LAS MUJERES VIKINGAS MÁS ALLÁ DEL MITO

La literatura y la industria cinematográfica han mitificado a la mujer vikinga, hablándonos de unas mujeres guerreras y totalmente autónomas. Veamos cuánto de realidad hay en estas leyendas.

Todas las sociedades en las que los hombres tenían como cometido los viajes conquistadores, dieron lugar a mujeres fuertes, decididas y resolutivas. La sociedad vikinga consideraba a la mujer como una pieza primordial de la comunidad.  

Las mujeres de los vikingos no llevaban una existencia muy descansada. Mientras se quedaban en casa, vivían sin noticias, inquietas, esperando el incierto regreso de los maridos, los hijos o los padres a los que habían visto embarcar en primavera.

Al contrario que en muchas sociedades de la época, las mujeres no eran vistas como simples paridoras cuyo único cometido era el de ser perpetuadoras de la especie, si no que éstas estaban enormemente respetadas por sus semejantes masculinos en parte, precisamente, porque eran las madres de los futuros vikingos y vikingas.

¿CUÁLES ERAN LAS TAREAS HABITUALES DE LAS MUJERES VIKINGAS?

Dentro de la casa la mujer vikinga era la máxima autoridad. Controlaba y organizaba las propiedades sin necesidad de aprobación de su marido. Realmente sobre ella caía la enorme responsabilidad de gestionar el alimento que haría que en invierno su familia no se muriese de hambre. Las mujeres eran las que cocinaban para la comunidad. Las mujeres, al igual que los hombres, también participaban de llevar los alimentos a las aldeas, cultivando, practicando algún tipo de pesca menor en ríos o en la costa y recolectando frutos secos y hierbas ya que, según parece, la medicina – si podemos llamarla así – era cosa de las mujeres también. Cuando terminaban sus tareas diarias tejían y bordaban en el telar ya que eran ellas las que se encargan de la fabricación de casi toda la ropa de la familia y de la casa; desde los pantalones hasta los tapices que colgarían de las paredes. Las mujeres más modestas realizarían estas tareas en pequeños grupos comunitarios y, si tenían, ayudadas por esclavas. Aquellas más pudientes, como las mujeres de grandes jarls o reyes no habrían desempeñado estos papeles más que de forma simbólica, esto es, simplemente supervisando, recayendo la tarea física en sus mujeres de compañía y esclavas.

La mujer vikinga era el alma de la sociedad, ella era la autoridad moral de la familia. La mujer vikinga era la guardiana de las tradiciones familiares y sociales, la que de forma oral inculcaba a sus hijos los valores sociales y morales, la que les enseñaba religión y la que les transmitía las leyendas y la historia de los vikingos y sus antepasados. Era la guardiana del legado vikingo, la que educaba a los futuros vikingos y vikingas. A los chicos las madres les inculcaban los importantísimos conceptos de honor y valor, especialmente durante los primeros años de vida y las niñas aprendían absolutamente todo de sus madres. Y no sólo se encargaban de los propios hijos, sino que criaban y educaban a aquellos huérfanos o a aquellos que estaban en régimen de intercambio o acogida procedentes de otras familias, algo muy común entre los clanes vikingos.

También eran las que llevaban a cabo la magia seiðr, un tipo de magia que los dioses aesir aprendieron de la diosa vanir Freyja y que habría quedado exclusivamente para el género femenino. Además, la mujer también defendía activamente el honor de su clan, ya que si bien no podía emprender o exigir acciones judiciales en el Thing o asamblea de gobierno, sí podía instar a su marido, padre o familiares masculinos a hacerlo.

En el otoño, cuando los hombres volvían de las expediciones, sus filas presentaban a menudo varias ausencias, y muchas de las mujeres se encontraban viudas.

LAS MUJERES VIKINGAS EN LAS EXPEDICIONES

Los conflictos donde intervienen las armas, las campañas militares, las guerras…eran espacios tradicionalmente calificados de puramente masculinas, pero ¿las mujeres participaron en ellas o fueron excluidas. Aunque algunas mujeres eran guerreras, no era ésta una práctica tan extendida como se cree hoy en día.

Al adoptarse la costumbre de no regresar todos los otoños a Escandinavia, a veces las mujeres tuvieron que compartir la vida aventurera de sus turbulentos maridos y tomar parte en las expediciones. Los cronistas de los países atacados por los vikingos mencionan en diversas ocasiones la presencia de familias escandinavas.

Algunas mujeres acompañaron a sus hombres en las incursiones o en las batallas, como meras acompañantes, para atender heridos, preparar comidas, resguardar los campamentos y demás tareas domésticas y, a veces también, para luchar. Algunas famosas fueron Lagertha o Freydís Eiríksdóttir, hija de Erik el Rojo. Sin embargo, a día de hoy las únicas referencias que tenemos de ellas son en escritos como las Sagas o el Gesta Danorum de Saxo Gramático.

En el tapiz de Osenberg aparece representada una procesión donde desfilan caballos, hombres y mujeres. Muchas de las figuras, de ambos sexos, llevan lanzas, algunos de los hombres también llevan espadas y escudos. Esta evidencia arqueológica, nos hace pensar que las mujeres también usaban armas, pues eran enterradas con ellas y representadas con las mismas como se puede ver en el caso del tapiz de Osebergs.

Es cierto que en las sagas son los hombres lo que aparecen vinculados a las armas, aunque también hay casos de mujeres que recurren a ellas.

En su relato del sitio de París, en 885, el monje Abbón alude por tres veces a la presencia de  mujeres danesas. Una de ellas, en lugar de compadecerse de su marido, que vuelve a su campamento después de ser herido en el combate, lo recibe con reproches: «¿De dónde vienes?¿Huyes de un horno? Lo sé, hijos del diablo, al cual ninguna victoria vuestra podrá vencer. ¿Acaso no te he ofrendado pan, carne de jabalí o vino? Y si es así, ¿por qué vuelves tan fácilmente vencido a casa? ¿Acaso no te alegras de que este camino sea dispuesto para ti?»

La convivencia con los vikingos no resultaba siempre fácil, pero eso no impedía a sus esposas quererles tal como eran. En las sagas se encuentran pruebas conmovedoras de amor conyugar.

Una saga nos informa de que, después de la muerte de Kjartan Olafsso, Ramma, su esposa, sintió una pena profunda, pero ocultaba su tristeza y se mostraba amable con todos aquellos con los que hablaba. Permaneció viuda y murió poco después de la desaparición de su amado.

Algunas mujeres vikingas no vacilaban en dar la mayor prueba de amor a sus maridos, acompañándoles en la muerte. El viajero árabe Al Massudi escribe: «Cuando un hombre muere, se quema a su mujer con él; pero cuando muere la mujer, su marido no comparte su suerte» Y añade que, cuando el hombre es soltero, a veces se celebran sus bodas después de la muerte para permitir a la mujer que lo ama que lo siga al paraíso.

Una de las satisfacciones de los vikingos consistía en cubrir de joyas a sus mujeres, y los descubrimientos hechos por los arqueólogos en las sepulturas escandinavas están ahí para probarlo. Ibn Fadlan señala que las mujeres llevaban al cuello cadenas de plata o de oro, en un número proporcional a la riqueza del esposo. En cuanto a Al Tartuschi, advirtió durante su estancia en Hedeby que las mujeres escandinavas se maquillaban los ojos, y que eso las hacía todavía más bellas.

LAS MUJERES VIKINGAS EN LA SOCIEDAD

La mujer vikinga era la que daba la condición social de los hijos, esto es, de madre esclava, hijos esclavos, y de madre libre, hijos libres, no siendo determinante la condición social del padre más que en algunos casos puntuales. Además, la categoría social y el estatus de un hombre podían basarse en la categoría de la futura esposa y por ello conseguir riquezas, a base de comercio o de expedición, para concertar un buen matrimonio era tan importante. Los matrimonios sólo se producían entre familias o clanes de similar condición económica, si uno quería casarse con la hija de un jarl o un rey, debía aportar una suma de dinero al contrato matrimonial equivalente a la que aportaría la esposa.

LA SEXUALIDAD DE LAS MUJERES VIKINGAS

El cuerpo de las mujeres no era un bien masculino y, de hecho, la violación de una mujer libre era uno de los pocos motivos en los que los vikingos y su asamblea de gobierno contemplaban la pena de muerte. Más allá aún, las crónicas árabes andalusíes que hacen referencia a los vikingos nos hablan de una moral sexual mucho más laxa de la que podríamos pensar, aunque influidos por la moralidad cristiana, pero no sólo para los hombres, de los que sabemos que tenían concubinas e, incluso, más de una esposa en ocasiones, sino también para las mujeres quienes, como sabemos, podían pedir el divorcio no sólo si el marido era impotente y – por ende – no podía darles hijos (algo sumamente importante para la sociedad escandinava) sino también si el marido no las satisfacía sexualmente.

EL MATRIMONIO VIKINGO Y EL DIVORCIO

Lo que conocemos del matrimonio es a través de las sagas. Cuando alguien tomaba la decisión de casarse, normalmente esto se hacía teniendo en cuenta ciertas consideraciones estratégicas. Por ejemplo, quién era o no un buen partido según estatus y el honor de la familia a la que pertenecía. También podrían entrar en juego razones económicas o de creación de alianzas; es decir, de poder.

«Este Egil tiene una hija que se llama Thogeral, y ella es la mujer que tengo en mente cortejar de tu parte, pues ella es el mejor partido de todo Borgarfjord, e incluso más allá. Es más, debemos tener en cuenta que una alianza de la Mere-me significaría más poder para ti» (Ibid, capítulo 22)

La poligamia estaba aceptada en algunos casos; sin embargo, generalmente esta poligamia la practicaban los hombres con concubinas esclavas que apenas tenían derechos.

Emparentado con el matrimonio, en esta sociedad existía el divorcio y los matrimonios podían disolverse si no eran satisfactorios por cualquiera de las dos partes implicadas. El único requisito para poder divorciarse era solicitarlo en presencia de algunos testigos, esto es, las mujeres podían exigir la separación del marido y, más aún, generalmente eran ellas quienes lo hacían ya que, divorciarse llegaba a salirle muy caro a algunos hombres. Considerar un matrimonio insatisfactorio podía pasar por muchos motivos, siendo los más comunes según sabemos la infertilidad, la impotencia, los malos tratos o mala gestión económica de la granja, de hecho, los malos tratos suponían un motivo de divorcio ipso facto. Una vez casada, la mujer seguía perteneciendo a su clan de origen por lo que, si se solicitaba el divorcio, la mujer vikinga estaba en su derecho de solicitar de vuelta todo el monto que había aportado al matrimonio. Cuando se acordaba una boda en la sociedad vikinga, cada parte aportaba una suma al matrimonio: los vikingos el “mund” (o el precio de le novia) y las vikingas el “heimangerð” (o la dote). Al divorciarse, las vikingas tenían el derecho de recuperaban su dote y, además, si la culpa del divorcio era considerada del marido, éstas podían exigir su parte también. Así, una vikinga divorciada tenía suficiente independencia económica como para sobrevivir y volverse a casar si así lo deseaba, aunque sabemos que las segundas nupcias no fueron muy habituales. Las Sagas nos cuentan que el divorcio llegaba a suponer la ruina de algunos hombres y que éstos habrían hecho todo lo posible no separarse de sus mujeres.

ABUELAS DE CARÁCTER

Las expediciones vikingas contribuyeron a forjar el carácter de las mujeres escandinavas. La autoridad de que disfrutaban no parece haber tenido igual, en aquella época, en los demás países del mundo occidental.

Gracias a las sagas conocemos a una de ellas, Aud de los Ojos Profundos, hija de Ketil Flatnev, jarl de las Hébridas, y esposa de Olav el Blanco. Al quedarse viuda, y siendo ya vieja, vivía con los suyos en el norte de Escocia. A la edad en que la mayoría de las mujeres aspira al descanso, decidió construir un navío. Cuando estuvo dispuesto, embarcó en dirección a las islas Orcadas, llevando consigo a todos sus parientes y una gran cantidad de dinero. Durante su estancia en las Orcadas, casó a Gro, una de sus nietas, de las que desciende los jarls de las Orcadas.

Volviendo al mar, puso rumbo a las islas Feroe, donde casó a otras de sus nietas. En 950, decidió dirigirse a Islandia y asentarse allí. Además se su familia, se llevó a bordo de su barco a veinte libertos y a los esclavos de su propiedad. Después de una travesía sin incidentes, el navío penetró en el fiordo de Hvamm, situado en la costa oeste. Entonces, arrojó los montantes de su “alto sitial” (asiento de honor reservado al personaje más importante de la casa. Los vikingos atribuían a sus montantes, decorados con representaciones divinas, un poder sobrenatural. Los llevaban consigo siempre que iban a establecerse en una nueva tierra y los utilizaban como oráculos. Cuando avistaban la orilla, los lanzaban al mar y levantaban sus casas en el punto en que arribaban a tierra) al mar, con la idea de establecerse en el lugar donde tocaran tierra. Una vez determinado el lugar, Aud tomó posesión de las tierras que le apetecieron, y las distribuyó entre los suyos.

Pasaron los años, llegó el momento en que Aud tuvo el presentimiento de que su muerte se acercaba. No le gustaba que la interrogasen acerca de su salud, pero se sentía tan cansada que se acostaba temprano por las noches y no reaparecía hasta el mediodía de la jornada siguiente. Mientras tanto, nadie tenía derecho a molestarla.

Sin embargo, le quedaba la energía suficiente para que, el día de la boda de Olav, el más joven de sus nietos, fuese a acoger a los miembros de su familia con alegría y dignidad. Tomando la palabra durante el banquete, dijo: «Este palacio que veis se lo ofrezco en plena propiedad a Olav, con todo lo que contiene. Y vosotros, mis invitados, os pido que os divirtáis y que hagáis el honor a nuestra cerveza casera». A continuación, la gran dama se levantó de la mesa, cruzó la sala del banquete y se fue a descansar. Los que la vieron salir se dijeron entre ellos: «¡Qué porte conserva!»

Al día siguiente, hacia las doce, se inquietaron al no verla reaparecer. Olav Feilan, su nieto, entró en su habitación. Aud de los Ojos Profundos estaba allí, echada en la cama e inmóvil. La vida la había abandonado. La fiesta continuó, y la familia celebró a la vez la boda de Olav y los funerales de Aud. Se levantó un túmulo a orillas del mar, donde la tierra queda al descubierto con la marea baja. Aud, que era una cristiana devota, había dicho a los suyos que quería ser enterrada en tierra islandesa, todavía pagana en aquella época. Trasladaron su cuerpo hasta el túmulo, que recubrieron de tierra, después de disponer a su alrededor toda clase de riquezas.    

La mujer en el arte

Por último, es interesante mencionar que también había mujeres artistas, al menos en el ámbito de la poesía. Aunque la autoría de las sagas en muchos casos es desconocida y, cuando no lo es, lo habitual es que su autor sea un hombre, conocemos el nombre de algunas poetas femeninas, como  Gunnhildr, Hildr Hrólfsdóttir, Jórunn y Steinunn.  Para algunos investigadores, las mujeres habrían sido las iniciadoras de la poesía escandinava derivado de la tradición oral que mantenían viva.

Si os apetece viajar a los países nórdicos (lugar de origen de los vikingos) y contemplar todo lo que os he contado, podéis encontrar información en “mochileros

Referencias:

–Los vikingos Pierre Barthélemy

–Sociedad vikinga The valkyre´s Vigil

–Era vikinga Marta Busquets

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