospicios, el porche trasero de la casa de su padrastro y un vagón). Contó que fue adscrita a un trabajo temporal de un programa gubernamental, y que por un tiempo trabajó como ayudante de la oficina de la libertad condicional. Asimismo se buscó la vida como proxeneta de chapero, lo que le proporcionaba bastante más dinero, pero también una vida que no le servía para ofrecer un hogar a sus hijos. Renunció cuando quedó embarazada otra vez a la edad de 18 años, lo que le obligó a entregarse a la asistencia social y a sus hijos.

Judy estaba feliz cuando le devolvieron a Michael, aunque lloró durante muchos días cuando su hijo gritaba llamando a sus padres adoptivos. Recibió primero un subsidio de asistencia social, como otras 265.221 personas de su zona. Pero la cantidad recibida, a pesar de situarse en el nivel de asistencia más generoso de California, no fue suficiente ni para sus necesidades ni para las de sus tres hijos. Judy y sus tres hijos se vieron forzados a vivir con sus parientes en un apartamento de tres habitaciones que compartían con nueve personas.

Hasta cierto punto, las perspectivas de Judy y de Michael mejoraron cuando Judy se casó con un hombre empleado como conserje. Se mudaron a un apartamento alquilado de unas viviendas de protección oficial. Al igual que muchas madres, Judy amaba a sus hijos e hizo todo lo que pudo por ellos. Michael recuerda que su madre siempre escribía “Te quiero” en la bolsa de la comida cuando empezó a ir al colegio. Ahorraba para comprar regalos de Navidad para sus hijos, y trabajó como voluntaria en el colegio de Michael ayudando en preescolar.

Con su matrimonio, Judy tuvo su cuarto hijo. Pero, como suele ocurrirle a muchos niños pobres, los relativamente buenos tiempos no duraron mucho. El matrimonio de Judy comenzó a romperse y ella volvió a las drogas. A los niños les perseguían ratas en su apartamento, ratas que algunas veces les despertaban por la noche en sus camas. Se cambiaron de casa una vez más, y por enésima vez Judy se quedó sola con sus hijos.

Su nuevo apartamento (situado en uno de los barrios más propensos a la delincuencia y de los más violentos) no era mucho mejor, pero al menos las ratas dejaron de ser un problema. Judy volvió a estar en las listas de asistencia social. En principio, Judy matriculó a Michael en un colegio católico para mantenerlo alejado de la delincuencia y de las pandillas que había en las escuelas públicas, pero aquello no duró mucho. Tanto Judy como Michael se sentían muy mal al ser comparados con los padres y niños de su nueva escuela, y la vergüenza alcanzó el grado máximo cuando Judy no pudo pagar los 11 centavos que hacían falta para comprar el lápiz y la goma obligatorios en el colegio. Michael fue matriculado en la escuela pública.

Cuando tenía 7 años, vio por primera vez cómo mataban a un hombre. El hombre pasaba frente a su casa con un carrito de helados cuando varios chicos, le golpearon y se llevaron 12 dólares. Otros vecinos del barrio sacaron todo el helado que quedaba en el carrito. Esta fue solamente la primera de  las muchas personas a las Michael vio asesina antes de cumplir los 15 años.

Su hermana, de 16 meses, se mató al caer por las escaleras del apartamento. Judy no pudo superar esta muerte y se dio al alcohol. Poco más tarde, cuando Michael estaba en tercer grado, fue trasladado otra vez a un hogar adoptivo. Esta vez fue por una denuncia contra Judy por malos tratos a sus hijos. Michael se había roto un brazo, pero fue incapaz de convencer a nadie de que se lo había roto al caerse fuera de casa. A Judy la vida se le hizo imposible una vez más. Michael recuerda haber llorado noche tras noche pensando en su madre. Sin embargo, el presunto abuso de menores era infundado y a Judy le devolvieron el niño después de que el juez dictaminara su inocencia.

Por aquella época a Michael le resultó difícil resistir la influencia de las pandillas del barrio. Cuando estaba en tercer grado fue detenido por robar en las tiendas. A los diez años se vio implicado en peleas y también fue arrestado. A los 15 años, Michael estuvo en prisión; nueve meses después de que apareciera su historia en Los Ángeles Times, su madre murió de un balazo.

El futuro de Michael, como el de millones de niños de ese país en circunstancias similares no era muy halagüeño. A juzgar por la experiencia de la mayoría de los hombres de mediana edad del área de Watss, podemos esperar que Michael pase el resto de su vida entrando y saliendo de las listas del paro; cuando tenga trabajo estará mal pagado y será poco cualificado, si es que encuentran empleo, será cada vez más bajo. Por supuesto hay muchas posibilidades de que entre y salga de la cárcel, si no lo matan antes al igual que a muchos otros jóvenes de lugares como Watts, donde la primera causa de muerte son los disparos.

DAVID

EFW3HICZRFDCJA44ZV4C2XZ5XE

David nació en el otro extremo del sistema de estratificación social de este país, en la parte más alta. Sus padres no sólo eran ricos, sino que estaban entre los millonarios y los más poderosos. David nació en 1915, era el pequeño de seis hermanos. Su padre tenía bienes por valor de al menos 500 millones de dólares, que había heredado de su padre. David, al igual que Michael, vivió en diferentes casas, aunque, como podemos suponer, había muchas diferencias entre ellos. Para el primero las distintas casas eran propiedad de su familia. Las casas eran mucho más espaciosas que la primera de Michael, y es bastante dudoso que tuvieran ratas, arañas o cucarachas.

En primer lugar, tenían la casa de la Quinta Avenida en Nueva York. Los fines de semana iban a finca de Pocantico Hills, en Nueva York, con un jardín de 250 acres ellos solos. En Pocantico, Les costaban 50.000 dólares al año mantener la mansión de esta finca, y un total de 500.000 dólares al año mantener toda la hacienda.

Durante los veranos, la familia de David iba casi toda la temporada a su finca de Seal Harbor, en Maine. Allí los niños podían navegar en sus muchos barcos o podían ir a dar largos paseos a la cabaña que había en el interior del bosque de la finca (Collier y Horowitz, 1976) finalmente, si de verdad querían escaparse, tenían una casa en las islas Vírgenes, un rancho venezolano y un rancho en las montañas de Grand Teton.

Podemos suponer que David se parecía a Michael a los dos años de edad. Curioseaba su entorno, le encantaba jugar con sus juguetes… Sin embargo, David tenía un ambiente mucho más amplio y seguro que explorar, y sus juguetes eran mucho más numerosos y caros. A partir de esa edad, las diferencias se hacen muchísimo más grandes. David no se crió en un ambiente de delincuencia y violencia, es dudoso que viera alguna vez un hombre asesinado y sus colegios eran muy distintos: la elitista escuela Lincoln, cerca de la hacienda Pocantico Hills, después asistió a Harvard a la London School of Economics y se doctoró en Economía por la Universidad de Chicago.

Como niño, David se mostraba serio y responsable y fue seleccionado de manera informal entre sus hermanos para encargarse de los intereses económicos familiares. Después de la Segunda Guerra Mundial, David comenzó a trabajar en el banco de su tío como subdirector del departamento de extranjero. Estuvo desempeñando ese cargo durante tres años y en 1950 fue propuesto vicepresidente; en  1962, presidente; 1969 era presidente del consejo de administración y principal director ejecutivo. Se jubiló de esto cargos en 1981.

Antes de su jubilación, se describía a David Rockefeller como el ciudadano más poderoso de los Estados Unidos.

David Rockefeller era célebre por su trabajo incesante, pero encontraba tiempo y tenía medios para pasarlo bien. Gran conocedor de vinos, era en parte dueño de un viñedo francés. Navegante, poseía tres barcos de 40 pies en su hacienda Seal Harbor, en Maine; coleccionista de arte, tenía una de las mejores colecciones de pinturas impresionistas y posimpresionistas. Y no debemos olvidar su colección de escarabajos; desde su infancia, su colección se presentaba como una de las mejores del mundo.

Ref. Estratificación social y desigualdad- Harol R. Kerbo

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s