ALMANZOR: ANDALUZ, TIRANO Y ENAMORADO DE SUBH

Almanzor vivió en el siglo X en al-Ándalus al sur de la península ibérica, pero antes de hablar de esta figura vamos a ver cómo era el mundo que le tocó para vivir.

ACTIVIDAD ECONÓMICA

AGRICULTURA

Durante el siglo X se consolida en al Ándalus la llamada “revolución verde” árabe, que fue posible por la difusión de los nuevos sistemas de irrigación adaptados al entorno de las ciudades y. sobre todo, a las zonas montañosas, donde harán factible la explotación agrícola de nuevos espacios, valles estrechos, terrazas y bancales. Unos sistemas que captaban el agua mediante el uso de norias, y de técnicas sofisticadas como el qanat (canalizaciones bajo tierra), de origen iraní, que evitaba la evaporación y la pérdida del agua. La otra faceta de la “revolución verde” consistió en la aclimatación de nuevas plantas y cultivos: arroz, caña de azúcar, berenjenas, sandías, melones, alcachofas, algodón, azafrán y gran número de árboles frutales, entre ellos, el moral, que permitirá el desarrollo de la sericultura.

La fascinación por el agua y el regadío no evitó la expansión registrada por los cultivos de secano con la introducción de trigo duro y sorgo. No obstante el país padeció ocho malas cosechas en tiempos de los dos primeros califas, que obligó a importar grano del norte de África. Más seguro y rentable era el cultivo tradicional del olivo, que registra un desarrollo notable en el Aljarafe sevillano, o el de la vid; en este caso, y en mayor medida que por la demanda de vino, cuyo consumo persiste, por la de uva fresca o pasificada.

GANADERÍA

Parece que el ganado bovino retrocede ante el ovino y el caprino en lo que concierne al consumo de carne y leche, pero conservó su importancia como animales de tiro. Aunque las fuentes geográficas sólo mencionan los pastos casi perennes de las marismas del Guadalquivir, es evidente que el ganado mayor y menor anduvo por doquier.

INDUSTRIA

Córdoba destaca por tres sectores industriales:

. Textil, con su producción de tejidos de seda de alta calidad, brocados con hilos de oro y plata, tejidos finos de lino o algodón.

. Industrial del cuero con su elaboración de cordobanes y guadameciles.

. Construcción que se vio favorecido tanto por el crecimiento de la ciudad como por las obras de la residencia califal de Madinat al Zahra. En esta práctica destacan el uso de buenos materiales (piedra caliza de Almodóvar, mármol blanco de S. Morena o Elvira) junto con la difusión de nuevas técnicas en labores de solería, revestimiento de muros y cubierta de edificios, amén de la aplicación de la cerámica vidriada a la arquitectura.

Artesanía

Los artesanos estaban organizados en corporaciones profesionales repartidas por los zocos, con sus pequeñas tiendas talleres.

En la ciudad: El comercio en la ciudad tenía dos puntos de referencia dentro de la ciudad. La alhóndiga (alfunduq), donde se depositaban las mercancías traídas del exterior antes de ser distribuidas para su venta y, asimismo, se hospedaban los comerciantes forasteros. El otro era la alcaicería (al-quaysariyya), edificio e institución de del estado, donde se negociaban los artículos de lujo.

COMERCIO

Comercio a larga distancia: Se vio estimulado tanto por la inserción de al-Ándalus entre dos civilizaciones más atrasadas (Occidente feudal y África subsahariana) como por sus vínculos culturales con Oriente. En al-Ándalus había esclavos, pero, al revés que en la antigua Roma, no podía renovarse condenando a los criminales, deudores o libres pobres, porque lo prohibía la ley islámica. Por eso había que recurrir al suministro de fuera: cristianos apresados en la frontera y paganos traídos del norte y el este de Europa.

ORGANIZACIÓN SOCIAL

A lo largo del siglo X, la imposición de la estructura estatal a una población mayoritariamente musulmana favoreció la integración de los diferentes elementos étnicos (árabes, beréberes y muladíes). Una nueva sociedad con desigualdades o diferencias internas atribuibles en menos medida a razones económicas que políticas.

El historiador e hispanista Pierre Guichard destacó cómo fue el estado el principal factor de estratificación social a través de la distribución de la renta fiscal. El califa repartía parte de los impuestos entre sus allegados y los grandes funcionarios; el dinero pasaba luego a los burócratas de la administración y de ellos a la población urbana por diferentes vías y conceptos.

  1. La jassa o élite social estaba integrada por un amplio grupo de parientes y clientes de la dinastía que ocupaban puestos clave en la administración y el ejército, tenían sueldo o asignaciones elevadas y disfrutaban de propiedades territoriales.
  2. Aristocracia militar árabe que con el tiempo se convertirán en una aristocracia palatina capaz de desplazar a los príncipes de sangre y deudos de los Omeyas.
  3. Notables compuestas por los grandes mercaderes y los hombres de religión
  4. El pueblo o amma  que estaba constituido por los artesanos, productores-vendedores que dirigían tiendas- talleres con tres o cuatro operarios, aprendices o asalariados. Sobre estos y sobre los pequeños comerciantes se hacía sentir la autoridad del sahib al-suq.
  5. Jornaleros y pobres componían el resto de la población urbana, quedando al margen los esclavos, muy numerosos en las dependencias califales, que se empleaban en el servicio doméstico y trabajos agrícolas.

Si queréis saber más sobre al-Andalus, podéis entrar en el artículo titulado al-Andalus pinchando en el siguiente enlace https://esperanzavaroblog.wordpress.com/2018/10/22/al-andalus/

¿QUIÉN FUE ALMANZOR?

Mohamed Ibn Abi Ameer, ese era su verdadero nombre, pertenecía a una familia árabe de ilustre linaje que había participado junto a Ṭāriq b. Ziyād en la conquista de Hispania; distinguiéndose en la toma de Carteya, motivo por el que se le concedieron tierras en Torrox. Estos bienes patrimoniales los conservaba aún la familia en tiempos de Almanzor.

Almanzor salió muy joven de su casa solariega y se encaminó a Córdoba a fin de hacer sus estudios. En la capital aprendió tradiciones proféticas, jurisprudencia, lengua árabe y literatura. Tras ocupar un tiempo el humilde puesto de escribiente junto a la gran mezquita, comenzó su carrera política al servicio del cadí de Córdoba, Muḥammad b. Salīm, que lo presentó al visir del califa al-Ḥakam II quien lo introdujo en la Corte califal.

En el 967, con menos de treinta años, Almanzor se convirtió en intendente de “Abd al-Raḥmān, primer hijo de la princesa madre, la vascona Şubḥ (Aurora), favorita del califa al-Ḥakam II, ocupándose de sus bienes y hacienda. Hábilmente Almanzor supo captar la simpatía y el apoyo de Subh, según algunos, mediante costosos regalos, y según otros con su encanto personal. Parece que llegaron a ser amantes. Efectivamente, enseguida fue nombrado director de la ceca, y siete meses después tesorero y curador de las sucesiones; poco más tarde recibió el nombramiento de cadí de la circunscripción judicial de Sevilla y Niebla.

En el 970, a la muerte del príncipe ‘Abd al-Raḥmān, se le encargó la administración de los bienes del príncipe heredero Hišām, hermano del difunto. Una denuncia puso en peligro tan brillante carrera. Acusado de dilapidar fondos públicos, el Califa ordenó una investigación en las cuentas; pero gracias a la ayuda de su amigo, el visir Ibn Huḏayr, pudo reponer el dinero faltante y salir bien librado del apuro.

En el año 972, es nombrado jefe de la policía media. En esta época se construyó una mansión en la Ruṣāfa y se dedicó firmemente a hacerse popular entre los cordobeses. El hecho de haber sido enviado como inspector de finanzas, a fin de verificar las sumas gastadas para captar rebeldes permitió a Almanzor anudar sólidas relaciones con el Ejército.

En el año 976, se produce la muerte de al-Ḥakam II, tras una larga enfermedad, se abre un nuevo período. El Califa había designado para sucederle a su hijo Hišām II, que tenía por entonces once años, bajo la tutela del visir al-Muṣḥafī. Por su parte, el partido de los esclavones palatinos (şaqāliba) quería nombrar al tío del heredero al-Mugīra. En esos momentos de inestabilidad política, Almanzor desempeñó un papel de la máxima importancia: por un lado, se encargó de neutralizar al aspirante a califa y acabar con sus inconstancias, asegurándose el apoyo de Şubḥ, “la gran princesa” que le ayudaría monetariamente y le procuraría el apoyo de las tropas merced a su influencia; por otro lado, su vinculación con el visir al-Muṣḥafī dio nuevos vuelos a su ambición, ya que a partir de ahí ocuparía los más altos puestos del Estado.

El nuevo califa, Hišām, poco tiempo después nombró chambelán (ḥāŷib) a al-Muṣḥafī y Almanzor ocupó el puesto de visir dejado por su aliado. Las primeras medidas de al-Muṣḥafī y de Almanzor fueron de tipo populista; hubo una remisión de impuestos y se derogó el más impopular de ellos: el que gravaba el aceite.

Poco después comenzaron las célebres campañas de Almanzor, cincuenta y dos en total contra los cristianos del norte peninsularlo cual daría a al-Andalus el momento de mayor seguridad militar de toda su historia.

En el año 977 fue a contener un ataque cristiano y conquistó los arrabales de al-Ḥamma (baños de Ledesma, provincia de Salamanca). La expedición no tuvo apenas importancia, pero el asunto hábilmente explotado le sirvió para aumentar su prestigio y ganarse las simpatías del ejército. Ibn Abī ‘Āmir, se hizo nombrar ṣāŷib al-madīna (gobernador de la capital cordobesa). El nuevo gobernador reestableció la seguridad en Córdoba, donde los atentados y los robos nocturnos eran frecuentes, imponiendo un orden estricto.

En el año 978 Ibn Abī ‘Āmir obtuvo del general Gālib la mano de su hija Asma’, de la que Almanzor nunca se separaría, ya que era mujer culta y particularmente inteligente. Contando con el apoyo incondicional del viejo general y suegro.

Ibn Abī ‘Āmir “gobernaba la corte mediante su mandato de policía, el ejército mediante su generalato, y el palacio gracias al favor de que gozaba en el harén”. Después se deshizo del jefe militar de su caballería mandándolo matar, acto seguido se proclamó ḥāŷib, chambelán.

Ibn Abī ‘Āmir era ya el verdadero señor de al-Andalus, sólo le quedaba acabar con el general Gālib para que su poder fuera absoluto.

En año 979, una conjura estuvo a punto de derribar al joven califa Hišām II, los conjurados querían sustituirlo por otro nieto de ‘Abd al-Raḥmān III, llamado ‘Abd al-Raḥmān b. ‘Ubayd Allāh. Ibn Abī ‘Āmir hizo condenar a muerte a todos los implicados en la rebelión, y en eso quiso congraciarse con los alfaquíes de Córdoba y trató de ganarse a la plebe urbana exteriorizando su piedad, llegando a copiar por su propia mano un ejemplar del Corán, con el propósito de llevarlo en sus expediciones.

Durante mucho tiempo el todopoderoso chambelán tuvo pruebas de que se continuaba murmurando acerca de los escándalos de la Corte, de la conducta irregular de la princesa Şubḥ —a la que suponían embarazada por él—. Hacía ya varios meses que Ibn Abī ‘Āmir había abandonado la mansión de al-Ruşāfa por otra almunia más amplia y lujosa, que se había hecho construir cerca de Madīnat al-Zahrā’ y a la que había denominado al-‘āmiriyya, derivada de su propio nombre. Pese a que por entonces Almanzor todavía ocultaba su juego y respetaba en apariencia la ficción de la autoridad absoluta del Califa, las relaciones con Şubḥ se fueron enfriando al ver ésta cómo mermaba paulatinamente el poder de su hijo.

En el 978 Almanzor para librarse de la princesa madre y del Califa edificó una nueva ciudad administrativa a la que, llamó al-Madīna al-Zāhira, la ciudad resplandeciente. La ciudad estaba emplazada al lado del río Guadalquivir, aguas arriba de la capital cordobesa hacia el este y en la misma orilla del río. En el interior de la ciudad erigió un fastuoso palacio, desde donde Almanzor regiría al-Andalus como soberano absoluto; levantó casas para sus hijos y para los principales dignatarios de su séquito, así como viviendas y locales para las oficinas de la cancillería y para el personal, además de cuarteles y caballerizas para la guardia y vastos almacenes para depositar armas y grano, se construyeron mercados y la gente vinieron a habitar en ella o en sus inmediaciones, de tal manera que los arrabales de la nueva ciudad no tardaron en enlazar con los de Córdoba.

A partir de ese momento Almanzor asumirá la dirección del Estado, dispondrá a su antojo del presupuesto, centralizará los ingresos, ordenará los gastos y organizará las aceifas, sin someterse ya a la aprobación puramente formal del Califa. Se puede decir que desde el año 981 al 1002 Almanzor se conducirá como el verdadero soberano de al-Andalus.

En el 981 fue cuando Ibn Abī ‘Āmir adoptó el sobrenombre honorífico de al-Manṣūr bi-llāh, “el vencedor por Dios”, y por el que en adelante sería conocido en las crónicas cristianas en la forma romanceada de Almanzor. Se impuso entonces en la Corte el tratamiento de “señor” (mawlà). A partir de esa fecha, Almanzor pudo dedicarse a hacer la guerra contra los cristianos del norte de la península, como jamás antes se había visto. Las más importantes de sus campañas fueron, además de la de Zamora en 981, Simancas en 983, Sepúlveda en 984, Barcelona en 985, Coimbra en 987, León en 988, Clunia en 994, Santiago en 997, Cervera en el año 1000, etc. Estas campañas dañaron fuertemente la labor repobladora de la llamada Extremadura duriense, llevada a cabo principalmente en el siglo IX, y pararon “toda reconquista”. El poder de Almanzor fue tan grande en la Península que llegó a convertirse en el magnate de ella, tanto que los reyes cristianos —Sancho II Garcés Abarca de Navarra y Bermudo II de León— le prestaron obediencia.

Los ataques de Almanzor no constituían represalias, sino ataques imprevisibles, llevados a cabo de forma continuada y con dureza inusitada, dejando una estela de destrucción, de muerte y de odio.

Almanzor resultó invencible en buena medida gracias a sus reformas militares, basadas esencialmente en la intensificación de la recluta de mercenarios, en especial beréberes. Con ello conseguía un doble objetivo: sus oponentes políticos fueron paulatinamente alejados de los puestos en el Ejército, dejándolos sin fuerza efectiva; por otro lado, no siendo los mercenarios fieles más que al señor que les pagaba, Almanzor pudo prescindir de las tropas andalusíes y tener a su disposición así un efectivo aparato de represión para el interior y un instrumento ofensivo de calidad para el exterior.

En el 989, Almanzor tuvo que hacer frente a una conspiración organizada, cuyos organizadores prometieron al propio hijo de Almanzor, ‘Abd Allāh, que una vez derribado su padre él ocuparía su puesto. Descubierta la conjuración, ‘Abd Allāh se refugió en Castilla con Garci Fernández, quien al verse amenazado se lo entregó a su padre, el cual no dudó en decapitarlo en el año 380/990 y enviar su cabeza al califa Hišām II con el parte de las victorias allende el Duero.

En el 1002 Almanzor llevó a cabo la última campaña contra los cristianos; la cual estuvo dirigida contra el territorio de la Rioja, dependiente del condado de Castilla. Todo lo que se sabe es que el ejército musulmán avanzó hasta Canales, localidad situada a unos cincuenta kilómetros al sudoeste de Nájera, y que, en dirección a Burgos, alcanzó el monasterio de San Millán de la Cogolla, que fue saqueado. Al regresar de esta expedición fue cuando Almanzor murió, después de una larga enfermedad (se ha dicho que quizá de una artritis gotosa) por esa época tenía más de sesenta años. Almanzor murió en la noche 10 de agosto de 1002. Se le hizo enterrar en el patio del alcázar de Medinaceli. Sobre la lápida marmórea de su tumba se grabaron los siguientes versos: “Sus trazas te hablan acerca de sus noticias como si tú con los ojos las vieses. ¡Por Dios! No hubo nadie que gobernara la Península como él en verdad, ni quien condujese los ejércitos igual a él”.

Tras él se puede decir que el califato se extinguió de manera lamentable y miserable, nada de grandes familias de dignatarios, de presupuestos excedentarios, de coexistencia social ni étnica. Los andalusíes no considerarán más que a un solo enemigo: los beréberes —extranjeros sin casi posibilidad de asimilarse—. Se olvidarán de los cristianos o los verán como aliados. Y dado que al fin de cuentas los andalusíes se las tuvieron que ver con una sociedad feudal fuertemente militarizada, las posibilidades de supervivencia de un al-Andalus poderoso fueron nulas.  

SUBH Y ALMANZOR AMOR E INTERÉS

Se sabe que Subh se hizo con gran parte del poder y que contribuyó con su sabiduría y buen gobierno a hacer resplandecer esta gloriosa época musulmana en la península Ibérica.

No se sabe la fecha con certeza del nacimiento de Subh, pero fue en los inicios de la década del 940 y tampoco su procedencia exacta, pero parece ser que fue una noble navarra, cuyo nombre cristiano respondía a Aurora.

En aquel periodo histórico, Al Andalus dominaba casi completamente la península, pero estaba en conflicto permanente con los incipientes reinos cristianos del norte, los reinos de León, Pamplona, Aragón y los condados catalanes.

En uno de esos conflictos, Subh fue hecha prisionera y trasladada como esclava a Córdoba. Tenía una gran formación intelectual y artística. Siendo muy inteligente y bella, cantaba con una voz dulce y recitaba poesías, todo ello llamó la atención de Alhakén II.

Subh era una esclava más dentro del harén. La misión era entretener a los hombres en el poder con sus cantos, danzas y conversaciones cultas.

El califato omeya tenía una organización familiar, donde convivían las esposas y las esclavas indistintamente. Todos los hijos tenían la misma legitimidad. La mayoría de los príncipes y posteriormente califas omeyas, fueron hijos de esclavas y estas tenían muchísimo poder en el palacio.   Participaban en las luchas familiares por la sucesión del soberano, porque en la política islámica, el cargo no correspondía directamente al primogénito. Por eso, se ponían en juego sus influencias y capacidad de influir en la candidatura de su hijo y en este proceso siempre destacó la esclava Subh.


Subh no sólo atrajo a Alhaken II, sino que le gustó tanto que la convirtió en su favorita, y posteriormente en preferida y primera dama del Califato de Córdoba, cuando en el año 962 le dio un hijo varón con el que asegurar la sucesión en el trono, su nombre fue Abd al-Rahman pero sólo vivió ocho años.

Fue en el año 961 cuando muere el califa Abderramán III, sube al poder Alhakén II con Subh como primera dama. Él ya entonces era mayor, pues tenía cuarenta y seis años mientras que ella escasamente veinte.

Posteriormente Subh tuvo un segundo hijo con Alhakén II en el año 965, que se llamó Hisham, que sería califa. Alhakén II dio a Subh el título de Gran Señora, “Sayyid al-Kubra”.

El califa Alhakén II padecía una grave enfermedad, por lo que no podía atender la febril actividad política andalusí, por lo que se apoya en dos grandes personajes, el primer visir Isfan al-Musafi y en Almanzor, personaje este que jugará un gran papel en la vida de Subh.

Almanzor tenía 29 años cuando Subh lo nombró su mayordomo. Era un hombre muy ambicioso, que pasó de ser escribiente en la mezquita, a estar al servicio del Cadí de Córdoba y posteriormente mayordomo de Subh. Después pasó directamente a la Administración de Al-Andalus, con el dominio del ejército y la policía.

La inteligencia y la belleza de Almanzor deslumbraron no sólo a Subh sino a todas las concubinas del harén. El propio Alhakén II decía “¿por qué hábiles maneras atrae este muchacho a todas mis mujeres y se hace dueño de su corazón? Aunque se vean rodeadas de todo el lujo del mundo, no aprecian más regalos que los que proceden de él, ni gustan otras cosas de las que él les trae”.

Almanzor y Subh fueron amantes durante muchos años. Ambos se sirvieron del otro porque, para Subh, Almanzor fue el intermediario que necesitaba para controlar los asuntos de Estado, que le estaban vedados por su condición de mujer.

Cuando muere Alhakén II en el año 976, fue nombrado nuevo califa el hijo de Subh, con el nombre de Hisham II, pero en el momento de su proclamación tan solo tenía once años.

Alhakén II lo había impuesto antes de su muerte, e hizo que le juraran fidelidad a Hisham II, lo que suponía una investidura por anticipado, pero teniendo sólo once años, no cumplía los requisitos para acceder al poder, pues si se seguía la ley islámica, ésta exigía que fuese un adulto para poder ser califa.

Cada facción de la Corte andalusí de Córdoba trataba de imponer a su candidato. El favorito era el hermano de Alhakén II, Al-Mughira, que era tío de Hisham II. Subh usó todo su poder y se gastó ingentes cantidades de dinero para atraer a las familias más notables del califato a su bando. Almanzor no dudó en asesinar a aquellos que no estaban a favor de Hisham. Tras una larga ceremonia, Hisham II se convirtió en el décimo señor de Al Andalus, Una crónica anónima árabe decía de Subh “tenía el control del reino por la minoría de edad de su hijo y los visires no decidían nada sin consultarla, ni hacían otra cosa que lo que les ordenaba”.

Subh y Almanzor aparte de la relación amorosa que mantenían, les unía también los intereses mutuos de que Hisham II siguiera siendo califa, y en ello, los dos pusieron todo su empeño.

Era la primera vez que en el Califato de Córdoba, una mujer tomaba las riendas del poder califal de Al Andalus, con el apoyo de Almanzor, hasta que Hisham II alcanzase la mayoría de edad. De esta forma Subh ejerció un poder real desde el año 976 al 996.
Pero Subh se sintió traicionada por Almanzor y le costó entenderlo pues ella le había dado todo lo que era, desde su amor hasta el poder, traicionando las leyes de sus antepasados contra el Islam así como la dignidad de los  Omeyas al quitar casi la totalidad de las funciones que tenía el Califa.

Subh se planteó hacer frente a Almanzor, para lo que contó con el apoyo del virrey de África, Ziri Ben Atuya, para esto, diseño un plan que pretendía sacar las riquezas del califato omeya del palacio, unos 80.000 dinares de oro, que era en aquellos tiempos una gran fortuna y que serían destinados a sublevar al pueblo cordobés contra Almanzor. Para poder sacar este tesoro, escondió las monedas en vasijas cubiertas con una gruesa capa de miel, mermeladas y otras salsas que ocultaran el contenido real.

Almanzor se enteró de dicha conspiración y requisó todas las monedas califales por medio del hijo de Almanzor, Abd al-Malik. Posteriormente intentó comprar apoyos de familias notables cordobesas´, pero fracasó. Desde entonces la figura de Subh desaparece de las crónicas árabes.

En el año 998, se le vio desfilar públicamente por las calles de Córdoba formando parte de un cortejo presidido por Almanzor, mostrándose ante el pueblo con el rostro descubierto. Las mujeres de los califas no solían mostrarse descubiertas en los actos públicos. Aquí aparece Subh como una mujer despojada y postergada, simbolizando el poder relegado de una mujer por parte de aquel que la utilizó para adquirirlo.


No se sabe con certeza la fecha de su muerte, pero posiblemente fue en el 999. Las crónicas árabes hablan de como Almanzor caminaba descalzo junto al féretro de Subh y depositó la astronómica cifra de quinientos mil dinares.

Almanzor nunca hubiera sido nada sin la figura de Subh.

Referencias:

Historia de Andalucía Jun Antonio Lacomba

Real Academia de la Historia

4 comentarios en “ALMANZOR: ANDALUZ, TIRANO Y ENAMORADO DE SUBH

  1. José Carlos

    Muchísimas gracias por este artículo sobre Almanzor. Da gusto leer sus entradas, sobre todo después de haber leído cierta novela de cierto autor sobre cierto personaje histórico español: decepción absoluta. Usted le supera en rigor histórico, redacción y, si me lo permite, amenidad.

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  2. Abderrahim

    Un artículo de lo mejor que he leído jamás sobre Al-Andalus, gracias por su esfuerzo, tratando de dar una vista global de la época, la infraestructura social,comercial e industrial, llegando a los detalles de la vida de Al Mansur, sólo le corrijo una cosa que su nombre es Mohamed Ibn Abi Ameer y no Mohamed Abi Ameer ( hay que poner IBN -HIJO) .un saludo y gracias por el pedazo de articulo.

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