EL MURO DE BERLÍN

 

Dentro de unos meses se cumplirá el 30 aniversario de la caída del Muro de Berlín, un  monumento histórico que dividió físicamente a una nación y simbólicamente a dos bloques políticos.

EL ORIGEN DE LOS MUROS, MURALLAS Y FRONTERAS

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Cuando el hombre comenzó a distribuirse por nuestro planeta, las únicas barreras que existían eran las que la propia naturaleza les imponía. Sin embargo, cuando el hombre se hace sedentario y empieza a vivir en tribus fijas en las que los víveres se empiezan a almacenar y el ganado a parcelar, la tribu se empezó a hacer más numerosa y a liberar a algunos de sus miembros para que se dedicaran a otras tareas. De esos pequeños comienzos surgieron las grandes ciudades iniciándose una impetuosa marcha hacia una nueva vida social.

Al principio, había un comercio y una mutua relación entre un centro urbano y otro, pero la ambición propia del ser humano les hizo desear seguir creciendo en esplendor y riquezas. Tenían que aumentar sus provisiones por uno de estos dos medios: el comercio o la conquista, así surgieron las guerras y la necesidad de blindar las ciudades con muros y murallas.

Pero este muro no perseguía esa finalidad (aunque también) Lo que perseguía principalmente era que los habitantes de esta ciudad no salieran y su forma de disuasión era la muerte.

Pero vamos a empezar por unos años antes de la construcción del muro.

EL ORIGEN. LA REVOLUCIÓN RUSA DE 1917

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Antes de la revolución de 1917, Rusia era un país bastante atrasado que luchaba por modernizarse e industrializarse, intentando equiparase a otros países donde la Revolución industrial hacía años que estaba definitivamente implantada. Alejandro II fue quien dio el primer impulso a la industrialización en la década de los sesenta del siglo XIX; aunque logró algunos adelantos, Rusia seguía estando a la zaga de la mayoría de los países europeos, y buena parte de su capacidad industrial dependía del extranjero. Tenía un sistema económico débil para competir y esa debilidad, combinada con las consecuencias de la Primera Guerra Mundial, provocó la caída del Zar ante las masas enfurecidas en febrero de 1917. Lenin y su partido no tomaron parte directa en la caída, pero se organizaron para recomponer sus restos en la revolución de Octubre de 1918.

 

DESPUÉS DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL

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En la nueva situación conocida como “guerra fría”, los Estados Unidos se convirtieron en la “policía del mundo” para sus aliados capitalistas. De común acuerdo, las fuerzas americanas y británicas se reunieron en Berlín y dividieron Alemania por la mitad: los estadounidenses, británicos y franceses ocupaban Europa Occidental y los soviéticos, la Europa del Este. Al término de la Segunda Guerra Mundial, la Unión Soviética también se movió rápidamente y tomó regiones del noroeste de Asia tras la derrota japonesa.

La deliberada pretensión de Lenin, Stalin, Trotsky y otros bolcheviques era crear un estado comunista donde no existiera la propiedad privada de los medios de producción.

El estado comunista pudo crearse debido en parte a la ausencia de una clase capitalista fuerte y al inicio de una industrialización forzosa para que el estado sobreviviera logrando de este modo situar a Rusia en el segundo lugar en su PIB  después de EE.UU.

El descontento social dentro de la Unión Soviética

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1953, 1956, 1968 se produjeron rebeliones importantes en Alemania del Este, Polonia, Hungría y por último Checoslovaquia. Durante esas rebeliones contra el comunismo y la dominación soviética, los tanques soviéticos salieron a la calle para aplastar la protesta.

Sin embargo en la década de los noventa la Unión Soviética nos sorprendió a todos al hundirse y poner fin simbólico a esta guerra fría justo antes de que comenzara el nuevo siglo.

BERLÍN UNA CIUDAD DIVIDIDA Y REUNIFICADA

Durante la Segunda Guerra Mundial, Berlín quedó devastado por los bombardeos aliados. El 2 de mayo de 1945 se rindió al ejército soviético, poniendo fin al Tercer Reich de Adolf Hitler. Los victoriosos aliados dividieron la ciudad en cuatro sectores, controlados respectivamente por Francia, Gran Bretaña, la Unión Soviética y los Estados Unidos. Aunque Berlín se encontraba dentro de la zona de Alemania ocupada por la Unión Soviética, la ciudad continuó bajo la administración conjunta de las cuatro potencias.

En 1961  el gobierno de la República Democrática Alemana decidió cerrar sus fronteras, y ordenó a la policía y al ejército que levantaran en Berlín un gigantesco muro de 42 kilómetros de longitud, vigilado por guardias armados y protegido con alambradas y campos de minas, que dividía la ciudad en dos. Una noche es el tiempo que tardaron las autoridades de la RDA en levantar esta barrera para separar Berlín Occidental, perteneciente a la República Federal Alemana (RFA), de Berlín Oriental y el resto de la RDA, y detener la emigración a través de la ciudad que ambos países compartían. El 12 de agosto de 1961, la RDA decidió emprender la construcción de esta barrera. Esa medianoche, la policía y unidades del ejército de la RDA cerraron la frontera de Berlín, mientras soldados y obreros derribaban edificios, dejando calles impracticables para el tránsito de vehículos, e instalando alambradas y cercas a lo largo de 43 kilómetros que dividían las dos partes de la ciudad.

1981 descarga (1)ante la rebelión y la creciente fuerza del movimiento Solidaridad en Polonia, el ejército polaco detuvo el movimiento y encarceló a líderes como Lech Walesa para evitar que los tanques soviéticos volvieran a entrar. A finales de los años ochenta comenzó a resurgir el movimiento Solidaridad. Los europeos del Este esperaban con miedo y el resto de del mundo con perplejidad, que los tanques soviéticos entraran, pero no lo hicieron. Es más, Mijail Gorbachov, que llegó al poder en 1985, empezó a sacar los tanques de Hungría en ese mismo año.

 1989  La presión ciudadana obligó a la República Democrática Alemana a abrir sus fronteras. Ante la rebelión y la creciente fuerza del movimiento Solidaridad en Polonia, el ejército polaco detuvo el movimiento y encarceló a líderes como Lech Walesa para evitar que los tanques soviéticos volvieran a entrar. A finales de los años ochenta comenzó a resurgir el movimiento Solidaridad. Los europeos del Este esperaban con miedo y el resto de del mundo con perplejidad que los tanques soviéticos entraran, pero no lo hicieron. Es más, Mijail Gorbachov, que llegó al poder en 1985, empezó a sacar los tanques de Hungría en 1985.

El 19 de agosto de 1989 uno de los líderes del sindicato polaco Solidaridad se convirtió en el primer ministro no comunista de un país de la Europa del este desde la Segunda Guerra Mundial. Esto sucedió inmediatamente después de que el gobierno comunista de Polonia legalizara por primera vez el sindicato Solidaridad y dejara que participase en las elecciones nacionales de junio de 1989. Muchos de los candidatos de Solidaridad que ganaron habían estado hacía poco en la cárcel.

10 de noviembre de 1990 cayó el Muro de Berlín y dimitió el gobierno comunista de Alemania del Este. Comenzó la destrucción del muro y la reunificación alemana. Los berlineses echaron abajo, sin derramamiento de sangre, sin disturbios ni alborotos, un telón impenetrable de acero y hormigón y lo derrumbaron –aún simbólicamente– del mismo modo en que se erigió: sin avisar, sin que nadie, o casi nadie, lo sospechara y, sobre todo, en pocas horas.

El 28 de noviembre dimitió el gobierno comunista de Checoslovaquia y cedió el poder al líder de la oposición

El 23 de diciembre  una revolución popular provocó la caída del gobierno comunista en Rumanía, y otros gobiernos comunistas de la Europa del Este prometieron reformas y programaron elecciones entre partidos.

El 3 de octubre de 1990, se produjo la reunificación de Alemania y Alemania del Este dejó de existir. La caída del régimen dejó la región central de Rusia con un gobierno no comunista y muchos estados independiente que se habían desgajado de la vieja Unión Soviética dejó de existir. La economía alemana se hizo más poderosa, algo que inquietó a algunos europeos.

 En 1991 ocurrió el acontecimiento más importante y sorprendente de todos, pues de repente, la Unión Soviética dejó de existir. La caída del régimen dejó la región central de Rusia con un gobierno no comunista y muchos estados independientes que se habían desgajado de la vieja Unión Soviética

MOTIVOS DE LA CREACIÓN DEL MURO DE BERLÍN

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El caso de Berlín era un ejemplo de las desiguales relaciones entre los dos estados alemanes. De los dos millones de personas que se calcula que pasaban diariamente de un lado a otro de la ciudad a finales de los años cincuenta, más de cincuenta mil trabajaban en la zona occidental pero consumían en el este, lo cual generaba una demanda imposible de abastecer por las autoridades comunistas, y esto sin contar el caos derivado de la circulación de dos monedas distintas. Para terminar con todo atisbo de contestación y con el propósito de evitar salidas masivas —la sangría demográfica era incontenible: hasta ese momento casi tres millones de alemanes del este habían abandonado el Estado «de los obreros y campesinos» para refugiarse en la República Federal—, las autoridades de Alemania del Este, apoyadas por Moscú, decidieron romper los vínculos con el oeste y para ello optaron por la vía radical del cierre de la frontera: el 13 de agosto de 1961 ordenaban levantar el Muro de Berlín. A partir de este momento, como escribió Hans-Joachin Maaz, fundador de la Academia de Psicología Profunda de la República Democrática: «La RDA fue el símbolo de una vida amurallada y limitada». Fue precisamente en esos años cuando el bloque soviético empezó a ser considerado en círculos intelectuales y políticos cada vez más amplios de Occidente una nueva «cárcel de los pueblos».

Comenzó un clamor ante la ignominia que representaba el Muro de Berlín, destacó el ronal reagan discurso ante la puerta de branderburgopapel desempeñado por el presidente Ronald Reagan, quien en su visita a Berlín Oeste en junio de 1987, pronunció las siguiente palabras: «¡Secretario General Gorbachov! Si busca usted la paz, si busca la prosperidad para la Unión Soviética y Alemania del Este, si busca la liberación, venga a esta Puerta [la Puerta de Brandenburgo], señor Gorbachov. Abra esta Puerta. Derribe este muro [“Tear down this wall!”], señor Gorbachov».

El factor catalizador clave, además de la evolución de la crisis en el propio sistema soviético, resultó ser Mijail Gorbachov. El desolador panorama económico de Alemania Oriental y la creciente protesta social no iban a encontrar respiro hasta que llegó el  programa de cambios estructurales impulsado por Gorbachov

PETER FECHTER LA PRIMERA VICTIMA DEL MURO

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Peter Fechter era un obrero de la construcción alemán que -cansado de esperar- un día intentó escapar de la República Democrática Alemana junto con su amigo Helmut Kulbeik.

Ambos habían tramado un plan para esconderse en un taller de carpintería cerca del «muro de la vergüenza» donde observarían a los guardias y después saltarían desde una ventana en el momento adecuado hasta el llamado corredor de la muerte (un espacio entre el muro principal y un muro paralelo que recientemente se había empezado a construir). Si todo salía bien, correrían por este corredor hasta una pared cercana al checkpoint Charlie, en el distrito de Kreuzberg en Berlín occidental.

Pero su aventura no tuvo un final feliz, al menos para Fechter, que al tratar de escalar la pared final fue avistado y disparado por los guardias, cayendo de nuevo en el lado este. Estuvo gritando y desangrándose durante cerca de una hora, pero no recibió ayuda médica de ninguna de las partes, que tenían miedo a posibles represalias.

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Tras la reunificación alemana, se construyó un monumento en su honor y el de las otras 270 personas que perdieron su vida tratando de buscar la libertad.

RALF J. LEITERITZ

Aquí os dejo unas palabras del profesor universitario Ralf j. Leiteritz que vivió en esos años en la República Democrática Alemana,  porque, desde mi punto de vista, los políticos establecen las acciones que los habitantes, los miles de personas que habitan una ciudad, ven como su vida mejora o empeora con ellos.

«Sin duda, la sociedad de Alemania Oriental estaba fuertemente controlada, y nada menos que por la tristemente célebre Stasi, la policía secreta. Exponer un pensamiento crítico hacia el régimen socialista en público, incluido el colegio, frecuentemente acarreaba duras consecuencias para aquellos que lo hacían. Los estudiantes estábamos completamente conscientes de esto. Conocíamos tanto lo que se esperaba que dijéramos en clase como lo que sólo podía mencionarse en privado con la familia o los amigos. Como todos los alemanes orientales, aprendimos a hablar en “dos lenguas”: una para la escuela y otra para la casa. Las críticas al régimen y a la ideología que éste decía encarnar estaban por doquier, mas no eran públicas ni visibles para el mundo exterior.

Sabíamos que todo el sistema estaba averiado, hueco, como el rey sin traje en el cuento infantil. Al mismo tiempo, sin embargo, creíamos que este sistema perduraría hasta que muriéramos. Nadie, ni en sus más locos sueños, podría haber imaginado ver a Alemania reunificada en el transcurso de su vida. Nadie creía que el socialismo dejaría de ser la ideología dominante. Algunos habíamos depositado nuestras esperanzas en Michael Gorbachev, para que él pudiera darle al socialismo un “rostro humano” que lo hiciera más soportable económica y políticamente. Sin embargo, los ancianos y testarudos comunistas de línea dura de Alemania Oriental no querían siquiera considerar tal prospecto. La luz al final del túnel se veía distante para Alemania Oriental hacia el final de los años ochenta.

Sin embargo, en cierta forma los grupos de la oposición y yo subestimábamos un sentimiento muy arraigado en gran parte de la población. Lo que más molestaba a la gente, sobre todo a los jóvenes, era la imposibilidad de viajar fuera de nuestras fronteras. Bajo la ley de Alemania Oriental, y en marcado contraste con otros países socialistas como Polonia, Hungría o Checoslovaquia, sólo los pensionados podían viajar a Alemania Occidental. Algunos de nosotros teníamos parientes en el occidente, que, durante la Navidad, nos enviaban paquetes llenos de dulces y otros artículos de consumo de los que no disponíamos. En ocasiones, nuestros familiares podían visitarnos en Leipzig, ya que la libertad de movimiento era restringida de oriente a occidente, mas no al revés, dejándonos algunos marcos alemanes que podíamos gastar en los “Intershops”, tiendas aisladas y casi siempre localizadas en hoteles caros, en donde se podían comprar bienes del occidente con monedas “fuertes”. En su mayoría, los alemanes orientales sólo visitaban estas tiendas, donde nunca podían comprar algo por falta de “dinero fuerte”, pero esto permitía hacerse una idea de los artículos disponibles en una sociedad capitalista de consumo.

La gran pregunta es, entonces, por qué colapsó de un día para otro un sistema aparentemente estable. Muchos libros ya se han escrito al respecto. No hay, pues, necesidad de profundizar en tan amplio interrogante. Sin embargo, mi interpretación personal enfatiza la dimensión económica. El conocimiento indirecto, pero ampliamente visible, de lo que la sociedad de Alemania Occidental podía ofrecer en términos económicos a los habitantes del oriente los convenció de que ni siquiera una reforma al sistema socialista funcionaría. Ya no estaban dispuestos a esperar un “milagro económico” bajo una bandera no capitalista. Querían tener las mismas posibilidades de elegir que tenían los occidentales cuando iban a un supermercado o a un centro comercial. El tiempo era clave: esperar al “socialismo de rostro humano” dejó de ser una opción viable.

¿Y qué hay de mí? ¿Comparto el sentimiento de nostalgia del Este u Ostalgie que siente algún segmento de la población oriental cuando recuerdan los “viejos tiempos”, sensación bien plasmada en películas como Adiós a Lenin? Creo que mis comentarios anteriores delatan la respuesta: no. Aunque disfruto al acordarme de programas de televisión, películas, marcas comerciales, estrellas deportivas y similares, siempre asociaré a Alemania Oriental con la represión. No era, claramente, la Alemania nazi. Ningún Holocausto ni otros crímenes abominables sucedieron allí. Pero la vida estaba muy restringida y politizada en casi todos sus aspectos. Nunca fueron opciones la libertad de viajar para poder ver el resto del mundo, la libertad de consumo o la libertad de opinar sin sentir la presión del Estado.

Cuando vivía en Alemania Oriental, nunca vi el Muro pintado de la forma en que lo apreciamos hoy aquí. En su sección oriental estaba pintado de un blanco prístino. Nadie, excepto los guardias de frontera, podía acercarse a él. Así que, para mí, ver un muro pintado aún tiene cierta novedad. De manera irónica, un sentimiento liberador. Un signo de que las personas pueden al menos expresar su pensamiento libremente, mientras son conscientes del hecho de que todavía permanecen muchos muros visibles e invisibles entre ellas.»

BIBLIOGRAFÍA

Crankshaw, Edward (2000). La sombra del Palacio de Invierno: La deriva de la Revolución, 1825-1917

Cercha “Revista de aparejadores y arquitectos técnicos” nº 122 2014

La caída del Muro de Berlín. El final de la Guerra Fría y el auge de un nuevo mundo-Ricardo Martín de la Guardia.

ABC.ES

Estratificación social y desigualdad- Harold R. Kerbo

Fotografías:

Wikipedia

abc_cultural

El mundo.es

rtve.es

El pais.com

 

 

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