GENOCIDIO Y DIÁSPORA DE ARMENIA

 

A lo largo de la historia todos los pueblos se han visto abocados a abandonar sus lugares de residencia motivados por cambios climáticos, hambrunas o desastres ecológicos, pero lo que más dolor me provoca es que esos abandonos se produzcan como consecuencia de guerras o persecuciones.

Como yo siempre escribo cuando una publicación es delicada y puede herir la sensibilidad de los lectores, la historia no debe juzgarse, porque los que la realizaron ya no están con nosotros y sus circunstancias fueron distintas a las nuestras, pero debe conocerse para que no se vuelva a repetir.

«Recordarlos es necesario, más aun un deber, porque donde no subsiste la memoria, significa que el mal todavía mantiene abierta la herida. ¡Ocultar o negar el mal es como dejar que una herida siga sangrando sin curarla» nos dice el Papa Francisco

 

Armenia es una república, ubicada entre montañas, al sur del Cáucaso. Posee un paisaje accidentado con volcanes y altas mesetas. Cultural, histórica y políticamente  Armenia se considera como parte de Europa, sin embargo, su localización en el Cáucaso meridional la sitúa en una supuesta frontera imaginaria entre Europa y Asia.

Su idioma oficial es el armenio y la filiación religiosa oscila entre los ortodoxos armenios, con minorías de armenios católicos y musulmanes.

Eva Tabakian en “los armenios en Argentina” dice:

«Este pequeño pueblo se retrae en sus montañas y se aísla. A través de los siglos y las guerras refuerza su particularidad refugiándose en su lengua y en su religión. Los conquistadores llegan, dejan alguna huella cultural y pasan. Con estos sedimentos se amasa la tradición armenia, singular mezcla de civilizaciones iraní, griega, romana y bizantina»

HISTORIA DE ARMENIA

turismo

Puede que sea por su singularidad, por su ubicación o quizás porque no querían perder su identidad, los armenios cuentan en su historia con innumerables incursiones, guerras e intentos de aniquilarlos, aunque nada de esto les restó en su esencia.

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A comienzos del siglo III los armenios, como resultado de la predicación  de San Gregorio el Iluminador, el rey Tiridates adoptó el cristianismo como religión oficial. Por tanto, Armenia fue el primer estado en adoptar el cristianismo como religión oficial.

En el siglo VII, Persia cayó ante la invasión árabe, y los gobernantes musulmanes incluyeron bajo su mando a las regiones armenias. Los armenios lucharon por su independencia hasta el siglo IX, cuando el príncipe Ashot Bagratuní se coronó rey y gobernó de forma independiente.

En el siglo XI, la Dinastía Rubénida fundó en Cilicia un nuevo estado armenio, que perduró 300 años. Cilicia se mantuvo unida a los estados de Europa occidental. Las tropas armenias intervinieron en las Cruzadas y, a través de matrimonios antidinásticos los Rubénidas llegaron al círculo de los gobernantes europeos.

En 1375, la Armenia Cilicia cayó frente a los mamelucos de Egipto, quienes preservaron la ciencia, la cultura y la literatura.

250px-Janissary_Recruitment_in_the_Balkans-SuleymannameEn el siglo XIII los turcos otomanos comenzaron la conquista del Asia Menor. En 1453 tomaron Constantinopla e invadieron Persia. Durante los quinientos años de dominación otomana las minorías cristianas de Turquía, incluyendo los armenios, estaban sometidas a un conjunto de incapacidades legales que les denegaban protección y reparación institucionales en el caso de ser víctimas de una agresión. También estaban sometidas a imposiciones arbitrarias, de las que la peor era el tributo de los niños (Devshirme). Los temidos jenízaros (soldados de élite) se llevaban a los niños cristianos, arrancándolos de sus padres.

Las guerras entre Turquía y Persia se desarrollaron en territorio armenio y en el siglo XVII el país se repartió entre ambos imperios musulmanes.

En 1722, las tropas rusas incursionaron en la Transcaucasia y ocuparon Bakú y algunos territorios de Persia. Encabezados por David-bek, un grupo de príncipes armenios se sublevaron y se unieron a los rusos. A la muerte del zar Pedro el Grande, quien apoyó a los armenios, Rusia firmó la paz con Persia. Una nueva guerra entre Rusia y Persia empezó en 1804 y finalizó en 1813, con la firma de un Tratado de Paz por el cual territorios históricos de Armenia fueron incorporados a Imperio Ruso.

En 1832 Turquía se encontraba en medio de una crisis internacional y, desesperada, dio pasos en busca de la protección rusa. Fue durante la visita del zar Nicolás I a Inglaterra cuando Rusia introdujo en la diplomacia europea la noción del ‘enfermo de Occidente’ con la que en adelante se aludiría al decadente Imperio Otomano. Una expresión que se entendía en la realidad como la de la próxima desintegración del mismo.

En el siglo XIX Rusia hizo varias guerras contra Turquía y Persia, y anexionó nuevos territorios armenios. Finalmente, Rusia incorporó la parte oriental de Armenia, aunque la mayor parte de las tierras armenias, continuó en poder de Turquía.

A principios del siglo XX vivían en Turquía 2 millones de armenios, la mayoría en la zona oriental. Dentro de Turquía los armenios constituían la minoría más numerosa, seguidos por los griegos y los judíos.

Pretextando que en la Primera Guerra Mundial los armenios manifestaron simpatía por el ejército Ruso que atacaba desde la Transcaucasia, el régimen de los Jóvenes Turcos perpetró en 1915 el genocidio de 1.500.000 armenios. Se fusiló y ahorcó a los hombres y a las mujeres y los niños fueron enviados a los desiertos de Siria, donde morían de hambre. Los sobrevivientes se refugiaron en las colonias del exterior, formando la Diáspora armenia.

Tras la caída del Imperio Ruso se proclamó en Ereván la República Armenia independiente. Turquía atacó Armenia en 1918 y en 1920. La economía de la joven república sufrió graves pérdidas y su territorio se vio reducido.

El trágico destino de los armenios ha de ser entendido en el contexto de las extremas condiciones de la Primera Guerra Mundial. Está luego el argumento de que si se produjeron atrocidades éstas fueron recíprocas. Los armenios mataron a los turcos, los turcos mataron a los armenios: una especie de guerra civil. En cualquier definición ‘guerra civil’ supone el colapso de la autoridad central y el consiguiente vacío de poder. Como resultado, las facciones comienzan a luchar unas contra otras en ausencia de una autoridad central. Antes de que el genocidio fuera puesto en práctica las autoridades de los Jóvenes Turcos Otomanos disolvieron el Parlamento otomano. Después declararon la ley marcial, lo que significó un control total de los movimientos, una censura que aislaba las provincias unas de otras, un control total de la comunicación, y la amenaza de un rápido y severo castigo militar y, por supuesto, la movilización del Servicio Secreto. La característica más importante de la futilidad del argumento de la ‘guerra civil’ es el siguiente hecho: el 2 de agosto de 1914, tres días antes de que estallara la Primera Guerra Mundial, las autoridades otomanas decretaron la movilización general y, como resultado, todos los armenios ciudadanos de Turquía, comprendidos entre los 20 y los 45 años, fueron llamados a filas por el ejército otomano. Uno puede imaginar la agonía y los sentimientos petrificados de la población armenia restante, formada por ancianos, mujeres y niños, muy conscientes de las recientes masacres de 1909 en Adana y que todavía podían recordar las terribles masacres de 1894-1896. Había terror en la población y no cabe imaginar que este conjunto de ancianos, mujeres y niños pudieran ni siquiera pensar en enfrentarse con el ejército otomano. Tras la destrucción física de un pueblo y de su cultura material, es la memoria lo único que le queda. La memoria es la víctima final amenazada.

En 1920, una coalición de comunistas y nacionalistas proclamó la República Soviética de Armenia.

En 1922, Armenia, Georgia y Arzerbaiyán formaron la Federación de Repúblicas Socialistas Soviéticas del Transcáucaso y se unieron a la URSS.

En 1988, impulsados por la apertura política de la URSS, los armenios que pertenecían a Rusia, iniciaron una campaña para unirse con Armenia, lo que fue acogido con gran entusiasmo, pero Moscú reaccionó adversamente y envió tropas para reprimir la unificación.

En 1991 el 99,3% de los armenios votaron en un referéndum en favor de la separación de la URSS. Armenia Soviética se independizó el 21 de septiembre de 1991 y ese año Levon Ter-Petrosian fue electo presidente.

¿CÓMO VIVÁN LOS ARMENIOS ANTES DEL GENOCIDIO?

La vida cotidiana de los armenios de las seis provincias, en las que vivía la mayor parte de ellos, se deterioraba con rapidez. A pesar de los nuevos vientos de cambio, la situación de los armenios permaneció prácticamente inalterada. En el sistema otomano los musulmanes seguían considerándose a sí mismos como los señores con relación a los no musulmanes que, como mucho, podían ser tolerados. El movimiento de reforma armenia se dirigió en la búsqueda de los derechos civiles, en especial la igualdad ante la ley, y su institucionalización irrevocable. La permanente relegación de los cristianos a un estatus inferior llevó a un bloqueo estructural y muchas de las personas bloqueadas por este sistema de castas, se dirigieron hacia las actividades comerciales y de negocios, en las que una buena parte de los armenios de las ciudades se perfeccionó y llegó a sobresalir, dado que las carreras militares, políticas o en la administración civil se encontraban por lo general fuera del alcance de la mayoría. La prosperidad económica que esto trajo para los bolsillos de los propietarios urbanos armenios condujo a un dominio económico de este segmento de la población armenia. Dada su posición inferior, el carácter relativamente superior de su prosperidad, visible e incluso llamativa, provocó una inveterada codicia, e incluso mala voluntad, en muchos de los que eran menos prósperos, y pobres, dentro del grupo de los musulmanes dominantes.

El grueso de la población armenia era consciente de que nunca se podría lograr la independencia en unas condiciones en las que una combinación de musulmanes —kurdos, turcos— les superaban en número. Revueltas, deportaciones y masacres se fueron sucediendo. El propósito principal de estas masacres era la destrucción económica, cultural y psicológica a gran escala, mediante una serie de masacres selectivas.

El fracaso consiguiente de las potencias para movilizar y aplicar una justicia penal preparó el terreno para el genocidio de la Primera Guerra Mundial. El gobierno británico fue el único gobierno que intentó presionar a los turcos para que desistieran. En Alemania la consigna fue que las masacres habían sido una invención británica hecha con un propósito político, y poco después el emperador alemán envió su retrato a Abdul Hamid como un cumplido.

TESTIMONIOS DE LA MASACRE DE ARMENIA

Como afirmó William Langer, el desaparecido historiador de la universidad de Harvard, en la conclusión de su estudio sobre el problema, «era perfectamente obvio que el Sultán estaba decidido a terminar con la cuestión armenia exterminando a los armenios».

 George Hepworth dirigió una investigación de dos meses. En 1898 Hepworth presentó un sumario de sus hallazgos: «Durante mis viajes por Armenia me he ido convenciendo cada vez más profundamente de que el futuro de los armenios es extremadamente oscuro. Puede ser que la mano de los turcos se vuelva atrás por miedo a Europa pero estoy seguro que el objetivo de los turcos es el exterminio y que perseguirán tal objetivo cuando se les ofrezca la oportunidad. Ya se han acercado mucho a su cumplimiento pues los armenios hoy son un pueblo empobrecido, desasistido y desesperado».. El oportunismo de la política de equilibrio de poderes y la maquiavélica diplomacia del Sultán, que se había convertido en un perfecto adepto al juego de enfrentar a una gran potencia contra otra, tuvieron como resultado el que la cuestión armenia se archivara en un momento en que la agitación política en la isla de Creta iba a conducir muy pronto a una corta guerra entre Grecia y Turquía que llevó a las fuerzas turcas hasta Atenas. Las preocupaciones europeas iban a dar un giro. Había caído la cortina sobre el primer acto del drama armenio.»

 Leslie Davies, que sirvió como cónsul estadounidense en Karpert escribió en sus Memorias: «Comenzamos hacia las 4 de la mañana un día de finales de septiembre. Tomamos la carretera de Diarbekir y tratamos de escaparnos sin que se dieran cuenta. Había cadáveres incluso en las afueras de la ciudad y seguimos viéndolos a lo largo de la carretera. Habían sido cubiertos con unas pocas paladas de basura, en vez de ser enterrados, ya que a los policías les era más fácil esto que cavar fosas. El resultado es que casi en todos los casos se podían ver, asomando por encima del suelo, brazos, piernas e incluso cabezas. Muchos habían sido parcialmente devorados por los perros. Luego giramos hacia el norte y seguimos rodando unas dos horas a lo largo del lago. En muchos de los valles había cadáveres y desde la cima de las colinas que se extendían entre ellos vimos cientos de cuerpos y muchos huesos en el agua. Se rumoreaba que mucha de la gente que había sido llevada allí había muerto tras ser arrojada por los policías desde lo alto de la cima. Lo que vimos confirmó el rumor. En algunos valles había sólo unos pocos cuerpos, pero en otros había más de mil. Uno de los primeros cadáveres que vimos fue el de un anciano con una blanca barba, cuyo cráneo había sido aplastado por una gran piedra que aún permanecía en él…/ En otros muchos de los valles que cruzamos había cabezas sobresaliendo de la arena de la orilla del lago y cuerpos sin enterrar por doquier…/ Una cosa notable acerca de los cuerpos que vimos era que casi todos estaban desnudos. Se me informó que la gente fue forzada a quitarse la ropa antes de ser asesinada, ya que los musulmanes consideran que las ropas de un cadáver están contaminadas. Muchos cuerpos presentaban heridas de bayoneta, generalmente en el abdomen o el pecho, a veces en la garganta. Otra cosa notable era que casi todas las mujeres estaban tumbadas de frente y mostraban bárbaras mutilaciones por la bayoneta de los policías, heridas que probablemente habían sido hechas en muchos casos después de que las mujeres murieran».

Lo que sigue es lo que vio en el desierto de Dir Zior Eitan Belkind, un soldado judío del ejército otomano:

«Un soldado circasiano ordenó a los armenios que juntaran cardos y espinos y que los apilaran en una gran pirámide. Después ataron por las manos a todos los armenios que estaban allí, casi 5000 almas, cercándolos como un anillo en torno a la pila de cardos y espinos y prendiéndoles fuego en una llamarada que subió hasta los cielos junto con los gritos de los desdichados que fueron quemados hasta la muerte. Huí del lugar porque no podía soportar semejante visión. Azoté al caballo para que galopara con todas sus fuerzas y después de una loca carrera de dos horas todavía podía seguir escuchando sus lastimosos gritos, hasta que volví al lugar y vi los cuerpos abrasados de miles de seres humanos.»

Richard Kühlmann Después de haber servido como emisario especial en la embajada alemana en otoño de 1914 y como embajador entre noviembre de 1916 y julio de 1917 y antes de convertirse en el ministro de Exteriores alemán, Kühlmann preparó un largo informe confidencial para el canciller alemán Bethmann Hollweg en el que analizaba el destino de los armenios otomanos durante la guerra. En su informe, Kühlmann hablaba de «la aniquilación de los armenios que se estaba realizando en gran escala»

La mirada de Julio Camba en Armenia

El periodista gallego Julio Camba se topó en su primera corresponsalía en el extranjero con la brutalidad del genocidio armenio a manos turcas. Sus conmovidas crónicas, se recuperan en el volumen “Constantinopla”, que incluye también las crónicas que envió en 1908, cuando Turquía vivía la revolución de los Jóvenes Turcos.

Camba  actuó en esa época como “un genuino corresponsal de guerra” y supo adaptarse “al tono de gravedad de las nuevas circunstancias bélicas”, según ha advertido José Miguel González Soriano

 “Se trata de algo horrible, aun en esta época en la que el horror se ha hecho vulgar y cotidiano”, escribió Camba, en alusión a lo que sucedía en las trincheras de Francia y como un vaticinio de lo que iba a ocurrir en Europa en los años de la Segunda Guerra Mundial y en la guerra de los Balcanes

El humor que caracteriza la práctica totalidad de la obra del autor gallego se torna amarga ironía en estas crónicas, cuando da cuenta del hallazgo de medio millar de cuerpos insepultos: “Unos eran de hombres, otros de mujeres, otros de niños. A los hombres y a las mujeres se les había matado como conspiradores. Los niños no habían conspirado; pero hubieran podido conspirar con el tiempo“.( )”mutilaciones tan vergonzosas como crueles” También da cuenta de la saña contra la mujeres: “Los turcos encontraron una voluptuosidad nueva: la de ultrajar a las armenias ante sus padres y sus maridos”.

LA NEGACIÓN DEL GENOCIDIO

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A la vista de la campaña internacional turca de negación y desinformación, desde hace dos decenios los armenios están buscando reconocimiento internacional del Genocidio Armenio. En 1985 el Tribunal de los Pueblos y el Subcomité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas reconocieron el genocidio armenio. El parlamento europeo lo ha hecho dos veces, en junio de 1987 y en 2002, estableciendo el reconocimiento del genocidio armenio como una de las precondiciones para que Turquía sea admitida en el mercado común europeo.

A día de hoy, después de la Shoah, es el genocidio más estudiado por historiadores y juristas, siendo así calificado por 23 gobiernos de todo el mundo, destacando Rusia y varios países europeos e hispanoamericanos. Chipre, Eslovaquia, Grecia y Suiza, por su parte, han prohibido penalmente la negación del genocidio. Y Francia lo intentó pero, finalmente, lo impidió su Tribunal Constitucional.

El gobierno norteamericano, por su parte, no lo ha reconocido; si bien 44 de sus Estados ya lo han hecho. De hecho, el que fuera  presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, en su comunicado por el 24 de abril afirmó que «Este año conmemoramos el centenario del Meds Yeghern (Gran Matanza, en armenio), la primer atrocidad masiva del Siglo XX»; evitando, no obstante, la palabra «genocidio». Y continuó asegurando que «He declarado consistentemente mi propia visión de lo ocurrido en 1915, y mi punto de vista no ha cambiado (…) Celebramos las expresiones del Papa Francisco, de los historiadores turcos y armenios y los muchos otros que han tratado de arrojar luz a este oscuro capítulo de la historia».

Acaso el pronunciamiento más enérgico y mediático fuera el que pronunció el Papa Francisco, el 12 de abril, previamente al inicio de la eucaristía conmemorativa de los mártires armenios. Del mismo destacamos las siguientes palabras:

«También hoy estamos viviendo una especie de genocidio causado por la indiferencia general y colectiva, por el silencio cómplice de Caín que exclama: ‘¿Y a mí qué me importa? ¿Soy yo quizás el guardián de mi hermano?’.

EN RESUMEN

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Perecieron dos millones de armenios, dos tercios del total de la población armenia, y los supervivientes constituyen en la actualidad la Diáspora Armenia. Hoy los armenios están enzarzados en un largo conflicto con Turquía, originado en la negación de los hechos genocidas por parte de la moderna Turquía y por los intentos hechos por los armenios para lograr el reconocimiento internacional del Genocidio Armenio.

LOS ARMENIOS HOY

Cada 24 de abril, miles de armenias y armenios se vuelcan en las calles de Buenos Aires, Moscú, París y Ereván para que la sociedad internacional reconozca el primer crimen de  masas a gran escala del siglo XX.

 

Bibliografía:

Genocidio armenio. George Hintlian

Ivan Gaztañada Gónzalez. El País. com

Ara Aivazian Embajador de la república de Armenia. El Universal.com

Orígenes del genocidio armenio y sus repercusiones contemporáneas- Pascual Avedis Abramian

Soyarmenio.com

Armenia. Aida L. Palomeque

Fotografías:

Wikipedia

Prensa armernia

 

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