TANYA SÁVICHEVA, SU DIARIO Y LENINGRADO

Quiero comenzar a contaros la historia de Tanya Sávicheva acompañada de esta música que escribió el compositor Dmitri Shostakóvich,  titulada Lenigrado  200px-Tanya_Savicheva

Hoy, quiero contaros la historia de TANYA SÁVICHEVA, una niña que vivió los horrores  de la guerra en su ciudad, Leningrado ( San Petersburgo) y que, al igual que Ana Frank, decidió escribir un diario donde iría usando sus páginas para anotar el fallecimiento de cada uno de los miembros de su numerosa familia. Estoy segura de que la motivación de ambas niñas para realizar esos escritos no fue el ser recordadas, sino que el terrible dolor que sentían intentaba salir, como podía a través de unas  letras que muestran un grito ahogado.

Estoy convencida de que en la actualidad hay niñas, que horrorizadas por la guerra, la muerte y el sufrimiento,  acuden a la escritura como medio de paliar de alguna manera su dolor, porque la escritura es una de las vías  que tiene el alma para expresarse.

LENINGRADO (El escenario)

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Dos años 4 meses y 19 días, estuvo sufriendo Leningrado el asedio más terrible de la historia. El final, más de un millón de muertos.

Todo comenzó el 22 de junio de 1941. Desde el primer día, millares de hombres corrieron a alistarse. El número de voluntarios suministrados por Leningrado resultó muy superior al de cualquier otra ciudad soviética. Los soldados partieron confiados para enfrentarse a un enemigo que parecía imbatible. Partieron para proteger sus casas y sus familias, pero también para defender Leningrado. Apenas quince días después del inicio de las hostilidades, Leningrado estaba ya amenazada de cerca.

Los alemanes estaban bastante seguros de que la ciudad, encerrada en un cerco de hierro y fuego, continuamente batida por la artillería de tierra y los aviones de bombardeo, privada casi totalmente de suministros alimenticios, no tardaría en rendirse.

Leningrado estaba sola. Tres millones personas se encontraban encerradas, sin reservas de víveres, municiones o carburante.

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Hitler estaba convencido de que la ciudad no podría resistir mucho “Leningrado caerá por sí sola, como un fruto maduro” decía. Llegó el invierno, que fue uno de los más fríos de la historia. El 22 de noviembre el termómetro marcaba 25º bajo cero, lo que permitió que el hielo del lago Ladoga tuviese el espesor de al menos dos metros para sostener a las columnas de camiones que les llevaría suministro “la carretera de la vida” lo llamaría los leningradeses, a pesar de ello la cantidad de víveres transportados resultaba bastante limitada.

 

La falta de alimentos y el frío invierno, pronto empiezan a hacer mella en la población que se comienza a morirse incluso en la calle. Mueren a cientos, y luego a miles. A finales de noviembre, el hambre es tan intensa que la gente llega a hervir madera y a mascar el cuero de los zapatos. Se habla incluso de canibalismo.

La gente esperaba resignada, no se sabe si a la muerte o al final del asedio. Y el silencio se asentó en la ciudad. Un silencio que reflejaba un terror latente. La muerte se convierte en un espectáculo demasiado corriente al que se habían acabado acostumbrando los leningradeses.

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Finalmente, el 14 de enero de 1944 comienza la gran batalla para la liberación de Leningrado.

Dos semanas más tarde el enemigo es rechazado y Leningrado se encontró liberada del asedio y del bombardeo. El 27 de enero de 1944, la ciudad festeja su liberación.

La gente sacó su lado peor, pero también el mejor. Pasaron cosas extraordinarias: se interpretó durante el asedio, tras lanzar la partitura desde un avión, la Séptima sinfonía de Shostakóvich, que había empezado a componerla en la ciudad antes de que lo evacuaran. Los músicos apenas podían tocar, por la debilidad, pero lograron unir a los ciudadanos en una retransmisión épica, de desafío a los nazis y al destino.

“La supervivencia del amor, del sacrificio y el altruismo en esas condiciones de horror es un hecho asombroso. La bondad, como el espanto y la abyección, también prosperó” dice Michael Jones, de la Universidad de Bristol

DIARIO DE TANYA SÁVICHEVA

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Tatyana “Tanya” Nikoláyevna Sávicheva fue una niña rusa que escribió un breve pero conmovedor diario durante el asedio de Leningrado por parte del ejército nazi en la Segunda Guerra Mundial.

A los doce años, comenzó su diario un poco antes que Anna Frank. Eran casi de la misma edad y las dos chicas murieron sin esperar la victoria: Tanya, en julio de 1944, Anna, en marzo de 1945. El  “Diario de Tanya Savicheva” no fue publicado, sólo hay 9 terribles registros sobre la muerte de su gran familia en Leningrado. Este pequeño cuaderno fue presentado en el Juicio de Nuremberg, como un documento acusando al fascismo.

Es aterrador imaginar la mano de una niña, perdiendo fuerza por el hambre, que  escribía irregularmente lo que su mente atormentada gritaba. El alma frágil de Tanya, golpeada por un sufrimiento insoportable, ya no era capaz de vivir las emociones. Tanya simplemente registró las trágicas “visitas de la muerte” a su hogar.

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El diario de Tanya Sávicheva se encuentra expuesto en el Museo de la Historia de Leningrado (San Petersburgo),  y una copia de la misma en grandes bloques, a las afueras de Leningrado.

Estas son las frases que escribiría en su diario:

“28 de diciembre de 1941. Zhenya murió a las 12.00 de la mañana de 1941 “.
“La abuela murió el 25 de enero a las 3 horas de 1942”.
“Leka murió el 17 de marzo a las 5 en punto de la mañana. 1942 ».
“El tío Vasya murió el 13 de abril a las 2 a. M. Año 1942 ».
“Tío Lyosha, 10 de mayo a las 4 p.m. Año 1942 ».
“Mamá – 13 de mayo a las 7:30 a.m. 1942 Los
Savichevs mueren. “Todos han muerto”. “Solo quedaba Tanya”.

  

¿QUIÉN ERA TANYA SÁVICHEVA?

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Tanya era la hija de un panadero y una costurera, la más joven de la familia.

Los Savichevs estaban dotados musicalmente. Su madre, Maria Ignatyevna, incluso creó un pequeño conjunto familiar: dos hermanos, Leka y Misha, tocaron la guitarra, la mandolina y el banjo, Tanya y el resto de sus hermanos cantaban en un coro.

El padre, Nikolai Rodionovich, murió cuando Tanya tenía solo seis años, dejando a Mariya Sávicheva con cinco hijos — tres niñas, Tania, Zhenia y Nina, y dos niños, Mijaíl y Leka. La madre decidió volver a la casa de los abuelos para que la ayudaran en el cuidado de sus cinco hijos. Como costurera de la Casa de Moda de Leningrado tenía muchos encargos y  ganaba bastante para mantener a sus hijos.

La familia planeó pasar el verano de 1941 en el campo, pero la invasión de la Unión Soviética por parte de Alemania el 22 de junio arruinó sus planes. Todos, excepto Mijaíl, que ya se había marchado, decidieron quedarse en Leningrado.

En el  verano de 1941, todos colaboraron con el ejercito: la madre de Tanya cosió trajes para los soldados. Leka, debido a la mala vista, no se unió al ejército y trabajó como cepilladora en la Planta Almirantazgo. Vasily y Alexei Savichev, dos tíos de Tanya, sirvieron en la defensa aérea. Tanya tampoco se quedó de brazos cruzados. Junto con otros muchachos, ella ayudó a adultos a preparar “encendedores” y cavar trincheras. Pero el anillo del bloqueo se contrajo rápidamente: de acuerdo con el plan de Hitler, Leningrado “debería ser estrangulado por el hambre y arrasado hasta el suelo”. Una vez que Nina no regresó del trabajo, todos pensaron que había muerto. La madre le dio a Tanya, en memoria de su hermana, su pequeño cuaderno, en el que la niña comenzó a tomar notas.

La hermana Zhenya murió en la fábrica. Ella trabajó durante 2 turnos, y además, donaba sangre y ya no tenía suficiente fuerza.  Cada vez con más frecuencia, Tanya abría su libreta de apuntes: uno a uno fueron falleciendo los miembros de su familia. Un día, la niña resumirá el terrible resultado: “Los savichevs han muerto todos. Solo quedaba Tanya “.

Tanya no sabía que no todos los Savichevs habían muerto. La hermana Nina fue rescatada y llevada a la retaguardia. En 1945, regresó a su ciudad natal, a su casa, y allí encontró un cuaderno con las notas de Tanya.  La pequeña, que había perdido el conocimiento por hambre, fue encontrada por empleados de equipos sanitarios especiales. La vida apenas parpadeaba en ella. Junto con otros 140 niños hambrientos de Leningrado, la niña fue evacuada a la región de Gorki (ahora – Nizhny Novgorod), a la aldea de Shatky.  Muchos de los niños se hicieron más fuertes, se pusieron de pie. Pero Tanya nunca se levantó. Los médicos lucharon durante dos años, pero los procesos desastrosos en su cuerpo fueron irreversibles y así el 1 de julio de 1944, muere Tanya Sávicheva. Fue enterrada en el cementerio del pueblo, bajo una lápida de mármol. Cerca, una pared con un bajorrelieve de la niña y páginas de su diario.

 

 

 

 

 

 

 

 

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