LAS CATEDRALES GÓTICAS EN EUROPA

Después del aparatoso incendio de la catedral de Notrê-Dame, que como dice Rosa Montero «Nos dañó algo esencial que nos permite vivir: la belleza», algo se movió dentro de todos los que admiramos el arte, la historia y sobre todo la belleza.20190416_Notre-Dame-un-patrimonio-en-llamas.jpg

Aunque he podido disfrutar de la visita de bastantes catedrales góticas, recuerdo con especial cariño, la que realicé hace años a la  catedral de León, era por la tarde y el sol penetraba por las vidrieras de la fachada principal iluminando la nave central. Puedo evocar la emoción que se apoderó de mi al ir penetrando en una nave de líneas tan armoniosas, bajo los enormes bloques de piedra suspendidos a tanta altura y sostenidos por enormes pilares que conservan su elegancia a pesar de sus gigantescas dimensiones y todo ello acompañado de los alegres colores que adquiría la luz al atravesar las enormes cristaleras.

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Supongo que el despertar de estas emociones eran lo que pretendían  los constructores de catedrales en la Edad Media, porque creyente o no, toda alma con un mínimo de sensibilidad, se siente vibrar por lo grandioso y bello del gótico, porque al entrar en estos templos, contemplar la altura de sus naves, observar la profundidad de las galerías que las rodean a la derecha y a la izquierda, no puedes sustraerte a la sensación de goce, placer y emoción  que se experimenta.

Hoy, quiero contaros cuándo se produjo esta revolución arquitectónica, que fue el gótico, dónde de engendró y quiénes fueron sus artífices.

SITUACIÓN SOCIAL Y CULTURAL DE LA EUROPA DEL SIGLO XII

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A mediados del siglo XII Europa estaba en pleno proceso de desarrollo. La cristiandad había salido del prolongado letargo en el que se había sumido cuando las estructuras del Imperio romano se vinieron abajo y el mundo accidental se desmembró en varios reinos bárbaros, en los que apenas se mantuvieron vivas unas tenues brasas a cuyo calor perduró sólo una pequeña parte de la gran cultura clásica. Tras siglos de regresión económica, oscuridad cultural, invasiones guerreras, temores de la sociedad y espasmos vitales, la sociedad occidental logró recuperar el nivel económico y demográfico de antaño. Así, entre los siglos XI y XIII florecieron las ciudades, se desarrollaron el comercio y la industria, se abrieron nuevos horizontes culturales y se descubrió una nueva forma de expresión artística que marcaría toda una época: el arte gótico.

Desde principios del siglo XII, en la pequeña pero próspera ciudad de Chartres, enclavada en una suave colina sobre una llanura de fértiles tierras, a unas docenas de kilómetros de París, varios intelectuales desarrollaron el embrión de una escuela de pensamiento que había brotado tímidamente a finales del siglo X.

El gran impulsor fue Bernardo de Chartres quien pronunció la famosa frase que sintetiza la filosofía de la escuela:” Los modernos sólo somos enanos sobre hombres de gigantes”. Los gigantes eran en este caso los grandes sabios de la Antigüedad sobre cuyas enseñanzas debían apoyarse necesariamente los avances futuros.

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Platón era el filósofo más leído entonces, y su diálogo Timeo se había convertido en una especie de manual de filosofía para los alumnos de la escuela de Chartres. En esta obra, Platón sostiene que el mundo ha sido creado a partir de la geometría y el número, de ahí la armonía que rige la creación. El hombre sólo ve sombras, pero en realidad toda la naturaleza es producto de perfectas combinaciones matemáticas. Por ello las nuevas catedrales debían reflejar en la tierra esa misma armonía de los números y de las figuras geométricas que se plasma en la creación divina.

El triángulo equilátero representaba la Trinidad, el cuadrado era la relación perfecta entre el Padre y el Hijo, y el círculo el principio de la unicidad de Dios, una relación de proporción  que la divinidad había transmitido a los hombres para lograr la perfección en las relaciones numéricas.

A la vez que en esta escuela de Chartres se enseñaba la filosofía de Platón, junto a París, Suger, abad del monasterio de Saint Denis, recogiendo las nuevas corrientes filosóficas gestadas en Chartres, les pedía a sus arquitectos que diseñaran un nuevo edificio en el que la luz, la referencia vivificante de los nuevos tiempos, lo inundara todo. Para Suger, Cristo era la luz del mundo, y esa luz había que reflejarla en una nueva arquitectura. Había pasado el tiempo de la oscuridad y la penumbra; los templos en los que se adoraba a Cristo debían reflejar esa luz vivificadora que el fundador del cristianismo encarnaba.

Para dar satisfacción al abab Suger era necesario cambiar el sistema constructivo de los grandes templos románicos, pues estos requerían de enormes muros, macizos, pesados y densos, que actuaban como contrafuertes para sostener las pesadísimas bóvedas de medio cañón. Los escasos huecos que podían abrirse, apenas iluminaban un interior oscuro en el que las enormes superficies de muros se cubrían con coloristas frescos para mitigar la falta de luminosidad. De esta forma surgiría un nuevo sistema constructivo, el gótico.

NACIMIENTO DEL GÓTICO

El término Gótico, con el que se designa el estilo arquitectónico surgido en la Francia septentrional a mediados del siglo XII fue acuñado por los italianos del Renacimiento, equivocadamente, porque pensaban que su origen era de los godos ya que consideraban que el estilo de los edificios medievales, comparado con la belleza arquitectónica clásica romana, era bárbaro, es decir, obra propia de vándalos, godos y lombardos. Por lo que el despectivo término gótico se impuso. Los estudios históricos de principios del siglo XIX demostraron que, entre el mal llamado arte gótico y las invasiones de los bárbaros, mediaban, al menos, siete siglos. Se reconoció entonces que el arte gótico era el refinado logro intelectual y estético de una sociedad desarrollada, pero ya no había posibilidad de cambiar el nombre.

El estilo gótico nació en la región de París conocida como la Isla de Francia. Desde esta zona, el estilo se irradió hacia gran parte de Europa, ganando aceptación en una región tras otra, primero en toda Francia septentrional, casi inmediatamente después en Inglaterra, Alemania, Países Bajos, Europa central y España y finalmente, en Italia, que nunca llegó a comprenderlo completamente.

Fue en la catedral de la ciudad de Sens a unos pocos kilómetros de París, y en el coro de la iglesia de la abadía del monasterio de Saint Denis donde entre 1130 y 1144 se aplicaron los primeros ensayos de esta nueva arquitectura; poco después se comenzaron a construir en este nuevo estilo las catedrales de Noyon y Laon y la que iba a ser una de las grandes creaciones de la arquitectura gótica, la catedral de Nôtre-Dame. Desde allí, desde el corazón de Francia, la técnica de construcción según el nuevo sistema se extendió por toda Europa. En Inglaterra la primera catedral gótica fue la de Canterbury, comenzada en 1175 por un arquitecto francés. Poco después empezaron a construirse catedrales en Alemania e Italia. A la península Ibérica el gótico llegó a principios del siglo XIII siguiendo la ruta cultural y económica del Camino de Santiago, colocándose la primera piedra de la catedra de Burgos en 1221.

A principios del período gótico, la gran misión cultural y económica de los monasterios había llegado a su fin, porque su protagonismo como conservadores del conocimiento había sido asumido por las universidades y porque su importancia económica había sido superado por la de las ciudades, se podría decir que las grandes catedrales góticas fueron las mayores empresas económicas de la Edad Media, ya que absorbían la actividad laboral de arquitectos, constructores, albañiles, carpinteros, joyeros, trabajadores metalúrgicos, artistas, canteros…

Si los monasterios estaban ubicados, generalmente, en el campo, la catedral al ser la sede  de un obispo, tenía que estar ubicada en la ciudad. En el período gótico, el interés comunal por la construcción de las catedrales era tan grande que no sólo los ricos contribuían financieramente, sino que ricos y pobres unían sus fuerzas a la de los operarios para que las catedrales fueran levantadas.

CARACTERÍSTICAS DE ESTE NUEVO ESTILO

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El nuevo estilo se distinguía por:

— El empleo del arco de doble centro u ojival

— La utilización de arbotantes

— El uso de bóvedas de crucería.

Gracias a estos tres elementos constructivos los arquitectos góticos fueron capaces de aligerar los muros que dejaron de ser el apoyo de las bóvedas, que pasaron a apoyarse en los pilares y en los contrafuertes a través de los arbotantes. Eso hizo que los techos de las catedrales pudieran elevarse hasta alturas insospechadas.

Como comenté en mi artículo sobre el renacimiento de las ciudades en la baja Edad Media, que podéis leer pinchando aquí, este fue un momento en el que las ciudades crecían y se desarrollaban en toda Europa, convirtiéndose la catedral gótica en símbolo de la ciudad floreciente de los siglos XII y XIII, de forma que obispos y concejos ciudadanos comenzaron una carrera desenfrenada para conseguir construir la más larga, alta y bella catedral de la cristiandad.

El esfuerzo arquitectónico realizado en esta época fue extraordinario. Sólo en Francia se construyeron ochenta catedrales, quinientos monasterios y abadías en apenas un siglo.

Las catedrales góticas con su altura, sus inmensos interiores, pináculos, torres y agujas, sus innumerables imágenes y relatos en piedra, pintura y cristal, resumen todos los conocimientos y experiencias acumulados por los seres humanos durante su paso sobre la tierra en formas artísticas y ciclos iconográficos, unidos en una estructura que constituye un cuadro completo del universo medieval que abarca desde las alturas del cielo a las profundidades del infierno.

A las catedrales acudían ricos y pobres, sabios es ignorantes. No sólo estaba concebida como casa de oración, también era el centro principal de enseñanza donde los habitantes de la época aprendían lecciones tan ingeniosamente representadas en sus escenas y detalles

LOS MAESTROS DE OBRAS

La conquista de la verticalidad y la luz no fue tarea fácil para los maestros de obra que debieron afrontar la construcción de las catedrales de los siglos XII y XIII. Para alcanzar el grado de maestro de obra había que superar un riguroso examen ante un tribunal compuesto por varios miembros. De entre todos ellos destacaré a Villard de Honnecourt, pues este maestro nos legó un texto para conocer las técnicas empleadas en los talleres arquitectónicos de la época, el Livre de portraitur. Se trata de tratado dirigido a sus aprendices, que consta de 33 páginas con planos, bosquejos y dibujos referidos al trabajo realizado en esos talleres, tanto en lo que se refiere al diseño de las partes del edifico en sí, como a la representación de figuras humana, animales y vegetales y donde hace referencia a ejemplos concretos en los que trabajó el propio autor, como fueron la catedral de Cambrai, Chartres, Laon, Meaux o Reims. De su lectura se desprende que un constructor debía ser un maestro polivalente, capaz de trazar las plantas del edifico, buscar los materiales necesarios para la construcción, coordinar y dirigir los distintos grupos de artesanos que intervenían en el proceso constructivo. Además debía hacerse cargo de los ingenios mecánicos para facilitar el trabajo, e incluso de la seguridad de los andamios y hasta el presupuesto de la obra.

Ref.

Diccionario de términos de arte Alianza Editorial

Monografía de la catedral de Chartres

Arte Frederick Hartt

José luis Corral Las catedrales góticas

 

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