LOS SERINGUEIROS DE MANAOS

Años antes de visitar Brasil, me sentía atraía por la vida en la selva y la dificultad del trabajo en esas tierras donde la humedad lo cubre todo. Había leído los libros de Alberto Vázquez Figueroa e imaginaba el lado romántico de la ciudad de Manaos y sobre todo de su teatro de la ópera. Pensaba en un lugar mágico que llenaba de música la selva.

Cuando años más tarde, visité la ciudad de Manaos y la selva, donde se encuentra enclavada, me di cuenta de que el romanticismo no estaba por ningún lado. Me encontré un lugar donde la humedad era casi del 100% y hacía que te costara respirar, la transpiración te mantenía mojada todo el día y te encontrabas con un ritmo que ni las tortugas.

Por lo que pude ver, Manaos era una ciudad de contrastes donde lo mismo había lujosos hoteles llenos de turistas, como te encontrabas a la población sumida en una gran pobreza.

Allí me informaron del duro trabajo de los seringueiros y de las presiones a los que los sometían los patroes do seringal.

¿QUÉ ES EL CAUCHO?

 

El caucho y sus múltiples usos ya eran conocidos mucho antes de que Cristóbal Colón arribara al continente americano. De hecho, los indígenas de lo que en la actualidad es territorio peruano lo llamaban cauchuc (impermeable, en quechua).

Pero no fue hasta 1731, cuando el geógrafo y matemático Charles Marie de la Condamine envió a Francia varios rollos de caucho crudo, lo que reavivó el interés científico por esta materia y sus propiedades.

La vulcanización

Posteriormente, dos químicos, Friedrich Ludersdorf y Nathaniel Hayward descubrieron que al añadir azufre a la goma de caucho, se reducía y eliminaba la pegajosidad del mismo. Tomando como base estas investigaciones, el inventor estadounidense Charles Goodyear descubrió que si se cocía el caucho con azufre desaparecían las propiedades no deseables del mismo, proceso denominado vulcanización.

El caucho vulcanizado presenta más fuerza y mayor resistencia a los cambios de temperatura, además de ser impermeable a los gases y resistente a la abrasión, la acción química, el calor y la electricidad.

A comienzos del siglo XIX fue cuando se comenzó a extraer el látex. Entre los millares de heveas diseminadas por la selva

ÁRBOLES DEL CAUCHO

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Las dos especies principales de árboles de látex, hevea y castilloa, son llamadas respectivamente en la jerga local seringa y caucha; la primera es también la más importante, sólo crece en las inmediaciones de los ríos, cuyas orillas constituyen un dominio impreciso, concedido por una  autorización del gobierno, no a propietarios sino a patrones, esos patroes do seringal son los terratenientes además de regentar los almacén de víveres y provisiones diversas, ya sea a título independiente, o, más a menudo, como concesionarios de un empresario o de una pequeña compañía de transporte fluvial que posee el monopolio de la navegación en el curso y los afluentes de un río. El buscador de caucho es un cliente de la tienda de la zona donde se instala, en la cual se compromete a comprar todas sus mercaderías y a vender toda su cosecha, mediante el adelanto de sus herramientas y de una temporada de víveres, que se anota inmediatamente en su cuenta, contra el otorgamiento de un  asentamiento llamado colocaçao: grupo de itinerarios, la choza construida sobre la orilla y los principales árboles productores ya localizados

LOS SERINGUEIROS

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Todas las mañanas, temprano (pues se cree que conviene trabajar en la oscuridad), el seringueiro recorre uno de sus caminos provisto de la faca, cuchillo curvo, y de la coronga, lámpara que lleva fijada en su sombrero, a la manera de un minero. Incide las seringas según técnicas delicadas llamadas “de bandera” o “de espinazo de pescado”, pues el árbol mal cortado corre el riesgo de secarse.

 

Hacia las diez de la mañana han sido trabajados de ciento cincuenta a ciento ochenta árboles. Después de almorzar, el seringueriro regresa a su camino y recoge el látex que chorreó desde la mañana en los trozos de cinc fijados al tronco, cuyo contenido vuelca en una bolsa, que él mismo confeccionó con algodón basto impregnado de caucho. A la vuelta,  hacia las cinco de la tarde, comienza la tercera fase o “engorde” de la bola de caucho que se está formando: la “leche” es lentamente incorporada a la masa ensartada en un palo transversal que se suspende por encima de una fogata. El humo la coagula en capas delgadas que se unen haciéndolas girar lentamente alrededor de su eje. Esta unidad se considera terminada cuando alcanza un peso que oscila entre treinta y setenta kilos, según las regiones. La confección de una bola puede llevar varias semanas, cuando los árboles están cansados. Las bolas son depositadas a lo largo del río, donde el patrón viene todos los años a recogerlas para comprimirlas en su depósito,  haciendo peles de borracha  (pieles de caucho).

Así pues, para simplificar una situación a menudo compleja, el seringueiro  depende del patrón, y éste de la compañía de navegación que fiscaliza las vías principales.

Es sistema se vio muy afectado como consecuencia de la baja en las cotizaciones en bolsa del caucho brasileño, que se produjo a partir de 1910, cuando el caucho de plantación de Asia vino a competir con la cosecha del caucho original.

En 1938, el caucho valía menos de cincuenta veces su propio precio del final del gran boom, a pesar de su alza temporal de las acciones durante la Segunda Guerra Mundial y la situación no mejoraría nunca más.

Sin duda está lejos el tiempo en que los altos precios del caucho permitían la construcción de mesones de madera en las confluencias; estrepitosos garitos donde los seringueiros perdían en una noche la fortuna de algunos años y partían al día siguiente para recomenzar, solicitando la aviaçao a un patrao compasivo.

Los trabajos de investigación han propiciado la generación de caucho sintético, que ha ido sustituyendo paulatinamente al natural, pues puede ser modificado en su elaboración para maximizar un conjunto específico de características de interés.

MANAUS

Los Manáos  fueron una  tribu indígena, que habitaron la región entre la actual ciudad de Manaus, la capital del Estado de Amazonas (Brasil)  y Manacapuru, en Brasil. Su nombre en su lengua significa “Madre de Dios”, y dio origen al nombre actual de la ciudad.

En 1540, Francisco de Orellana, procedente de Perú,  descubrió un gran río en su viaje y lo bautizó de Río Orellana. Cuando es atacado, en Foz do Nhamandá, por una tribu indígena de mujeres guerreras, comenzó a llamarlo el río Amazonas, en referencia a las amazonas griegas también mujeres guerreras. El nombre indígena que recibía el río era Amaru Mayu, o “La Serpiente Madre del Mundo”.

Los informes que envió Orellana a España donde hablaba de la cantidad de agua y la riqueza de los bosques, despertaron el interés de portugueses, españoles, holandeses e ingleses. Alrededor de 1600 comenzaron las inversiones europeas en la región.

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Los portugueses trataron de defender sus logros en tierras amazónicas.  Para luchar, explorar y asegurar el dominio portugués en la región se creó en 1669 el Forte de Sao José da Barra. Alrededor de ese fuerte nació el campamento que llevó a la aparición de la ciudad de Manaus

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Manaos era un pueblo perdido en las orillas del Amazonas, donde sólo se oía el zumbido de los mosquitos durante las noches. En 1888 desembarcaron en ese lugar ingleses, franceses y muchos otros empresarios del caucho que en poco tiempo se enriquecieron.

En 1833 el Lugar fue elevado a la categoría de Villa y fue llamado de Manaus, que en homenaje a los valientes indios de la tribu Manaós. El 24 de octubre de 1848 la villa recibió el título de Ciudad de la Barra del Río Negro y, el 4 de septiembre de 1856, se convirtió en capital de la entonces Provincia del Amazonas, que había sido creada el 5 de septiembre de 1850, desmembrándose del Gran Pará, para ocupar totalmente la región y resistir los intentos de expansión del Perú.

La fiebre del caucho transformó a Manaus en una población cosmopolita de 50.000 habitantes en la que el oro corría a raudales. Las transformaciones más importantes tuvieron lugar en 1892.

Manaos vivía una época loca y delirante. Esta ciudad, en el confín del mundo y pérdida en la selva tropical, adoquinó sus calles, instaló luz eléctrica, el teléfono, agua corriente y el primer tranvía eléctrico de toda América Latina. Aparecieron edificios públicos, palacios de estilo italiano y trajo en barcos piezas desmontadas de un teatro de mármol comprado por dos millones de libras esterlinas de aquella época. El lujo de las casas reflejaba la opulencia de los reyes del caucho.

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Manaus vivió su sueño dorado hasta 1915. La caída fue brutal. Un inglés había conseguido recoger semillas seleccionadas de Hevea Brasilensis y las sacó clandestinamente del país. Estas semillas fueron congeladas en el jardín botánico de Kew, en Inglaterra y luego transportadas de forma científica a Asia. Esto iba a provocar el hundimiento de la industria amazónica, basada en la recolección poco eficaz (los árboles crecían en estado salvaje muy lejos unos de los otros) y relativamente costosa del látex.

UN TEATRO DE LA OPERA EN MEDIO DE LA SELVA

 

Sientes una sensación extraña al observar el teatro. Por un lado, piensas que se encuentra fuera de lugar y que los lujosos materiales están pensados para un teatro situado en centroeuropa, pero no para un lugar tan cálido como Manaos. Por otro lado  imaginas allí, resonando la música y cantando a Plácido Domingo y te crea la ilusión mágica que siempre habías pensado.

El teatro fue construido durante la Belle Époque, al tiempo que se hacían grandes fortunas en la región con la extracción del caucho. La construcción del teatro Amazonas surgió con la idea de  construir una joya en el corazón de la selva amazónica y hacer de Manaos uno de los grandes centros de la civilización.

Hacia 1884, la construcción estaba lista para comenzar, bajo la dirección del arquitecto italiano Celestial Sacardim, que realizó un diseño en estilo renacentista con tecnología avanzada, incluida la iluminación eléctrica.

Las obras continuaron despacio durante los quince años siguientes, con algunas paradas, desde 1885 a 1892. Los trabajos se reanudaron en 1893. Hacia 1895, cuando los trabajos de albañilería y los cerramientos exteriores fueron completados, la decoración interior y la instalación de la iluminación eléctrica avanzaron rápidamente. Sin embargo, hasta después de su inauguración y primeras presentaciones públicas, pasaron más dos años antes de que el edificio fuera finalmente completado, tomando la construcción del edificio un total de diecisiete años.

El material para techar vino de Alsacia y la cúpula exterior está recubierta de 36.000 azulejos de cerámica decorada, pintados en los colores de la bandera nacional. El mobiliario, en estilo Luis XV. De Italia procede el mármol de Carrara para las escaleras, estatuas, y columnas. Las paredes de acero fueron pedidas a Inglaterra. El teatro cuenta con una iluminación de 198 lámparas de araña, 32 de ellas de cristal de Murano. El telón, con su pintura de “La Reunión de las Aguas” fue realizado en París por Crispim do Amaral, y representa la unión del río Negro y el río Solimoes para formar el Amazonas. Los hermosos paneles que decoran los techos del auditorio y de la cámara de auditorio fueron pintados por el italiano Domenico de Angelis.

El teatro de Manaos se terminó de construir en 1896 y la primera ópera que se representó fue la Gioconda de Pochielli el 7 de enero de 1897

Las leyendas se multiplicaban. Que si Enrico Caruso había cantado en Rigoletto,que si Sarah Bernhardt había interpretado Fedra, de Racine, que si Anna Pavlova había bailado El lago de los cisnes. Hoy día pocos lo desmienten, pero asimismo pocos lo afirman.

Esa misma parece ser la actitud del director de la ópera de Manaos, Fernando Bicudo. Reconoce que Caruso jamás estuvo en Manaos, pero añade inmediatamente: “No importa, porque ahora sí que la leyenda se hará realidad porque Plácido Domingo estará en Manaos para cantar Carmen. Plácido Domingo es el Caruso actual”.

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Ref. Amazonas Joao Donato

Ref,  Juan Ángel Vela del Campo

Ref. Tristes Trópicos Claude Lévi Strauss

Ref. Tierras y gente: América

Ref. Pueblos originarios de América

Ref. photo Homes Sykes

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