BRITANIA ROMANA

 

Es imposible recorrer Gran Bretaña y no tomar consciencia del paso de los romanos por aquellas tierras y es que a pesar de los siglos transcurridos, sus huellas son palpables por todos lados. Ciudades como Londres, Chester, Manchester, Bath o York nos muestran las ruinas, muros, puentes, la propia creación de ciudades o calzadas que son los legados que dejaron los romanos.

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LOS HABITANTES DE GRAN BRETAÑA ANTES DE LOS ROMANOS

Britania era conocida durante la antigüedad clásica como una gran fuente de estaño. La isla había sido probablemente explorada por el geógrafo griego Piteas en el siglo IV a.C. y por el navegante cartaginés Himilcon en el siglo V. a.C., pero su posición separada por el océano del resto del mundo conocido, le confería un alto grado de misterio. Algunos historiadores insistían incluso en que su existencia era pura mentira​ y el viaje de Piteas se desestimó como si fuera una falacia​

LA HISTORIA ROMANA DE GRAN BRETAÑA

Durante los 350 años de ocupación romana, Gran Bretaña fue una colonia. Tras la derrota de las tribus rebeldes del país, los romanos se mantuvieron como potencia ocupante. Su legado consiste en construcciones militares y civiles: fuertes, murallas y pueblos. Sus largas calzadas, trazadas para facilitar el movimiento de tropas, siguen surcando el paisaje.

54 a.C. Julio César DESEMBARCA EN GRAN BRETAÑA, PERO SE RETIRA.

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Las invasiones de Britania por César se reducen a dos campañas bélicas dirigidas por él al sur de la isla conocida como Britania por los romanos, que fueron llevadas a cabo en el 55 y 54 a.C.:

a) ​ La primera invasión tuvo lugar en verano y se desconoce si fue planeada como una invasión a gran escala o como una misión de reconocimiento. Julio César movilizó a dos de sus legiones (la VII y la X) y a 80 navíos para cruzar el Canal de la Mancha y asaltar las Isla Británicas. Sin embargo así narró este suceso el mismo general en su obra historiográfica «Bellum Gallicum» (en la que hablaba de sí mismo en tercera persona): «Por culpa de las tempestades, la flota de refuerzo tuvo que retirarse a las costas galas»…«Destrozadas muchas naves, quedando las demás inútiles para la navegación, sin cables, sin áncoras, sin rastro de jarcias, resultó, como era muy regular, una turbación extraordinaria en todo el ejército, pues ni tenían otras naves para el reembarco, ni aprestos algunos para reparar las otras».

b) Un año después (en el 54 a. C.) armó de nuevo a sus legiones y llamó otra vez a las puertas de Gran Bretaña. En este caso mejor pertrechado y con muchos más víveres y hombres, tuvo más éxito, aunque César no logró conquistar territorios para la república, el éxito de la campaña radica en que Roma contó con sus primeros aliados en la isla e impuso los primeros tributos entre las tribus de Britania. Aquel fue el comienzo de la sumisión y la romanización de las tribus más destacadas de las tierras de los druidas.

Un equipo de la Escuela de Arqueología e Historia Antigua de la Universidad de Leicester afirma haber descubierto la ubicación exacta del desembarco de Julio César y su flota en la isla de Gran Bretaña, en el 54 a.C. Los arqueólogos sostienen que la flota de César desembarcó en la bahía de Pegwell, en la isla de Thanet, en el sureste de Inglaterra, que estuvo separada de la isla de Gran Bretaña por el canal Wantsum hasta la Edad Media, pero que hoy ya no es una isla.

 43 a.C. LA INVASIÓN DEL EMPERADOR ROMANO CLAUDIO

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El emperador romano Claudio invadió la isla de Gran Bretaña y tras vencer la resistencia inicial obtuvo el sometimiento de los once principales líderes del sur de Britania, haciéndola formar parte del Imperio Romano. De esta manera, el emperador Claudio hace que Britania entre realmente en la Historia.

El emperador Claudio asentó los dominios del Águila en aquellas tierras y favoreció la expansión de las legiones, tal y como explica el divulgador histórico Antonio Diego Duarte Sánchez en su conocida obra « El ejército romano». En los años posteriores a la llegada de Claudio, hasta media docena de las tribus britanas más destacadas rindieron pleitesía a Roma.

61 d.C. BOUDICA (REINA DE LOS ICEOS) SE REBELA CONTRA LOS ROMANOS

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Boudica Fue una heroína que dirigió a un gigantesco ejército contra las legiones romanas para liberar Britania de sus invasores. Parece que su primer objetivo fue  perpetrada por los mismos legionarios que  había arrasado su pueblo y le habían arrebatado las riquezas a su familia.

Sin embargo, Boudica fue también una sanguinaria reina que arrasó los tres asentamientos más importantes de Roma en las islas y acabó con más de 80.000 civiles(muchos de ellos, después de ser torturados y quemados vivos) antes de ser detenida por el ejército de Cayo Suetonio Paulino. Con todo, y para muchos de sus compatriotas, esta mujer es considerada como la que trató de liberar a su pueblo del Imperio Romano

70 d.C. LOS ROMANOS CONQUISTAN GALES Y EL NORTE

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Tras la derrota de los insurgentes britanos al mando de la reina Boudica, los siguientes gobernadores enviados por Roma para gobernar la provincia continuaron su conquista avanzando hacia el norte.

—Cartimandua, la última reina de la tribu celta de los brigantes, la más populosa de Gran Bretaña en los tiempos iniciales de la conquista romana, fue obligada a pedir apoyos a los romanos para que la ayudaran a enfrentarse a la rebelión de su marido Venetio.

—Quinto Petilio Cerial tomó unas cuantas legiones estacionadas en Lincoln y avanzó hasta llegar a York. Las legiones se enfrentaron y derrotaron a Venutio en las inmediaciones de Stanwick, alrededor del año 70. Como resultado, la tribu de los brigantes fue totalmente romanizada.

—Sexto Julio Frontino fue enviado a gobernar la provincia romana de Britania en 74 en sustitución de Quinto Petilio Cerial. El nuevo gobernador subyugó a la tribu de los siluros y a los pueblos hostiles a Roma que se asentaban en el territorio de Gales.

120 d.C.  EL MURO DE ADRIANO

El emperador Adriano construye una muralla en la frontera escocesa. «Fui el primero que trazó un muro, de ochenta mil pasos, para separar a los bárbaros de los romanos», afirma Adriano en la Historia augusta.

En el año 122, Publio Elio Adriano desembarcó en Britania. Con su habitual energía, el emperador marchó hacia el norte, hasta la actual Newcastle, y allí ordenó la construcción de una nueva y faraónica obra: un muro que atravesara la isla de mar a mar. Por primera vez en su larga historia de victorias y conquistas parecía que Roma había encontrado los límites de su Imperio. Si queréis conocer más sobre la vida de Adriano podéis encontrar información en mi artículo “Adriano: pacificador, viajero, poeta, perfecto y enamorado de Antinoo” , sólo tenéis que pinchar en el título.

El reinado de Adriano había comenzado con los peores augurios. A la muerte de Trajano, su predecesor, en agosto de 117, la situación era crítica: se habían sublevado tanto los judíos como los territorios recientemente conquistados por Trajano en su campaña contra los partos, como Mesopotamia y Armenia; de Britania llegaban terribles noticias; se hablaba de la imposibilidad de seguir dominando la isla y de multitud de romanos muertos en combate. El emperador descubrió que el poder de Roma tenía límites, realidad hasta entonces inconcebible para un romano. Adriano eligió salvar el Imperio y abandonar las últimas provincias conquistadas por Trajano, que tanta resistencia oponían. Roma debería conservar sus fronteras y fortalecerse en su interior.

El muro de Adriano no es comparable a las murallas de una ciudad antigua, capaces de resistir un asalto. Ni su altura ni la anchura de su adarve o camino de ronda parecen suficientes para ofrecer una resistencia efectiva. Además, su enorme longitud impediría una distribución eficaz de las fuerzas romanas. Sólo una fuente antigua habla explícitamente del muro. La biografía de Adriano en la Historia augusta informa del propósito imperial: «Fue el primero que trazó un muro, de ochenta mil pasos, para separar a los bárbaros de los romanos». Este pasaje proporciona la clave para entenderlo. Aunque construido por las legiones y vigilado por tropas auxiliares, el valor del muro estaba en su capacidad de regular los límites de la vida civilizada, de canalizar los intercambios entre el suelo romano y el bárbaro. Así, el muro se convirtió en una frontera abierta, pero bien controlada, que habría de permitir no sólo la consolidación de la vida civilizada en las tierras del sur, sino una relación pacífica y ordenada con los bárbaros del norte.

El muro de Adriano fue construido, a partir del año 112, por tres legiones (la II Augusta, la VI Victrix y la XX Valeria Victrix, unos 7.000 hombres en total) y era una estructura mucho más imponente que una simple muralla.

El trabajo principal se terminó en sólo seis años. En cada milla romana se erigió un pequeño fuerte, en total hay 79, y entre cada fuerte había dos torres de vigilancia, que servían sobre todo como forma de comunicación. Un foso discurría por delante, pero, curiosamente, otro foso más profundo defendía el muro por detrás.

140-143 d.C. LOS ROMANOS OCUPAN EL SUR DE ESCOCIA Y CONSTRUYEN LA MURALLA ANTONINA PARA MARCAR LA FRONTERA

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En el año 142, cuatro años después de la muerte de Adriano, su sucesor, Antonino Pío, ordenó el inicio de la construcción de un segundo muro. Por muy paradójico que sea, la construcción de este segundo muro, 140 kilómetros al norte del primero, era el reconocimiento del éxito del muro de Adriano. La obra de este emperador se había concebido como un instrumento de regulación de la frontera y las consecuencias habían sido absolutamente positivas. No sólo se había protegido el proceso de romanización de los pueblos al sur del muro, sino que los vecinos del norte, los que vivían allende la muralla, habían recibido el beneficioso efecto de la civilización romana. Gracias a esto, Antonino Pío los pudo incorporar sin peligro a los dominios imperiales, aunque por lo demás  siguió fielmente el precepto de Adriano de no acrecentar los dominios de Roma.
Pero este éxito sólo fue el preludio de mayores tormentas, pues el muro no consiguió  someter a las tribus hostiles que vivían entre ambas murallas, en las tierras altas de la Caledonia meridional. En Caledonia, como denominaban los romanos al territorio de la actual Escocia, surgieron pueblos que se revelaron como un enemigo constante de Roma, en particular los pictos, llamados así seguramente por los tatuajes de vivos colores que cubrían su cuerpo.  Estas tribus de los pictos constituían una importante amenaza por su hostilidad, ante lo cual sus tierras fueron asoladas y un gran número de sus habitantes apresados y deportados a Germania. Las tribus que habitaban las tierras de Escocia no pudieron ser tan fácilmente atraídas a la civilización. Tras la muerte del emperador, en el año 161, y como consecuencia de la presión bárbara, el muro de Antonino fue abandonado y la frontera volvió a instalarse en la antigua muralla de Adriano.

208 d.C. SEPTIMO SEVERO LLEGA DE ROMA CON REFUERZOS

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Septimio Severo embarcó en compañía de sus hijos, Geta y Caracalla, hacia la provincia de Britania para combatir a los caledonios. Ambos ejércitos se enfrentaron en una serie de batallas hasta el año 209 sin que se produjera ninguna victoria decisiva. A fin de asegurar la frontera norte del Imperio, Severo reforzó el muro de Adriano.

234 d.C.  DECAPITACIÓN DE SAN ALBINO, PROTOMÁRTIR CRISTIANO DE GRAN BRETAÑA

306 d.C. LAS TROPAS ROMANAS DE YORK PROCLAMAN EMPERADOR A CONSTANTINO

El año 305 marcó el final de la primera tetrarquía con la renuncia de los dos augustos Diocleciano y Maximiano.​ De esta forma, los dos césares accedieron a la categoría de augusto y dos oficiales fueron nombrados nuevos césares. La segunda tetrarquía quedaba así formada: Constancio Cloro y Severi II, como augusto y césar respectivamente, en occidente y Galerio y Maximino Daya en la parte oriental del imperio.

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Sin embargo, Constancio Cloro cayó enfermo durante una expedición contra los pictos en Caledonia, muriendo el 25 de julio de 306. Su hijo Constantino se encontraba junto a él en su lecho de muerte en Eboracum (actual ciudad de York, Inglaterra), en la Britania romana, donde su leal general Chroco, de ascendencia alemana, y las tropas leales a la memoria de su padre le proclamaron emperador, lo que fue aceptado rápidamente en Britania y Galia,

410 d.C. LOS ROMANOS SE RETIRAN DE GRAN BRETAÑA

El siglo V supuso la retirada de los romanos de tierras británicas y la sustitución por los pueblos germanos.

La relación histórica del Imperio con las tribus germanas había sido unas veces hostil, otras de cooperación, pero finalmente resultaron fatales, ya que el imperio no pudo evitar que las tribus asumieran con el tiempo un papel dominante en la relación. Las tribus germánicas al este del Imperio eran capaces de sacar provecho del estado de debilidad del imperio, tanto para expandirse en territorio romano y, en algunos casos, para mover a toda su población en las tierras que antes se consideraban exclusivamente romanas.

El último día de diciembre de 406 d. C., suevos, vándalos y alanos que vivían al este de las Galias cruzaron el río Rhin cuando estaba congelado y dieron comienzo a la época de las invasiones bárbaras​

Sin respuesta efectiva por parte del Imperio, la guarnición romana en Britania temía que las tribus germanas al otro lado del canal invadieran Britania de forma inmediata.

410 D.c. FIN DEL IMPERIO ROMANO EN BRITANIA

El año 410 d.C. es el preferido por la mayoría de los historiadores como la fecha final del imperio romano sobre Britania. En torno al año 410, los habitantes de las ciudades de Britania se dirigieron al emperador de Roma, Honorio, para suplicarle que los asistiera frente a los ataques de los bárbaros que asolaban sus tierras. Sin embargo, en el rescripto que les envió en respuesta, Honorio les dijo que lo único que podía hacer era conminarlos a «defenderse por ellos mismos». El emperador admitía así que no tenía capacidad para despachar tropas a un territorio tan alejado y que, por tanto, no podía ejercer una autoridad real sobre su antigua provincia. Era el reconocimiento de que el dominio de Roma sobre Britania había llegado a su fin. Sin embargo, los britanos siguieron considerándose romanos y durante varias décadas llevaron a cabo lo que Honorio les había recomendado: defenderse a sí mismos. Organizados en pequeños reinos locales, se refugiaron tras las murallas de sus ciudades al tiempo que trataban de reforzar las barreras defensivas contra los invasores. Algunos estudiosos consideran que entre los britanos surgieron líderes capaces de organizar la resistencia frente a las incursiones de pictos y sajones; sin embargo, en el paso del siglo V al VI la presión de los pueblos germánicos –sajones, anglos y jutos–, instalados en creciente número en el este de la isla, hizo insostenible esa resistencia y empezó a alumbrar a una nueva sociedad: la de la Inglaterra anglosajona.

 

Bibliografía:

Geografía de Estrabón

Historia romana-Dion Casio

Bellum gallicum Julio Cesar

Adriano, la biografía del emperador que cambió el curso de la historia A.R.Birley

El muro de Adriano. N. Fields. Osprey.

Historia augusta

FOTOGRAFÍAS:

José Manuel Corrales Varo

Esperanza Varo

Wikipedia

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