LA LLEGADA DEL HOMBRE A AMÉRICA ANTES DE COLÓN

Los humanos llegaron a América viajando. Esto no debería extrañarnos. También llegaron a Europa así, ya que nuestros antepasados Sapiens proceden de África y unos cientos de miles de años antes, comenzaron su recorrido por el mundo. Sin embargo, en América no se ha encontrado los restos de ningún homínido anterior al Sapiens.

El interés por el origen de los nativos americanos ha suscitado una gran preocupación y un ingente esfuerzo intelectual por parte de los investigadores y curiosos que se han acercado a este tema desde los primeros momentos del contacto con Cristóbal Colón. En ese momento, la Iglesia Católica era la que se encargaba de dar explicaciones sobre el origen de la Tierra y de la humanidad mediante sus explicaciones bíblicas.

A través del tiempo, lejos de explicaciones religiosas y con el avance de la ciencia y de otros descubrimientos, se enfoca el origen del poblamiento de América desde otra perspectiva.

EL HOMBRE ENTRA EN AMÉRICA

Durante el último máximo glacial, hace unos 18.000 años, enormes capas de hielo cubrían casi todo el territorio del actual Canadá y se extendían hasta el sur de le región de los Grandes Lagos, en el este de Estados Unidos. La cantidad de agua de los océanos que se heló para formar glaciares en todo el mundo fue tal que el nivel del mar descendió, por lo que quedó al descubierto una plataforma continental que incluía una extensa masa de tierra firme no cubierta de glaciares que recibe el nombre de Beringia, que conectaba el noreste de Asia y la actual Alaska. Beringia era una masa terrestre llana y cubierta de vegetación, capaz de albergar no sólo a los animales gigantescos de finales del Pleistoceno, sino también a los predadores humanos que llegaban a la zona desde el oeste.

A medida que los glaciares se fundían, el nivel del mar comenzó a elevarse. Hace 12.000 años, el casquete glacial de Laurentide se había retirado hacia el este y el casquete glacial de la cordillera hacia el oeste, y como consecuencia de tales movimiento se abrió entre estas capas glaciares un corredor, al que se le denomina “corredor libre de hielos”, que se extendía hacia el sur desde el actual territorio del Yukon hasta Montana, atravesando Canadá. Muchos prehistoriadores creen que fue este el camino que los primeros cazadores de grandes animales siguieron hasta llegar a las grandes llanuras de América del Norte. Otros piensan que entraron desde Alaska y se extendieron hacia el sur siguiendo la costa noroccidental     

Los primeros humanos que alcanzaron Norteamérica lo hicieron entre hace 70.000 y 12.000 años. Los geólogos sostienen que entre el 70.000 y el 60.000 a.C. pudo formarse un puente de tierra libre de hielos entre Siberia y Alaska, y que entre el 60000 y el 30000 a.C. hubo oportunidades más limitadas para este acceso. Este puente de tierra estuvo habilitado en algunos momentos entre el 30.000 y el 9.000 a.C., para inundarse de manera definitiva hasta el día de hoy como consecuencia del paulatino calentamiento del clima en la tierra.

Los cazadores recolectores probablemente caminaron sobre seco desde Siberia hasta Alaska. Moviéndose hacia el sur a través de una de las dos rutas libres de hielo, se fueron dispersando por la pradera y avanzando hacia el sur hasta llegar a la Patagonia.

Los antropólogos creen que estos llamados paleo-indios tenían peno negro y liso, piel cobriza, ojos oscuros, pómulos amplios e incisivos en forma de pala. Tales caracteres mongoloides aparecen en los indios americanos vivos hoy día.

El momento exacto en que sus ancestros llegaron es discutible. Se ha argumentado que la primera evidencia firme data de hace sólo 12.000 años. A esa época pertenecen cabezas de lanza características con bases delicadamente acanaladas que aparecieron en lugares tan distantes como Alaska y Méjico.

Las llamadas puntas de Clovis pueden representar una población aumentada explosivamente y extendida al alcanzar los paleo-indios las tierras ricas en casa que estaban al sur de las capas de hielo del norte.

En conclusión: Los paleoantropólogos  todavía discuten sobre el momento en que el hombre puso pie por primera vez en América, y si los inmigrantes  llegaron en oleadas sucesivas. Un hecho es indudable: hace unos 11.000 años esto dos últimos continentes habitables fueron poblados de punta a punta.

La arqueología ha permitido hallar que la tesis más aceptada es la que indica que el poblamiento de América se llevó a cabo desde Asia. Según la datación propuesta por Cing-Mars se reconoce que los primeros pobladores eran Homo sapiens. Se caracterizaban por ser cazadores recolectores nómadas que viajaban de un lugar a otro en busca de alimento. Poseían una industria de piedras  lasqueadas.

En América el hombre fue evolucionado y especializándose a los diferentes ambientes naturales propios del continente como eran las llanuras boscosas, tropicales, riberas fluviales y marítimas, etc. Al final del Pleistoceno predominaban en el istmo de Panamá condiciones climáticas favorables para el paso del hombre por tierra a América del Sur. Aquí se estaba dando un patrón cultural parecido al de Norteamérica, con una subsistencia orientada hacia la caza de magafauna de especies propias del subcontinente como: mastodontes, milodontes, perezosos de tierra, caballo antiguo, etc.

Para el 7000 a.C. en todo el continente americano se estaba dando un fenómeno cultural, se trata de agricultores arcaicos, que probablemente culminó con la producción de alimentos y la domesticación de animales, así como, el de sedentarismo y todos los cambios a nivel económico, político y social que ello implicaba.

LOS VIKINGOS LLEGARON A AMÉRICA CINCO SIGLOS ANTES DE CRISTÓBAL COLÓN

Las hipótesis que plantean los textos de las sagas sólo pueden tomarse como históricos si son confirmadas por un descubrimiento arqueológico. Tal fue la obra de dos noruegos: Helge Ingstad, periodista y su esposa, la arqueóloga Anne Stine.

Tomando como guía las sagas y un mapa islandés, trazado en 1570 por tal Sigurd Stefansson, efectuaron cuatro expediciones de exploración por la costa norteamericana entre el norte del Labrador y Nueva Inglaterra. Tres comparar los relatos de las sagas con los lugares que habían visitado, en 1960 llegaron a la conclusión de que el emplazamiento más probable de Vindland, correspondía al extremo norte de la isla de Terranova.

Así nos habla la saga de Erik el Rojo de Vinlandia:

«Los salmones no faltaban ni en el río ni en el lago; eran los salmones más grandes que habían visto nunca. El país se les antojó tan agradable que no juzgaron necesario almacenar forraje para que el ganado pudiera afrontar el invierno. Y acertaron, pues nunca heló durante el invierno, y la hierba apenas se marchitó. En aquel país la duración del día y de la noche variaba menos que en Islandia y en Groenlandia; allí la noche no era nunca tres veces más larga que el día…»

Los cálculos efectuados por unos investigadores sitúan a Vinlandia sobre los 50° de latitud norte (golfo de San Lorenzo), y los de otros hacia los  37° (bahía de Chesapeake).

En el curso de una visita a las colonias de pescadores de Terranova, Helge Ingstad se enteró de la existencia de unas ruinas en Anse-aux-Meadows, pueblecito del cabo Bauld, al norte de la isla. Comenzaron las excavaciones que permitieron descubrir, entre 1961 y 1963, los cimientos de ocho edificaciones. Su disposición no coincidía en absoluto con la habitual en las casas indias o esquimales. El edificio más importante constaba de cinco o seis habitaciones, entre ellas una gran sala muy semejante a las de las casas de la época vikinga que se ven en el norte de Europa.

Se llevaron a cabo dos tests mediante el carbono 14 sobre los materiales encontrados en una forja primitiva. El primero indicó el año 860 d. C. y el segundo dio el año 1.000 d.C. Esos resultados permitieron excluir una implantación india o esquimal, ya que en aquellas épocas ninguno de esos pueblos sabía trabajar el hierro.

Además, los arqueólogos descubrieron resto de hierro, un pequeño fragmento de cobre, numerosos clavos, algunos utensilios de piedra y una lámpara de piedra semejante a las que se empleaba en Islandia a comienzos de la Edad Media. El descubrimiento más importante fue una fíbula de bronce característica de la época vikinga.

Algunas concordancias entre el relato de las sagas y las comprobaciones efectuadas en el lugar por Helge Ingstad nos permiten pensar que Vinland se encontraba en el extremo norte de Terranova.

Sin embargo queda una pregunta que sigue sin respuesta:

¿Por qué los vikingos no consiguieron asentarse allí de manera estable, pese a que las condiciones de vida eran más fáciles que en Islandia y sobre todo, que en Groenlandia?

Probablemente, las causas de que la colonización de Vinland fracasase son múltiples. Aun así, la principal parece residir en la insuficiencia de los medios humanos aplicados a la empresa. Los islandeses, cuyos recurso humanos sin duda hubieran permitido emprender la colonización a una escala muy superior, parece que mostraron muy poco interés por la nueva aventura. En cuanto a los habitantes de Groenlandia, a cuyos ojos Vinland aparecía como una “tierra prometida”, nunca fueron lo bastante numerosos como para colonizarla y hacer frente a la hostilidad de los indígenas.

Con toda probabilidad, los groenlandeses desembarcaron en la costa norteamericana en otras ocasiones con objeto de procurarse la madera que les faltaba y que tanto necesitaban para reparar sus naves y construir sus moradas. Durante las excavaciones llevadas a cabo en Herjolfs-ness, los arqueólogos constataron que se había utilizado madera de arce para construir la iglesia y fabricar ataúdes, cuando este tipo de madera era desconocido en la Europa de la época. Por lo tanto, los vikingos sólo pudieron conseguirla en el continente americano.

Lo que está claro es que los vikingos visitaron América, pero no se asentaron en ella.         

NAVEGANTES DE POLINESIA LLEGARON A AMÉRICA

Un siglo antes de que Cristóbal Colón descubriera América tras cruzar el Atlántico, navegantes de Polinesia habían alcanzado ya la costa occidental del continente tras cruzar el Pacífico. Así lo demuestra un hueso de pollo hallado en un yacimiento de Chile: la técnica de datación por radiocarbono fecha el ave entre los años 1321 y 1407, mientras que análisis genéticos demuestran que su ADN es similar al de pollos originarios de Polinesia y distinto al de los pollos europeos.
Los polinesios eran navegantes consumados que exploraron todo el Pacífico desde Tonga y Samoa hasta Hawai, la Isla de Pascua y Nueva Zelanda. Parece inevitable que en su expansión hacia el este acabaran alcanzando la costa de América“, ha declarado Alice Storey, primera autora de la investigación.

Su investigación explica por qué, cuando Manuel Pizarro llegó a Perú en 1532, se encontró con que el pollo ya formaba parte de la cultura y las ceremonias religiosas de los incas. Dado que los pollos no son originarios de América, tenían que haber llegado procedentes de Europa o Asia. Pero los cuarenta años transcurridos desde la llegada de Colón a las Bahamas no parecían tiempo suficiente para que el ave hubiera ocupado un lugar tan importante entre los incas.

Otros datos que sugieren que pudo haber contactos entre culturas polinesias y precolombinas son la presencia de boniatos y porongos – dos cultivos de origen americano- en islas del Pacífico antes del año 1200, así como las canoas y los anzuelos fabricados por pueblos del sur de California con técnicas similares a las de los navegantes polinesios, o las palabras habladas en las regiones mapuches de Chile que parecen proceder de lenguas de las islas del Pacífico.

Un amplio grupo de investigadores ha rebuscado en los genes de 807 personas de 17 islas polinesias y 15 poblaciones nativas de la costa pacífica americana. Con sus genomas, en particular sus diferencias, han podido establecer relaciones de parentesco ancestral. Su trabajo, publicado en la revista Nature, muestra que algunos polinesios de cinco islas tienen hasta un 10% de material genético americano. Estiman además que el préstamo genético debió producirse en torno al 1200 de esta era.

Creemos que se trató de un evento único entre pobladores cercanamente relacionados con los pueblos originarios de Colombia o Ecuador y los navegantes polinesios antes de que poblaran la Isla de Pascua”, dice el experto en genómica de las poblaciones humanas del Centro de Investigación y Estudios Avanzados (Cinvestav, México) y autor sénior del estudio Antonio Moreno Estrada. La referencia a la Isla de Pascua o Rapa Nui aquí es relevante. Dado que es la isla más al este y cercana a América, los defensores del contacto sostenían que el primero debió producirse aquí o con sus navegantes.

 “No podemos descartar que hayan sido los navegantes polinesios quienes alcanzaron las costas de América y emprendieron el regreso a la Polinesia o bien un grupo de indígenas americanos quienes hicieron el viaje hasta las islas polinesias. Lo que sabemos es que el contacto ocurrió entre ambas culturas más de cinco siglos antes de la llegada de los europeos”, destaca Moreno Estrada.

ABUBAKARI II. LA LEYENDA EL EMPERADOR QUE LLEGÓ A AMÉRICA

A finales de la primera década del siglo XIV el Mansa del Imperio de Mali Mandé Bukari II, a quien los árabes llamaron Abubakari II, que por entonces controlaba un vasto territorio del occidente africano, organizó y encabezó una flota de más de dos mil embarcaciones que, partiendo de las costas senegambianas, se aventuró a navegar las aguas del Océano Atlántico. Esta expedición transatlántica nunca regresó a tierras africanas, según narra el erudito egipcio Al-Umari en su obra Masalik al Absar fi mamalik al Amsar de 1342.

En 1976 el historiador, antropólogo y lingüista de origen guyanés, Ivan Van Sertima publicó una polémica obra titulada They Came Before Columbus: the African Presence in Ancient America, en la que defendía el origen africano de ciertas culturas mesoamericanas, a la vez que narraba la expedición marítima del Mansa de Mali. Trabajos más recientes, como los realizados por el lingüista y sociólogo senegalés Pathé Diagne así como los del malí Gaoussou Diawara, se han sumado a estas teorías sobre el contacto entre africanos y americanos precolombinos.

Ni el emperador ni las naves volvieron nunca a Malí. Los historiadores y los científicos modernos son escépticos sobre el viaje, pero el relato de estos sucesos se conserva en expedientes escritos del norte de África y en las leyendas orales de los djelis de Malí. ​​

REFERENCIAS:

Xavier Puigserver Blasco Eric Garcia Moral Universitat de Barcelona. Abubakari II.

Navegantes de Polinesia llegaron a América un siglo antes que Colón Josep Corbella

Miguel Ángel Criado y Giorgina Zerega Polinesios en América

El hombre moderno en el nuevo mundo George C. Frison

Origen y antigüedad del poblamiento de América. Cuadernos de Antropología  nº 10 Dalia Castillo Campos

Los vikingos Pierre Barthélemy

Guía de Cambridge del hombre prehistórico David Lambert

Los primeros humanos en América. Andrés A. Fernández Gómez

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