LA REPOBLACIÓN CRISTIANA

RECONQUISTA

Antes de comenzar a comentar acerca de la repoblación, voy a hacer un breve resumen de lo que fue la Reconquista. Desde el siglo XIX se utiliza el término «Reconquista»  para lo que previamente se conocía como una restauración de reinos visigodos, mediante la cual se conquistan los terrenos por unas nuevas monarquías que pretendían restablecer un orden político y religioso preexistente.

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La primera etapa de reconquista y repoblación estará marcada (siglo XI primera mitad del siglo XII), por la ocupación de los valles del Ebro (Alfonso I el Batallador, Ramón Berenguer IV) y el Tajo (Alfonso VI de Castilla que conquista Toledo). Es la etapa de la unificación de León y Castilla. En esta etapa los colonos cristianos reciben privilegios en forma de cartas pueblas y fueros.

La segunda etapa está marcada por la ocupación de la cuenca del Guadiana por los castellanos (separados otra vez de León, con la ayuda de las Órdenes militares. Alfonso VIII, con tropas aragonesas, navarras y cruzados europeos asestará una derrota definitiva a los almohades en la batalla de las Navas de Tolosa, lo que pondrá fin a la hegemonía musulmana en el sur peninsular, ocupando Castilla hasta el valle del Guadalquivir y Aragón (con Jaime I) hasta Valencia y Baleares

En la tercera etapa Castilla ocupa el Valle del Guadalquivir y el Bajo Guadiana, mientras Aragón invade las cuencas bajas del Turia, Júcar y Segura. Destacan por su labor política los castellanos Fernando III el Santo y Alfonso X el Sabio, así como Alfonso XI, que con ayuda portuguesa acabarían en el siglo XIV con la última invasión musulmana, la de los benimerines (batalla de El Salado).

Desde el siglo XIII, la reconquista se paralizó, manteniéndose el núcleo de Granada, con el que los cristianos mantendrían relaciones comerciales.

Superadas sus posteriores crisis bajo medievales, Castilla ocuparía Granada en 1492, dando fin a la Reconquista.

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La expansión militar que había permitido a las tropas castellanas la reconquista iba acompañada por una labor repobladora, dirigida por los propios soberanos, que se tradujo en la instalación de población cristiana llegadas a estas tierras y que se presentan como elementos indispensables para su defensa, pues la repoblación de un territorio era la mejor garantía de su conservación. Del mismo modo, esto suponía el paso de una sociedad a otra, de un mundo poblado, urbanizado y gobernado por el poder musulmán, a otro en el que nace una sociedad nueva que se integra con mayor o menor resistencia dentro de los reinos cristianos. Sociedad compuesta por gentes de diferentes orígenes y por tanto culturas, de diversas condiciones socio-profesionales y por tanto económicas. En definitiva este trasvase de población implicaba una reestructuración social y una reorganización de tierras que evitase poner en crisis el poder cristiano en el lugar reconquistado.

La repoblación y la presura serían las dos formas elementales de ocupación del suelo, sobre todo en las tierras vacías.

La repoblación es la ocupación pacífica de tierras vacías que no estaban ocupadas ni cultivadas. A través de la repoblación no sólo se pueblan tierras vacías, sino que se ponen en cultivo. A lo largo de la Edad Media se van a llevar a cabo cuatro tipos de repoblación:

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Monacal: llevada a cabo por monasterios, monjes y hombres libres. Se constituían en pequeñas propiedades. Se llevó a cabo en el norte del Duero durante los siglos VIII- X.

Concejil: llevada a cabo en la segunda mitad del s. XI y primeros del XII. Es la repoblación realizada entre el Duero y el Tajo por una parte y el valle del Ebro por otra. Es la llevada a cabo por los concejos.

ordenes militaresDe las órdenes militares: llevada a cabo entre mediados del siglo XII y principios del XIII, realizada en la cuenca media del Guadiana y  los valles del Guadalope (Teruel) y Turia (Valencia) por las órdenes militares de Calatrava, Santiago, Alcántara y San Juan.

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Nobiliarias: llevadas a cabo en el siglo XIII y que afectaría fundamentalmente a Andalucía, Murcia, Extremadura y parte del reino de Valencia, articulándose las grandes posesiones nobiliarias

La instalación de los repobladores viene precedida del inventario de las tierras disponibles, que son transformados en lotes de cuantía diferente por los comisarios reales. El resultado es consignado en los llamados libros de repartimiento, donde se transcriben los títulos de propiedad de los diferentes beneficiarios.

El repartimiento obedecía a unas reglas fijas donde cada uno recibe en proporción directa a su participación. Así, en Sevilla el rey se reserva una parte de los bienes vacantes, y el resto es dividido en dos grandes grupos:

—El primero lo forman los donadíos, cedidos en propiedad plena a miembros de la familia real, nobles y eclesiásticos: son grandes lotes de tierras que incluyen edificios e instalaciones agrícolas.

—El segundo viene constituido por los heradamientos donde cada uno de los cuales constituye una explotación completa: casa en la ciudad y tierra de cereal, huerta, olivar y viña, en teoría suficientes para atender las necesidades de una familia de acuerdo con su categoría social. En este sentido el heredamiento de un caballero, no necesariamente noble, representa el doble que el de un peón. A todos ellos se les obligará a residir cinco años seguidos antes de poder enajenar sus haciendas.

PRESURA

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Es la colonización y puesta en cultivo de una tierra “de nadie”. Según la tradición romano-visigótica no existen tierras de nadie, ya que las “sin dueño”, pertenecerían al rey, con lo cual la presura se hace sobre tierra que en derecho pertenecen al rey y por lo tanto la presura está controlada y regulada por el rey.

¿Cómo se llevó a cabo la presura?

-Personal del rey o con su autorización organizan expediciones hacia las tierras vacías para repartirlas entre los colonos que a ellas lleguen.

-Personas que sin pedir permiso al rey, se establecen en tierras vacantes y después de estar allí un determinado tiempo, piden al rey que se le reconozca su presura. Este derecho de permanecer en la tierra, no se le reconocería hasta que no demostrara que había sacado provecho de esas tierras.

Con la presura se ocupan las tierras, pero para que pasaran a propiedad de las gentes que allí se habían instalado es necesario que se roturen y cultiven. La presura da paso a un sistema de pequeña y mediana propiedad, ya que está hecha por colonos; sin embargo, en la repoblación del tipo nobiliario y de órdenes militares la propiedad predominante es el latifundio.

Estas tierras “de nadie” se encontraban entre los territorios cristianos y musulmanes, ya que no existía una frontera delimitada entre ambos, de este modo se va ganando terreno a los musulmanes, mientras que la repoblación consistía en la ocupación de tierras tomadas militarmente a los árabes.

En Cataluña aparece un sistema similar a la presura que sería la APRISIO que tiene la particularidad de que una vez ocupadas y cultivadas las tierras, los que lo habían realizado, tenían el derecho de asignación de las tierras a partir de los treinta años de posesión. En Cataluña se crea también un sistema de pequeña y mediana propiedad.

REPOBLACIÓN DE LA CUENCA DEL DUERO

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En el siglo IX tiene lugar la expansión hacia el sur. En el 900 se llega hasta el Duero (Alfonso III). Esta era una zona de tierra de nadie ocupada por labriegos, monjes y mozárabes del sur, especialmente desde el siglo IX en que la intolerancia religiosa se instala en Al-Ándalus. La repoblación se llevaba a cabo mediante la creación de aldeas y la ocupación de la tierra mediante la presura.

La principal actividad desplegada por el reino astur-leonés, en el transcurso de los siglos VIII al X, fue la colonización de los espacios situados entre la cordillera Cantábrica y el río Duero. Dicho territorio, comprendía unos setenta mil kilómetros cuadrados, incluía el centro y sur de Galicia, el Alto Ebro y, sobre todo, la cuenca del Duero. Desde mediados del siglo VIII, la cuenca del Duero se encontraba despoblada, debido a la marcha hacia el sur de los bereberes, es decir de los musulmanes que se habían establecido en aquellas tierras, y la huida hacia el norte de los cristianos, convirtiéndose la cuenca del Duero en una «tierra de nadie», por cuanto desde mediados del siglo VIII no estaba dominada ni por al-Andalus ni por el incipiente reino astur.

Proceso de Repoblación

En un primer momento la repoblación tuvo un carácter espontáneo, procediendo los labriegos, que actuaban por su cuenta o bajo la dirección de clérigos o de nobles. Más tarde, desde mediados del siglo IX, los reyes astures decidieron intervenir en esa actividad, lo que explica que se hable de repoblación oficial.

El mencionado proceso colonizador tuvo, importantes consecuencias económicas y sociales, pues hubo una masiva roturación de tierras, al tiempo que se diversificaban los cultivos, al ganar peso ante todo los cereales y la vid. En el ámbito de la ganadería se produjo en esos siglos ascenso del caballo, imprescindible para las actividades bélicas pero también el crecimiento de la ganadería ovina, protagonista de la trashumancia que se desarrollaba entre las montañas Cantábricas y las llanuras del valle del Duero. El mundo rural ejercía en aquel tiempo un predominio indiscutible. Las actividades artesanales y mercantiles, así como la vida urbana, tenían, en cambio, muy escaso peso en ese momento de predominio rural. Los únicos ejemplos de núcleos urbanos significativos, para el siglo X, eran Burgos, León y Zamora. La circulación monetaria era muy reducida, predominando en el intercambio de productos el trueque. Pese a todo, en el siglo X se observan atisbos de avance, lo que se plasmó en la institucionalización de los mercados.

Su economía será agrícola autosuficiente, y su organización política organizada en torno a una monarquía feudal de escasos poderes; los cuales se verán incrementados a medida que los reyes asuman poderes militares para coordinar la reconquista, especialmente en Castilla, creándose progresivamente las cortes, el aula regia y las primeras leyes de inspiración romana (las partidas de Alfonso X, por ejemplo).
La reconquista expandirá las ciudades y la economía comenzará a evolucionar hacia un modelo tímidamente comercial al producirse excedentes. Navarra quedará convertida en un reino encerrado y sin crecimiento y Aragón se volcará en su expansión por el Mediterráneo, especialmente por Italia, tras su fracaso en la incorporación del sur de Francia.

LA REPOBLACIÓN DE MURCIA

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La victoria de las Navas de Tolosa implicó de manera directa a todos los reinos peninsulares en la lucha contra el Islam. A partir de este momento, los castellanos enfocan su área de actuación hacia el fértil valle del Guadalquivir, teniendo como apéndices de sus conquistas hacia el oeste el reino de Niebla y hacia el este el Reino de Murcia. A pesar de que Navarra no contaba con zonas limítrofes con Al-Andalus, si tenía una sólida base económica que le permitiría hacerse con territorios en la Frontera.

Como en el caso andaluz se distribuyeron tierras tanto en donadíos, aunque su número es muy reducido limitándose a miembros de la familia real o nobles y que tienden a desaparecer, y en heredamientos, cuyas tierras se encontraban dispersas entre las diferentes cuadrillas con el fin de evitar la concentración de grandes propiedades en pocas manos.

En una sociedad nueva, en constante situación de peligro, en tierras que resultaban desconocidas, sería una tendencia lógica y natural el reagrupamiento con aquellos identificados por el apellido como vecinos que iban llegando en sucesivas oleadas. Se encuentran documentadas la presencia de nobles cuyos linajes son originarios de tierras vascas y navarras, como por ejemplo Don Roy López de Mendoza, noble alavés, muy ligado al infante Alfonso junto al que combate en Murcia, Muía y Lorca o Don Gil García de Azagra. Su apellido hace clara referencia a su origen navarro. Fue el más activo de los designados por Alfonso X para llevar a cabo los repartimientos de Murcia.  En pocos años, de 1243 a 1273 se lleva a cabo un repartimiento perfectamente organizado y a compensar a los nuevos pobladores. Es Murcia el foco principal de atracción de pobladores cristianos ansiosos por tomar posesión de ricas tierras como lo era su huerta.  La proximidad de reinos como el de Aragón y la reciente repoblación valenciana y mallorquína abría las puertas a gentes aragonesas, catalanas y navarras que «buscan en la aventura de la emigración las esperanzas y posibilidades que podía proporcionarles el Sureste» (J. Torres Fontes vid.).

El incremento demográfico de la población navarra y de las tierras meridionales vascas, que culmina en el siglo XIII,, contribuye a la explicación de la presencia de vascos y navarros en las costas del Levante. De este modo, el valle del Ebro, los cursos inferiores del Arga, Aragón y Ega se convierten en ricas tierras receptoras de emigrantes procedentes del norte.

REPOBLACIÓN Y PRESURA EN ANDALUCÍA

La mayor parte de los repobladores procedían de Castilla y el reino de Toledo, a estos habría de añadir contingentes venidos de León, Galicia y en número escaso de la Corona de Aragón, Navarra y Portugal. Además, en ciudades como Sevilla se asentaron grupos de artesanos y mercaderes extranjeros.

La inmigración cristiana no pudo paliar el vacío poblacional creado por la marcha de los mudéjares en 1266. Las fuentes mencionan la existencia de numerosas alquerías desiertas en la Baja Andalucía. Las posteriores incursiones benimerines en la zona consiguen, además, que cierto número de colonos abandone sus tierras. Finalmente, los efectos de las carestías y hambres de la primera mitad del siglo XIV, agravados por la pandemia de peste negra de 1348, harán que se prolongue esta crisis demográfica andaluza.

Los señoríos

Los reyes de Castilla solían entregar lugares y vasallos en concepto de señorío para recompensar a los nobles por sus servicios destacados. Los señoríos suponían la autoridad sobre unos territorios y sus habitantes, los cuales, aparte de recabar ciertos tributos, obtenían otros ingresos de sus dominios.

Con este sentido estratégico Fernando III concedería señoríos en Andalucía al arzobispo de Toledo y a las órdenes militares de Santiago, Calatrava y Alcántara. A estos señoríos se suman lo que, con carácter vitalicio y susceptible de ser revisados, otorga a familiares y parientes; a su hermano Rodrigo Alfonso, por ejemplo, le otorga Baena, Luque, Cabra y Zuheros.

Las ciudades

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Los conquistadores mantuvieron todas las ciudades existentes porque centraron en ellas la nueva articulación administrativa del país andaluz, por lo tanto mantuvieron las murallas, fortalezas, red viaria, lugares de emplazamiento de las actividades artesanales y mercantiles, etc. Pero también se dieron las adaptaciones necesarias para una población diferente de la anterior, que se va a repartir por las ciudades en parroquias o collaciones. Al mismo tiempo, se modificaron las viviendas para albergar a familias nucleares, se abrieron calles y aparecieron nuevos centros religiosos iglesias y conventos.

Villas fundadas después de la reconquista, con motivo de la repoblación de la sierra de Jaen

Al finalizar el siglo xv, una vez terminada la Reconquista y conseguida la unidad de España por los Reyes Católicos, se sigue el proceso de repoblación de pueblos y ciudades abandonados por los árabes en su forzada huida, así como otros lugares que reunían buenas condiciones geográficas y climatológicas para hacer nuevos asentamientos de población y de esta manera aprovechar mejor la riqueza de las tierras, protegiendo los caminos que unían las grandes ciudades. Por estos y otros motivos, a principios del siglo XVI, se van a repoblar varios lugares de la Sierra de Jaén situados principalmente en los caminos que conducen a Granada. Entre las villas fundadas se encuentran Mancha Real en 1537, Valdepeñas, Los Villares y Campillo de Arenas en 1539.

Fueron motivos de índole político más que económico, los que llevaron a los Soberanos a fundar villas en la Sierra de Jaén, por la necesidad de hacer más seguros los peligrosos caminos plagados de bandoleros en la comarca de Sierra Mágina. Varias Reales Cédulas de Doña Juana la Loca, hija de los Reyes Católicos, hicieron posible la fundación de las citadas villas.

La primera de ellas, puesta en marcha por el rey Fernando el católico, fue Campillo de Arenas, lugar situado en el camino real de Jaén a Granada, donde ya existían varios cortijos y ventas de paso, así como una pequeña capilla Arenas.

A partir de 1492 con la reconquista de Granada, último bastión musulmán, el proceso de repoblación cristiana de la península continuó durante años y pasados los siglos otros reyes como Carlos III continuará con la repoblación de tierras, pero esa será otra historia.

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