ÚNICA ENFERMEDAD ERRADICADA POR UNA VACUNA: LA VIRUELA

Mucho se está hablando de las vacunas en estos días. Está claro que las vacunas han sido un bien para la humanidad, pero, ¿de verdad han conseguido erradicar la enfermedad contra la que previenen?. Pues bien, hoy os hablaré de la única vacuna que ha conseguido hacer desaparecer la enfermedad, contra la que se había creado, de la faz de la tierra… LA VACUNA DE LA VIRUELA

VIRUELA

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La viruela es una enfermedad infecciosa muy contagiosa y grave que, en otro tiempo, constituyó una de las más terribles plagas de la humanidad. Por fortuna está erradicada desde 1977, año en que se registró en Somalia el último caso de viruela en el mundo.

La viruela la producía el virus denominado Poxvirus varilae, microorganismo capaz de vivir mucho tiempo adherido a los objetos, ropas, etc. La enfermedad se transmitía directamente de persona a persona, a través del aire, por medio de gotitas procedentes de la boca y nariz de los enfermos y, asimismo, mediante objetos contaminados.

EL ORIGEN DE LA VIRUELA

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Los historiadores creen que la viruela apareció en África del noreste. De ella se extendió a la India mediante comerciantes egipcios antiguos. Además, las observaciones de erupciones de piel típicas en las momias egipcias que datan alrededor de 1100 a 1580 a.C. dan crédito a las teorías que Egipto antiguo era una región temprana con viruela endémica.

Las descripciones inequívocas de la enfermedad fueron documentadas en China del siglo IV, la India del siglo VII y región mediterránea, así como  en Asia  sudoeste en el  siglo X.

LA VIRUELA A LO LARGO DE LA HISTORIA

Las pruebas más tempranas de la enfermedad datan del Faraón Egipcio Ramsés V, quien murió en 1157 a.C. Sus restos momificados muestran marcas de viruela en su piel.

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La enfermedad se extendió luego hacia las rutas del comercio en Asia, África y Europa, llegando finalmente a las Américas en el siglo XVI. Los indígenas no tenían ninguna inmunidad natural. Y se estima que un 90 por ciento de las muertes indígenas durante la colonización Europea fue a causa de enfermedades y no por la conquista militar. La Viruela contribuyó al declive del Imperio Azteca, en lo que ahora es Méjico, después de la llegada del virus con los conquistadores españoles en el 1519. Más de tres millones de aztecas sucumbieron a la enfermedad. Gravemente debilitados, los aztecas fueron vencidos fácilmente. La viruela también causó la muerte de un emperador Inca y eliminó gran parte de la población Inca del oeste de Sudamérica.

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Para el escritor Santiago Posteguillo, que ha estudiado a fondo la historia de la Antigua Roma, la peste antonina fue una de las más graves. Se estima que se pudo propagar durante 15 años y acabó con la vida de dos emperadores. “La peste antonina, de época de Marco Aurelio, se llevó por delante a aproximadamente un millón de personas de un Imperio romano de una población de unos 65 millones”, cuenta Posteguillo.

Hoy sabemos que aquella peste fue una pandemia de viruela gracias a los escritos del médico que se enfrentó a ella: Galeno. Él nos describe esas horribles pústulas que aparecían en el rostro y en todas las partes de la piel, que son muy propias de la viruela. Lo que Galeno tenía claro es que lo que había que hacer de inmediato era separar a los infectados de los no infectados.

Galeno se convirtió en uno de los grandes médicos del mundo antiguo y algunos de sus consejos han perdurado en el tiempo. Ahora tenemos esta costumbre de lavarnos las manos, que es tan importante… pues fue él quien la implantó, pues Galeno se dio cuenta de que había que tener esa higiene”.

Durante el siglo XVIII se calcula que en Europa murieron por ella cerca de medio millón de personas cada año. La mortalidad en los niños era altísima y alcanzaba puntas del 80/90%. Entre los supervivientes, muchos quedaban ciegos a causa de la implicación de la enfermedad en la córnea y casi todos los demás llevaban para siempre en el rostro las indelebles y típicas huellas desfiguradoras. En ese siglo XVIII hasta cinco reyes europeos murieron de viruela. Las señales que quedaban en la cara por la viruela eran inconfundibles y “el rostro picado por la viruela” se convirtió pronto en un tópico en las descripciones literarias de la época.

LA VACUNA ANTES DE SU CREADOR

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Mary Wortley Montagu fue una mujer aristócrata. Huyó de un matrimonio pactado para casarse por amor con Edward Wortley Montagu, quien en 1716 fue nombrado embajador de la corte turca. De este modo, lady Montagu acabó mudándose con su familia a Constantinopla. Gracias a su curiosidad natural, logró sumergirse en la vida oriental y conocer de cerca las costumbres turcas. Fue en Estambul donde Mary Montagu observó una curiosa costumbre que conseguía mantener a raya a la viruela, una enfermedad devastadora que ella misma había sufrido con 26 años y que se había llevado por delante la vida de su hermano. Se trataba de la inoculación o variolación, una práctica originaria de China y la India que se fue extendiendo por toda Asia.

La viruela, tan fatal y frecuente entre nosotros, aquí es totalmente inofensiva gracias al descubrimiento de la inoculación, (así es como la llaman)”, relata en una de sus cartas “Existe un grupo de mujeres ancianas especializadas en esta operación. Cada otoño, en el mes de septiembre, que es cuando el calor se apacigua, las personas se consultan unas a otras para saber quién de entre ellos está dispuesto a tener la viruela…”. La técnica descrita consistía, básicamente, en inocular a los voluntarios con pus de enfermos en cuatro o cinco venas abiertas. Lady Montagu había observado la eficacia del método y llegó a probarlo en su propio hijo Edward. Desde entonces, se propuso hacer llegar esta costumbre a su tierra para hacer frente a la enfermedad.

El resultado de esa práctica empírica era muy incierto y en muchas ocasiones, en lugar de inmunidad, producía la enfermedad en forma violenta, incluso mortal. A pesar de todo, Lady Montagu al retornar a Inglaterra se convirtió en la más conocida y activa propugnadora de esa práctica, hasta el punto de atraer a su postura una buena parte de la comunidad médica y científica.

LA PRIMERA VACUNA QUE SE USÓ EN EL MUNDO

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Desde tiempos lejanos se sabía, por simple observación, que una persona tras contraer la viruela se curaba y ya no volvía a tenerla. De ahí que se intentase proteger de la afección provocándola en personas sanas por medio de las costras o el pus de los enfermos en los que la viruela se presentaba como más benigna. Sin embargo, este procedimiento, que en algunos casos dio buen resultado, en la mayoría de ellos originaba verdaderos desastres.

El creador de la vacuna se llamaba Edward Jenner. Él pasó casi toda su vida en un pequeño poblado en la parte meridional del condado de Gloucestershire, en Inglaterra. Jenner inició una gran revolución en la Medicina.

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Edward Jenner a finales del siglo XVIII observó que las vacas padecían una enfermedad leve parecida a la viruela, y que algunas personas que estaban en contacto con estos animales y se contagiaban no sufrían posteriormente la viruela. Dedujo entonces que la enfermedad transmitida por las vacas protegía contra la viruela humana. Se decidió a introducir en la piel de personas sanas pequeñas cantidades de líquido procedente de las pústulas de las ubres de vaca enfermas, y comprobó que, en efecto, las personas inoculadas quedaban protegidas contra la viruela. El doctor Jenner denominó a su técnica “vacunación”, como derivación de vaca, y posteriormente, el término se generalizó y adoptó para el resto de las vacunas que se fueron descubriendo.

Jenner dijo «Mi interés por esa singular enfermedad se despertó por primera vez al observar que, muchos de mis  pacientes habían contraído antes una enfermedad llamada por ellos viruela de las vacas, que se contraía ordeñando animales afectados por una peculiar erupción en las ubres. Continuando la investigación resultó que eso siempre se había sabido donde se producía leche, y que en esos ambientes circulaba la vaga convicción de que era un modo para prevenir la viruela.» Durante los años setenta y ochenta del siglo XVIII Jenner continuó interesándose en la viruela, tomando nota de todas las personas que habían sido afectadas por la forma vacuna de la enfermedad de las vacas y que, sucesivamente expuestas a una de las muchas recrudescencias de la viruela humana, se habían conservado en buena salud. Después de mucho tiempo, muchas observaciones y muchas reflexiones se decidió a  hacer un experimento. En mayo de 1796 una joven mujer de nombre Sarah Nelmes, hija de un campesino del lugar, había contraído, ordeñando, la viruela vacuna y las pústulas que le habían aparecido en la mano no dejaban dudas sobre la naturaleza de la enfermedad. Jenner escogió a un niño de ocho años, de buena salud, James Phipps, y el 4 de mayo le inoculó, a través de dos incisiones en un brazo, el material tomado de las pústulas de la muchacha. Entre el séptimo y el octavo día el niño se lamentó de algunas molestias de cierta intensidad, pero el décimo día estaba completamente curado. El día primero de julio Jenner inoculó la viruela humana en varias partes del cuerpo del niño sin que se produjera ningún tipo de efecto, ni siquiera transitorio. Después de algunos meses el niño fue nuevamente inoculado con la viruela humana pero, una vez más, no ocurrió nada. Evidentemente, algo en su cuerpo, lo preservaba ya del contagio. Jenner decidió repetir el experimento. En el arco de un par de años escogió a otras veinte personas (hombres, mujeres, niños), algunas de las cuales habían contraído accidentalmente la viruela vacuna. Pasado un tiempo, había inoculado bajo la piel de aquellas personas materia infectada extraída de pústulas de enfermos de viruela humana: ninguna había caído enferma. Al final Jenner llegó a una certeza destinada a cambiar para siempre el curso de la historia: la inoculación de la viruela vacuna podía preservar para siempre de la mucho más grave viruela humana.. Después de consultarlo con algunos amigos, Jenner había enviado su manuscrito a la Royal Society, que lo rechazó como demasiado revolucionario. Entonces Jenner decidió publicarlo pagando él los gastos, y aquel opúsculo de setenta y cinco páginas vio la luz en septiembre de 1798: An Inquiry into the Causes and Ef ects of the Variolae Vaccinae. En pocos meses la noticia del descubrimiento dio la vuelta al mundo.

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Muchos reconocieron muy pronto su validez, pero muchos otros se opusieron de todos los modos posibles, llegando a juzgar aquella técnica, que implicaba introducir materia “animal” en el cuerpo humano, un acto contranatural. Son célebres las viñetas satíricas en la que eran representadas personas inoculadas con el método de Jenner a las que le salían cuernos y se transformaban poco a poco en seres monstruosos, mitad hombre mitad bovino. A pesar de las invitaciones recibidas para explotar comercialmente su técnica secreta, Jenner quiso hacerla de dominio público. Pero, mientras tanto, otros menos escrupulosos la aplicaron en algunos casos sin las debidas cautelas y con material de dudosa proveniencia, provocando la viruela allí donde pretendían prevenirla. Eso dio aliento a los críticos, pero poco a poco las clarificaciones del mismo Jenner y de aquellos que en los diversos países se hicieron propugnadores de la técnica suprimieron cualquier duda y resistencia. En 1801 el ejército inglés comenzó a adoptar la técnica de Jenner —que desde 1803 había comenzado a llamarse “vacunación”. Incluso Napoleón que, en general, no tenía muchas simpatías por los ingleses, una vez que llegó al poder demostró en muchas ocasiones un aprecio sin límites por Jenner, haciendo vacunar a su hijo Napoleón II y ordenando campañas de vacunación a amplia escala en todo el Imperio.

Un día, después de haber vacunado a centenares de personas, dijo a un amigo:« cuando considero la multitud de hombres que ya han podido gozar de este beneficio, mi satisfacción es tan grande y también mi gratitud para Aquel que sé que es el Autor de toda bendición, que a duras penas consigo expresarlas.»

En España los avances de Jenner llegaron a oídos del cirujano Javier de Balmis, que se lo contó al rey Carlos IV y organizaron la llamada Expedición Filantrópica de la Vacuna, que partió de La Coruña en 1803 con destino a Centroamérica. Balmis viajó con 22 niños huérfanos, que transportarían la vacuna a través de su propia inmunización. La viruela de las vacas se inoculaba en uno de ellos y a los 10 días le salían unos pocos granos que exhalaban el llamado fluido vacunal. Este se recogía y se inoculaba en otro niño. Y así se mantenía la cadena. Se estima que más de 500.000 personas fueron inmunizadas directamente por la Expedición Balmis y que millones de personas fueron salvadas de morir gracias a la creación, en los lugares por los que pasaba, de Juntas Sanitarias y Casas de Vacunación públicas.

LA ERRADICACIÓN DE LA ENFERMEDAD

La desaparición de la viruela se consiguió gracias a que en esta concurrían una serie de características que unidas, no se presentan, prácticamente, en ninguna otra afección. La primera de ellas es que se trataba de una enfermedad infecciosa para la cual se conocía una vacuna eficaz  en la que casi totalidad de los casos; en segundo lugar se encontraba el hecho de que sólo afectaba al hombre, con lo cual sólo se tenía que actuar para erradicarla en la especie humana; y por último, que no presentaba casos de infección subclínica o inaparente, es decir que la enfermedad se detectaba siempre que aparecía. Estos factores, unidos a la estrecha colaboración entre distintos países, hizo posible que el programa de erradicación puesto en marcha para la OMS en 1967 culminase con total éxito once años más tarde.

LA VIRUELA EN EL LABORATORIO

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Actualmente, sólo cuatro laboratorios en todo el mundo mantienen vivos virus de la viruela: uno en Estados Unidos, otro en Inglaterra, el tercero en Sudáfrica y el cuarto en Rusia. La OMS inspecciona periódicamente estos laboratorios a fin de constatar que el virus se mantiene en condiciones de absoluta seguridad. Por otra parte, la propia OMS posee en Ginebra y Nueva Delhi reservas de vacuna para, si se produjese una emergencia inesperada poder realizar una vacunación masiva.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) celebró el acto de apertura de un año de celebraciones a propósito de este triunfo de la ciencia biomédica, colocando una placa de bronce en su sede en Ginebra (Suiza) En el evento, el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, afirmó que “hoy, la viruela es la única enfermedad humana erradicada, una prueba de lo que podemos conseguir cuando todas las naciones trabajamos juntas. Ante las enfermedades epidémicas, tenemos una obligación y un destino compartidos. Con esta placa conmemoramos a los héroes del mundo que unieron sus fuerzas para luchar contra la viruela y trabajaron por la seguridad de las generaciones futuras”.

BIBLIOGRAFÍA

Farmaindustria.es

News medical.net

Enciclopedia médica Salvat

Borghi Luca. Breve Historia De La Medicina.

BBB ” La curiosa historia de cómo el movimiento antivacunas nació hace 150 años en Inglaterra.

11 comentarios en “ÚNICA ENFERMEDAD ERRADICADA POR UNA VACUNA: LA VIRUELA

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