EL ESCRIBA SENTADO

Cuando llegué  al museo del Louvre iba con mi lista de obras que no me podía  perder. Definitivamente fue imposible pasar por esa cantidad de obras de arte sin detenerte una y otra vez. Una de las obras en mi lista era el “Escriba sentado”. Cuando me topé con ella lo primero que me llamó la atención fue su tamaño (54 cm), pues me la había imaginado más grande y por otro lado que transmitía vida, no sé si sería por la forma de mirar de sus ojos, atentos a la información que le va a llegar, o sus manos preparadas para escribir. El caso es que me enamoró y fui consciente de que la fotografía, afortunadamente, no consigue captar el alma de las obras de arte.

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Se trata de una escultura de caliza pintada, realizada durante la V Dinastía del Egipto del Imperio Antiguo. Todo indica que este alto funcionario, cuyo nombre se ignora, escucha lo que su superior está por dictarle: su rostro atento, sus labios delgados, sus mandíbulas apretadas y su mirada profunda (se incrustó un cono de cristal de roca en el  interior del ojo). Listo para escribir, mantiene en la mano izquierda el rollo de papiro que irá desenrollando en la medida que lo necesite.

ORGANIZACIÓN DEL ESTADO EGIPCIO DURANTE EL IMPERIO ANTIGUO Y PRIMER PERÍODO INTERMEDIO

Nuestro conocimiento de la vida del Egipto del Imperio Antiguo está ilustrado con las innumerables escenas, magníficamente conservadas (talladas en bajo relieve, sobre los sillares calizos de la cámaras mortuorias) que describen el género de vida del que disfrutó el difunto en este mundo, para que se perpetúe en el otro.

La pirámide social comprendía tres niveles

  1. En la cúspide estaba el Rey, depositario por derecho divino de todos los poderes del Estado. Era un personaje divinizado, identificado con el dios Horus (el dios Halcón), bajo la protección de las diosas Cobra y Buitre. Cada treinta años de reinado se renovaban sus poderes en una fiesta Sed.
  2. Altos funcionarios y sacerdotes: Visir, Canciller del Rey del Bajo Egipto , canciller del dios, tesoro, Ministerio de Agricultura y los escribas
  3. Pueblo bajo : Labriegos y artesanos

Dinastía V ( 2546-2423)

La labor de esta Dinastía fue, casi toda, obra de los sacerdotes de Heliópolis, cuya teología solar triunfó durante casi siglo y medio. Sus primeros soberanos USERKAF Y SAHURE,  se suponía que no eran de sangre real y el cambio de Dinastía fue obra de los sacerdotes de Heliópolis, cuya influencia había aumentado durante la Dinastía IV, aunque Borchardt demostró que los dos primeros reyes de esta V Dinastía eran nietos de Micerino.

El principal cuidado de los reyes de esta V Dinastía fue el culto de Re, que se celebraba en templos solares al aire libre y en los mismos santuarios de Re están atestiguados los cultos de Horus y Hathor. El resultado de esta reforma religiosa fue el debilitamiento del poder real, ya que, al reconocer el rey su dependencia del poder del dios, se acercaba en cierto modo a los demás mortales. Esta debilitación de la concepción monárquica tendrá una gran influencia sobre la evolución política y social del Estado menfita.

La política exterior de esta Dinastía fue bastante activa hacia el Este, penetrando en Asia e identificando las relaciones con la costa siria. Llevaron también expediciones a las canteras de diorita de Nubia.

Según Manetón. La Dinastía V reinó durante 248 años  y según el Papiro de Turín, 140

¿QUIÉNES ERAN LOS ESCRIBAS?

Toda la extraordinaria organización que hizo del Imperio Antiguo una época de esplendor en la que Egipto se convierte en uno de los primeros países de Oriente, no hubiese sido posible sin la figura del escriba, cuya función fue siempre muy solicitada. En cada ciudad importante, existía un archivo al que llamaban “Casa de Vida” en el que se reunían los documentos relativos al funcionamiento de la ciudad.

Entre estos escribas se multiplicaban las titulaciones, que comenzaban con la de “Jefe de los secretos”, lo que indica una iniciación religiosa. Estos Jefes de los Secretos lo eran de numerosos campos como de las misiones secretas, de todas las órdenes del Rey, de la corte de Justicia, etc. Su título pasó a convertirse en honorífico, alcanzando grados de responsabilidad e influencia de la Casa del Rey.

 LA ESCRITURA tuvo un papel preponderante. Como manifiesta Elisa Castell, “convertía en inmutable lo escrito. La descripción (en templos y tumbas) de rituales, epítetos y cultos concretos aseguraban la pervivencia eterna de dichos ritos y cultos, por el mero hecho de haber sido escritos. En Egipto existían tres tipos de escritura: la jeroglífica, el hierático y el demótico. Mientras que las dos últimas grafías se utilizaron mayoritariamente para asuntos laicos, eran los jeroglíficos los que, como escritura sagrada, tenían un sentido mágico. Hasta tal punto llegaba este hecho que algunos signos se consideraban peligrosos y se “censuraban”: el equivalente a nuestra consonante “f”, representada por una víbora, se dividía en dos, para así evitar que pudiera causar algún mal, o bien se sustituía por otro signo menos peligroso. Por lo tanto, es indudable que el poder de la palabra escrita fue enorme, y por ello su utilización en Egipto estuvo vinculada estrechamente a la élite. Conviene señalar, que la escritura no nació  con este fin, como atestiguan los textos más antiguos que conservamos de las Dinastías I y II, sino  que consistían en simples actos de anotación en las jarras, vasijas y cajas, para indicar su contenido.

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EL ESCRIBA. FORMACIÓN Y ÚTILES  A día de hoy, se cree que quien se dedicaba al oficio de escriba era por vocación, si bien era tradición que el hijo continuara el trabajo del padre. Su instrucción consistía en poco más que el mero aprendizaje, es decir, se le explicaban los trucos del oficio y las técnicas artesanales; el resto era la adquisición de habilidad y la práctica. Era en las escuelas de escribas donde éstos recibían los conocimientos necesarios, ahora bien, no debemos entender esta institución como la actual, con un edificio utilizado sólo para la enseñanza, sino que los edificios en los que usualmente se realizaba esta práctica eran los templos y los palacios. De todas las carreras que podía escoger un joven egipcio, la más ventajosa evidentemente era la de escriba, ya que suponía tener abiertas prácticamente todas las puertas de la burocracia estatal. En  Egipto pocas eran las tareas relevantes del Estado que podían llevarse a cabo sin dominar la lectoescritura. En cuanto a la edad a la que esta formación comenzaba, la escolarización se producía cuando el niño aún era pequeño, se podría decir que en párvulos. Ahora bien, es probable que los alumnos fueran ya adolescentes cuando se les sometía a los rigores de una formación intensiva y a la intimidación de unos profesores tiránicos.

 El primer sistema de escritura que se enseñaba era el hierático, ya que para aprender los jeroglíficos era necesaria una buena base previa, no sólo en la caligrafía sino también en el dibujo y la pintura. El idioma más comúnmente utilizado fue el egipcio medio, probablemente porque ofrecía una base estable para la enseñanza y porque en esa lengua existía ya una recopilación importante de obras de calidad.

En cuanto a la forma de escribir, se tiene constancia de que hasta el Reino Medio, se disponía el texto en columnas verticales, de arriba abajo y de derecha a izquierda. Ya en la Dinastía XII se abandonó esta práctica y, salvo en el caso de algunas recopilaciones religiosas como el Libro de los muertos, pasaron a redactar la mayoría de textos en líneas horizontales, dispuestas de izquierda a derecha

MATERIALES QUE USABA EL ESCRIBA Lo primero que nos viene a la mente son los papiros. Sin embargo, se sabe a ciencia cierta que el material más comúnmente utilizado por éstos (especialmente en las escuelas) eran las láminas calizas y fragmentos cerámicos que, cuando incorporan un texto, se conocen como ostraca. La mayor parte de los ostraca calizos utilizados por los estudiantes para copiar fragmentos de los textos de referencia que han sido recuperados por los arqueólogos proceden del área de Tebas. EL porqué de la utilización de dicho material es lógico: era el medio más barato de aprendizaje de la escritura, ya que bastaba con ir a cualquier colina caliza y extraer el material; donde no había esas rocas calizas se recurría a los fragmentos de las piezas cerámicas. Cuando los alumnos tuvieran más experiencia, y en casos eventuales, podemos suponer, se usaría papiro, éste era un producto propio de Egipto, que más adelante fue exportado en grandes cantidades a las regiones del Mediterráneo y Próximo Finalmente. El escriba en Egipto, además del papiro, ostraca y tablillas de madera, usaba más utensilios necesarios para escribir: la paleta, el soporte del pincel y la bolsa de pigmento. Uno de los ejemplos más ricos de estos restos fueron encontrados en la tumba de Tutankhamón; la paleta real era de madera sobredorada y taraceada de piedras semipreciosas y vidrio de color, mientras que los pinceles presentaban un manguillo cilíndrico muy refinado. Allí también se encontró otro utensilio, de marfil; la cabeza cuneiforme, y el mango una columna con remate iridiforme. Es posible que su función fuera pulir los papiros antes de utilizarlos. Con respecto a los  pigmentos utilizados, hubo una gran variedad: ocre rojo, azul cobalto, hematita, ocre amarillo, etc., y en cada etapa histórica del Antiguo Egipto se usaron más unos u otros. En cuanto al objeto utilizado para escribir, podía variar según el soporte. Así, en las tablillas con cera se empleaba un instrumento, denominado en latín stilus, de madera, hueso o bronce, con un extremo apuntado y el otro con forma de espátula para poder borrar. En el caso de usar tinta, era muy común el cálamo, que se elaboraba generalmente a partir de cañas o juncos.

EL ESCRIBA COMO FIGURA SOCIAL “El escriba pertenecía a una élite, a una suerte de amigos a través del cual podía conseguirse un ascenso notable y alejado de las incomodidades y la explotación que sufrían el resto de las gentes”. Esta cita, nos resume de forma clara el apartado que he desarrollado. Y es que, ciertamente, una persona que viviera en Egipto y supiera leer y escribir, tenía prácticamente asegurado un buen porvenir.  Ya en el Imperio Nuevo, los escribas se configuran como un verdadero círculo intelectual que produce cultura, y ya no necesariamente por cuenta del palacio, sino para su “casta” de privilegiados. Es evidente, por tanto, la trascendencia social de aquellos que dominaban el uso de la palabra escrita y trabajaban en ello

Ref. Arte Frederick Hartt

Ref. Introducción a la Historia antigua I Próximo Oriente y Egipto.  Ana María Vázquez Hoys, Pilar Fernández Uriel.

Ref. Louvre

Ref. El Escriba en Egipto Diego Chapinal Heras

 

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