ORÍGENES DE LA NAVIDAD

La mayoría de los historiadores están de acuerdo sobre un punto: la fijación de la fecha del 25 de diciembre, lo mismo que la del 6 de enero, no descansan sobre una tradición histórica.

Actualmente, para la mayoría de los pueblos del planeta, los doce días relacionados con la fiesta de Navidad representan el nacimiento de Jesús en Belén. Sus antecedentes se remontan a casi 4,000 años, cuando estas fiestas estaban relacionadas con la renovación de la naturaleza. Es hasta 345 años después de la muerte de Cristo, cuando el papa Julio I, fijó como fecha del natalicio de Cristo el 25 de diciembre. No sólo la Iglesia católica participó en la historia de esta festividad, en ella entran los pueblos mediterráneos de Europa, Asia y África; y más tarde las culturas americanas hicieron su parte para incorporar nuevos elementos a esta tradición.

La historia de las fiestas situadas en diciembre se inicia en el Mediterráneo, dos mil años antes del nacimiento de Jesús en Belén con el ritual de la renovación o llegada del año nuevo. Los hombres nacidos milenios antes del nacimiento de Cristo y los que han vivido en los dos últimos milenios después de su muerte, han construido la Navidad como un telar, donde muchos tejedores combinan en él los motivos de la experiencia de su vida, cuando aparece una generación, la siguiente prosigue la obra donde la había dejado la anterior. Así el dibujo del tejido va cambiando conforme se va transformando la mente, pero nunca empieza de nuevo

NEOLÍTICO

Ya desde el Neolítico se empezó a sospechar la importancia del Sol para la vida. De ahí que en casi todas las culturas el astro haya formado parte de los cultos. Fue hace aproximadamente 10.000 años, cuando la importancia del Sol guio las construcciones o la forma de buscar la orientación de las cuevas. Ya en  épocas tan antiguas, lo que podría haber ocurrido es que los pobladores de entonces tomaron consciencia de la relación entre el ciclo solar y el de los vegetales y que justo en la fecha del solsticio de invierno ocurría un cambio específico.

PUEBLOS MESOAMERICANOS

Los pueblos mesoamericanos también advirtieron la relevancia de este día en su calendario. Muchos de los templos que construyeron los mayas, con altos conocimientos en astronomía y matemáticas, son auténticos calendarios y están orientados hacia la salida del Sol en fechas clave. Un ejemplo es la pirámide de Kukulkán, una de las siete maravillas del mundo moderno, situada en la zona arqueológica de Chichén Itzá (México).

INGLATERRA

En las zonas europeas muy al norte, donde los inviernos implican largas noches, estos cultos al Sol cobraban mayor importancia.

En países como Escocia se cree que los vikingos implantaron la celebración pagana del Yule, antiguos ritos de culto al Sol y al fuego.

Durante 12 días organizaban grandes banquetes, bailes y hogueras. Una de las tradiciones era quemar el tronco de Yule durante toda la noche para luego esparcir sus cenizas por los campos y atraer a las buenas cosechas.

Stonehenge, por su parte, supone uno los monumentos con una orientación astronómica más conocidos. Las piedras que forman este semicírculo, de unos 5.000 años de antigüedad, están alineadas para marcar la salida y la puesta de sol durante ambos solsticios.

ESPAÑA

En la Península Ibérica, los Dólmenes de Antequera en Málaga o el centro ceremonial monumentalizado de Castillejo del Bonete en Terrinches (Ciudad Real) son otros ejemplos de que tal vez la iluminación específica del Sol en el solsticio no fue casual y nos muestran que desde tiempos remotos las personas algo intuían sobre la ocurrencia del evento astronómico.

MESOPOTAMIA

Es la cultura más antigua en celebrar los “doce días” o festejos de Año Nuevo, que eran considerados por los mesopotámicos como un momento de crisis para dar paso al orden, con el inicio del año. La historia se inicia cuando Babilonia se convirtió en la capital de Mesopotamia, Marduk —el dios supremo de los babilonios, persas y asirios— era quien regía la vegetación y el poder fecundante de las aguas. El Enûma Elish cuenta la historia del nacimiento de Marduk, sus gestas heroicas y cómo llegó a convertirse en el señor de los dioses, cuando los Annunki se reunieron para encontrar un dios que pudiese derrotar a Tiamat, la Serpiente del Caos, quién contestó a esta llamada fue Marduk. En la lucha entre Marduk y Tiamat, ganó el primero y le arrebató a su contrincante las Tabletas del Destino, que poseía ilícitamente. Bajo el reinado de Marduk se creó a la raza humana para que llevasen las cargas de la vida, de manera que los dioses pudiesen disfrutar del ocio. Sin embargo, a Marduk le correspondía proteger la vida. En otoño cuando las cosechas ya se habían recogido, el vacío de los campos indicaba que la vida se moría, era el momento en que Marduk tenía que combatir al monstruo del caos y alejarlo para que la muerte no sea completa. El rey debía morir al final del año para acompañar al dios al inframundo y combatir a su lado mientras en la tierra tomaba su lugar un nuevo rey.

GRECIA

La práctica de los rituales de fin de año se desplazó hacia Occidente y se difundió en Grecia donde las festividades de renovación era la lucha entre Zeus y Cronos. Hesíodo quién nació en Beocia, pero procedía del noroeste del Asia Menor, refleja esas culturas cuando narra las fiestas de renovación en Grecia, donde eran conocidas como sacaea y de ahí se extendieron a Fenicia, Chipre y Roma.

ROMA

Las Saturnales, fiestas en honor a Saturno, que se celebraban en la antigua Roma. Comprendían el periodo del 17 al 23 de diciembre y celebraban el final de la oscuridad. A partir de entonces los días se iban alargando y las noches cada vez eran más cortas. Durante esta etapa cesaba el trabajo y los amigos acostumbraban intercambiar regalos y saludos; se liberaba a los esclavos y éstos eran servidos por sus amos. Se comía y bebía sin mesura. Relajaban la moral hasta hacerla inexistente.

Parece ser que el origen de este acontecimiento social estaba ligado a las labores del campo, pues finalizaban los trabajos de siembra y los esforzados campesinos se entregaban al merecido relax, felicitándose por lo trabajado y encomendándose a los dioses para que los procesos naturales siguieran buen curso y a la postre llegara una valiosa cosecha.

La saturnalias duraban hasta el primero de enero, en medio quedaba el 25 de diciembre, día que, según los cálculos romanos, el sol estaba en su punto más bajo de su recorrido, justo antes de volver a elevarse para transmitir su fuerza a todo lo que crece en la tierra e inmediatamente venían las calendas de enero. Los doce días de las saturnalias estaban llenos de augurios; a cada uno de los días le correspondía un mes, por el mismo orden. Así, observando el sol, el viento, la lluvia y la nieve de cada uno de los días, auguraban cómo iba a ser el tiempo de los meses venideros. Junto a esta costumbre, estaba también la de golpear a las personas con ramas verdes para asustar a los demonios y desearles buena suerte en el próximo año. Las ramas verdes significaban el reino del verano. El poder de los demonios invernales duraba hasta la Candelaria, el 2 de febrero.

La fiesta del ‘Sol Invictus’

Después del otoño, en el que las horas de oscuridad superan ampliamente a las de luz a lo largo de la jornada; y tras el solsticio de invierno, el día comienza a alargarse de nuevo y robarle espacio a la noche. El sentido dado por los cristianos a tan señalada fecha era evidente: el nacimiento de Cristo representaba una nueva esperanza para el hombre y el inicio de una renovada humanidad.

El mitraísmo, religión de origen mistérico, estaba muy extendida en el Imperio Romano entre los siglos I al IV d.C. En ella se rendía culto a una divinidad de origen iranio llamada Mitra y tuvo una especial implantación entre los soldados romanos. Los misterios de Mitra concedieron un destacado papel al Sol, impulsado igualmente por el culto oficial de Deus Sol Invictus instituido por Aureliano en 274. El Sol Invicto de Aureliano no trató de suplantar a ningún dios romano ni fue impuesto a las poblaciones provinciales, pero su culto como dominador del mundo quedó definitivamente consolidado. Paralelamente se elabora toda una teología solar, con la colaboración de los neoplatónicos. Con Macrobio se puede ver toda la culminación del sincretismo solar.

Para entonces dicho culto constituía un “puente” tendido entre el paganismo  y el cristianismo. Constantino hizo del Sol Invicto su divinidad suprema; el propio emperador aparece representado en el arte con la cabeza radiada, identificándose con él. Su conversión del politeísmo al cristianismo no se hizo bruscamente, sino descubriendo que ese dios supremo (el Sol o Apolo Solar) era el dios de los cristianos.

CRISTIANISMO

A comienzos del siglo IV d.C., especialmente desde el llamado Edicto de Milán (313), el monoteísmo cristiano comienza a asumir una posición de igualdad respecto al paganismo tradicional. Gran parte de la población romana fue poco a poco, abandonando la vieja religión politeísta (enriquecida por las aportaciones de los cultos orientales) por una nueva religión que sólo admitía la existencia de un Dios único.

Los cristianos vieron en Cristo la figura que lavó los pecados de la humanidad y entonces Cristo se convirtió en parte de la fuerza con que su fe conquistó todo el Mediterráneo pagano. Roma fue el escenario de una nueva imagen navideña. 345 años después de su muerte, el papa Julio I, por falta de documentos y de la certeza del día de su nacimiento, fijó como fecha del acontecimiento el 25 de diciembre, que caía a la mitad de las saturnalias, después del Adviento y antes de la Epifanía o de la Manifestación del Señor, en donde se englobaba la Adoración de los Reyes Magos y el Bautismo. Algunos historiadores señalan que el nacimiento de Jesucristo fue entre el 17 de diciembre y el 29 de mayo y hacen oscilar los años entre 147 y 148 de la fundación de Roma. Una vez instituido el nacimiento de Cristo, en los países cristianos empezaron a celebrar la “Misa de Cristo” (Crist’s Mass, convertido en Christmas) que dura doce días. Estas misas se llevaban a cabo para ahuyentar a los demonios: rezar traía además bendición en el hogar y para las personas; el espacio de la Navidad empezó a trasladarse a las iglesias.

EL ÁRBOL DE NAVIDAD

La tradición del árbol se inicia en la Antigüedad, desde el segundo y tercer milenio a. C., una variedad de pueblos indoeuropeos que se expandían por Europa y Asia tenían a los árboles como expresión de las fuerzas de la Madre Naturaleza y les rendían culto. Para muchas culturas era esencial un árbol en sus celebraciones de invierno. Culturas como la vikinga en países escandinavos, o la celta en Inglaterra y Francia, ya decoraban los robles con frutas para honrar a sus dioses y a sus cosechas.

Se ha querido ligar al árbol de Navidad con una costumbre romana bien documentada durante las calendas de enero que consistía en colocar ramas de árboles perennes como decoración en las casas.

El culto a los árboles fue especialmente practicado entre los pueblos germánicos. Crónicas históricas romanas (destaca la Germania de Tácito) y el análisis lingüístico de las lenguas germánicas, entre otras fuentes, confirman que los antiguos germanos tenían sus santuarios en medio de los bosques. Diversos pueblos alrededor del mundo han creído en mayor o menor grado  en la santidad o divinidad de los árboles.

En el caso del árbol de Navidad, colgarle esferas o foquitos de alguna forma pretende hacer que al llegar la primavera todos los árboles y plantas puedan florecer y dar frutos. Al traer el árbol de Navidad a la casa, se busca atraer la fertilidad propia de los árboles a nuestros hogares y familias.

Otros de los significados ampliamente extendidos sobre los atributos mágicos del árbol están concernidos a la fecundidad, el crecimiento, la sabiduría y la longevidad. Para los druidas muchos de los árboles de sus bosques eran sagrados y alrededor de ellos celebraban sus rituales para entrar en contacto con Dios.

SAN NICOLAS O SANTA CLAUS

A finales del siglo III y en el IV, durante los reinados de los emperadores romanos Dioclesiano, Maximiliano y Constantino, vivió en Bari una provincia de Asia Menor, San Nicolás. Hijo de padres cristianos y acomodados, siendo joven fue consagrado obispo de Mira, una ciudad con puerto al mar. A la muerte de sus padres heredó de ellos: una fortuna sustancial. Aprendió de las escrituras: “Cuando des limosna, que tu mano izquierda no sepa lo que hace la derecha, para que tu limosna sea hecha en secreto”. Su fortuna la repartió entre los necesitados y un hecho de su vida lo inmortalizó: Cuando pasó ante la casa de un noble, viudo y venido a menos, no pudo evitar escuchar como padre e hija se lamentaban de su anterior fortuna. Aquel hombre tenía tres hijas casaderas pero no tenía con qué alimentarlas ni vestirlas, y mucho menos para darles una dote. A Nicolás todavía le quedaban tres bolsas de oro de su herencia, aquella noche regresó a la casa del noble con una de las bolsas y la tiró por una ventanita. Y sucedió que la hija mayor encontró marido. Pronto le llegó su turno a la segunda hija, y Nicolás repitió el acto. Cuando le tocó el turno a la más pequeña, volvió con su tercera bolsa de oro, pero al tirarla por la ventana, el padre corrió tras él, lo agarró de las ropas y se echó de rodillas y le exclamó: “Nicolás ¿por qué escondernos tus buenas obras?” Pero éste le exigió que no se lo contase a nadie. Siendo Nicolás obispo, un noble envío a Mira a sus hijos jóvenes, para que los bendijera. Se detuvieron para pasar la noche en una posada, y mientras dormían, el posadero los mató para robarles sus pertenencias. El obispo tuvo una visión y se presentó en busca del posadero y lo encaró con sus crímenes, quién aterrado cayó a sus pies para implorar perdón. Nicolás oró y Dios devolvió la vida a los chicos. Después de su muerte, el 6 de diciembre del año 326, fue canonizado convirtiéndose en San Nicolás. Fue el patrono de los marinos, de los comerciantes —porque en aquel entonces, el comercio estaba relacionado con el mar—, de los piratas, de los viajeros, de la gente humilde, de niños y jóvenes, y de las muchachas solteras. Después de canonizado, fue recordado cada 6 de diciembre, fecha de su fallecimiento, en varios países vinculándolo a las fiestas invernales.

EPIFANIA

La palabra epifanía es de origen griego y quiere decir manifestación, revelación o aparición. Cuando la fiesta oriental llegó a Occidente, por celebrarse ya la fiesta de Navidad, se le dio un significado diferente al original: se solemnizó la revelación de Jesús al mundo pagano, significada en la adoración de los “Magos de Oriente”. El mundo cristiano celebra como Epifanía tres eventos: la Epifanía ante los Reyes Magos, la Epifanía a San Juan Bautista en el Jordán y la Epifanía a sus discípulos en el comienzo de su vida pública, en el milagro de Caná.

Así las cosas, la Epifanía oriental conmemora el bautismo de Cristo en el río Jordán, expresando con ello la manifestación de este como el Hijo de Dios. San Juan Crisóstomo explica las razones por las cuáles es de este modo ¿Por qué no es el día en que Cristo nació llamado Epifanía, sino el día en que fue bautizado? Porque no fue manifiesto a todos cuando nació, sino cuando recibió las aguas.

OTRAS CELEBRACIONES DEL 25 DE DICIEMBRE

Durante todos los milenios y siglos precedentes a Jesús, todos los considerados salvadores y redentores del mundo, supuestamente nacieron en diciembre. 

 Los antiguos egipcios celebraban el 25 de diciembre el nacimiento de varias de sus divinidades más importantes, especialmente de Osiris, hijo de Geb y Nut. También festejaban a fines de diciembre el cumpleaños del dios Horus. Sobre éste último, un autor de apellido De Septhenes consignó en un libro titulado Religión de los Antiguos Griegos: “Los egipcios fijaban en marzo el comienzo del embarazo de Isis, la Reina del Cielo y Virgen Madre del Salvador Horus, y a fines de diciembre celebraban el aniversario de su nacimiento”.

En esta misma fecha festejaban en Grecia el nacimiento de Hércules, hijo de Zeus. Según los griegos, sus dioses Dionisio y Adonis también nacieron un 25 de diciembre.

En la India, muchos siglos antes de la aparición del cristianismo, cada 25 de diciembre celebraban el Parto de la Reina del Cielo. La gente adornaba sus casas con guirnaldas y flores y los parientes y amigos se intercambiaban regalos.

También con siglos de anterioridad a la era cristiana, los chinos celebraban los días 24 y 25 de diciembre el solsticio de invierno. En esos dos días de fiesta el comercio cerraba sus puertas, igual que los tribunales y los centros sociales.

Los persas celebraban igualmente espléndidas fiestas en honor de Mitra, cuyo nacimiento festejaban el 25 de diciembre. Éste dios, hijo de la virgen Anahíta, tiene mucho que ver con que hoy el mundo cristiano esté celebrando la Navidad.

Mitra fue traído a Roma en el año 62 DC por los legionarios que habían invadido Persia. Su culto se insertó tan fuertemente entre los latinos que durante tres siglos compitió cuerpo a cuerpo con otra popular corriente religiosa: el cristianismo.

Anualmente, cada 25 de diciembre, en todo el Imperio romano se celebraba el Natalis Solis Invictus (Natalicio del Sol Invencible). Es decir, la Navidad de Mitra.

Ese día no había trabajo ni comercio, en las calles reinaba una atmósfera carnavalesca, se suspendían las ejecuciones de presos, se diferían los combates si había guerra, se liberaba temporariamente a los esclavos, decoraban las casas con ramas de laurel, y los amigos y parientes se hacían regalos.

En Gran Bretaña e Irlanda, los druidas celebraban el 25 de diciembre con festejos que incluían enormes fogatas encendidas, de noche, en las cumbres de las colinas.

En México, la última semana de diciembre conmemoraban el nacimiento de Quetzalcoatl, En 1519, el emperador Moctezuma creyó que Hernán Cortés era ese dios al que esperaban desde hacía siglos y le abrió las puertas de su Imperio, con las consecuencias por todos conocidas.

BIBLIOGRAFÍA

BOTTE, B., Los orígenes de la navidad y de la epifanía

MARÍNEZ HOYOS, F., o.c., pp. 22-25.

UNA HISTORIA DE LARGA DURACIÓN: LA NAVIDAD Raquel Barceló Quintal

LA NAVIDAD A TRAVÉS DEL TIEMPOEstrella RODRÍGUEZ GALLAR

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